domingo, 31 de mayo de 2009

Chile, desmitificando el golpe de Pinochet



Chile, desmitificando el golpe de Pinochet


Pinochet se preció de manejar Chile con un absoluto control de su vida institucional y civil. Se le podía comparar con una Parca, divinidad romana del destino (o moira griega) que determinaba el tiempo de vida asignado a cada mortal. Como ese personaje mitológico, Pinochet manipulaba los hilos del poder así como los de la vida y de la muerte de cada chileno. Él y su ominosa Junta Militar poseían todas las prerrogativas políticas imaginables tras propiciar un innecesario golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973.
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Por César Reyna


Sin fundamento histórico se ha dicho mucho acerca de la necesidad del golpe llevado a cabo por Pinochet, quien, dicho sea de paso, fue un oportunista que se sumó a último momento a la extensa lista de conspiradores. Existe suficiente evidencia documentaria para desmentir con soltura y naturalidad a cualquiera de las “justificaciones” ofrecidas por la dictadura chilena y sus más acérrimos defensores. Para refutar cada uno de sus argumentos sólo basta remitirse al hecho concreto y a fuentes confiables. Así derribaremos todas las falacias e inexactitudes en las que se apoyó uno de los regímenes más brutales de la historia latinoamericana reciente.
El primer cuestionamiento que haremos está vinculado a la exigencia de realizar un golpe, es decir, a la necesidad de ejecutar un mal, aparentemente menor, para evitar otro mayor, o la aplicación de un principio relativista muy conocido y erróneamente adjudicado a Maquiavelo, pero que se desprende de un pequeño párrafo de su obra “El Príncipe”.[1] Al aforismo al que nos referimos no es otro que “el fin justifica los medios” pues la Junta de Gobierno chilena se valió de él para emprender una operación que socavó las libertades civiles, políticas y el Estado de derecho. ¿Pero era así de grave la situación chilena como para tolerar la ruptura del orden constitucional? ¿Fueron válidas en su oportunidad las explicaciones dadas por la dictadura chilena a la hora de convertir a Chile en un paria internacional? La respuesta a estas interrogantes es “NO”. Así de tajante es nuestra respuesta pues las justificaciones ofrecidas por Pinochet, en su primera conferencia ante la prensa internacional, carecen de sustento.

En aquella oportunidad, el dictador dijo ante diversos medios que Chile corría el riesgo de convertirse en otra Cuba y que el comunismo soviético se irradiaría desde su país hacia el resto del subcontinente americano. Esa “argumentación” debe desbaratarse de plano pues Allende llegó al poder a través de la urnas, es decir, por medio de elecciones libres y democráticas, y no de una revolución o lucha armada como Lenin, Mao o el propio Fidel Castro, con quien Pinochet pretendió compararlo. Esta primera diferencia es esclarecedora –y necesaria– porque Allende no sólo fue elegido democráticamente, sino que se comportó como un cabal demócrata durante todo su mandato. Lejos estuvo de implementar una represión brutal como la que se atribuye a la dictadura pinochetista.

Si bien en aquella época la situación chilena era caótica por el boicot de la derecha y la CIA, existían salidas constitucionales a la crispación política y a la crisis económica existente ya que Allende consideró dar un paso atrás, esto es, convocar un plebiscito (nuevas elecciones) pues no quería una guerra fraticida entre chilenos. Pinochet, como comandante de las Fuerzas Armadas, estaba enterado de los planes del presidente de la Unidad Popular, coalición de izquierdas y socialistas en el gobierno, para dimitir y acortar rápidamente su mandato. La traición de Pinochet, subordinado de Allende, quien precisamente lo ascendió a la comandancia general, se produjo cuando le aconsejó al dignatario que postergara su trascendental anuncio a la nación por unos días, cosa que hizo el mandatario mapochino, confiando en la lealtad del que fuera ex general de la guarnición de Santiago, encargada nada más y nada menos que de la custodia del Palacio de la Moneda, que fue bombardeado miserablemente por la FACH (Fuerza Aérea Chilena). Al tener la confianza de Allende, Pinochet y otros mandos de la Marina y de la Aviación prepararon el golpe, auspiciado por la CIA, para el día 11 de setiembre de 1973, fecha fatídica no sólo para Chile, sino para todo el mundo libre luego de los funestos atentados contra las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York.
En el supuesto negado de que Allende no hubiera dispuesto su salida, existía la posibilidad de que en el siguiente proceso electoral se eligiera a un opositor afín a las reformas que pretendía la derecha. Entonces, existían caminos para encontrar una solución constitucional para resolver la grave crisis chilena.
De otro lado, el régimen socialista, lejos de ser un gobierno represivo, llevó a cabo importantes reformas como la nacionalización del cobre (de la minera Codelco), gracias a la cual se financia una parte importante del Tesoro chileno y las Fuerzas Armadas de ese país (reciben el 10% de los ingresos después de impuestos, con ese monto han podido repotenciar sus equipos militares). Sin la previa estatización de los activos mineros, Chile no tendría una de las mejores fuerzas disuasivas de la región que espera alcanzar el nivel de operatividad de la OTAN en el 2010.
También hay que destacar que el socialismo chileno contó con una férrea oposición de la derecha y algunos sectores religiosos, en otras palabras, permitió y respetó el libre intercambio de opiniones, así como a los medios informativos, los que contaron con plena libertad para transmitir noticias, a pesar de que distorsionaban la realidad.
El argumento final que derriba la supuesta cubanización de Chile es que la Unión Soviética se negó a respaldar a Allende, quien por esas fechas se encontraba bastante debilitado y deprimido. El desencuentro con Moscú se debió a que el líder socialista no siguió la recomendación del Kremlin de iniciar una revolución, es decir, una guerra interna que tendría un alto costo humano y político, además de reformas colectivistas y confiscación de la propiedad privada. Ante su negativa, Breznev, sucesor de Kruschev, manifestó que sin compromisos mayores (revolucionarios) el espaldarazo soviético no podía efectuarse. Los líderes de la extinta superpotencia habían abandonado a Allende mucho antes de su visita al Kremlin ya que creían que renunciaría a sus convicciones democráticas ni a su accionar pacifista. Allende decidió respetar las instituciones democráticas y la Constitución chilena en lugar de implementar correctivos dramáticos en el seno de la dictadura del proletariado, como deseaban los soviéticos.
Sin el apoyo de la URSS resulta imposible considerar la cubanización de la sociedad chilena puesto que Cuba sobrevivió largo tiempo gracias al subsidio energético, económico, militar y alimentario que ésta le proporcionó para sobrellevar el cruel embargo decretado por Washington durante la presidencia de Kennedy. Esta intervención fue crucial para que EE UU desista de invadir la Isla luego de la Crisis de los Misiles de 1962. Al concluir la zozobra nuclear sobre la costa este norteamericana, el presidente Kennedy acordó con los dirigentes comunistas que su país jamás trataría acabar con la revolución castrista, cosa que cumplió a medias porque no dejó de atentar contra la vida de Fidel Castro ni asfixiar a Cuba a través del bloqueo económico. Se estima que la superpotencia soviética desembolsó unos 45 000 mil millones de dólares para preservar el proceso socialista cubano. Entonces, a la luz de los hechos, resulta absolutamente falso que Chile marchara inexorablemente hacia el comunismo.

La verdadera razón del golpe chileno radica en el revanchismo estadounidense ya que luego del triunfo de la Revolución Cubana (1959), a EE UU le quedó clavada una espina pues no anticipó la victoria de los barbudos, ni que Cuba, aliado norteamericano desde su independencia, se alineara detrás de la cortina de hierro. Para Washington significó un duro revés la ruptura de relaciones diplomáticas con La Habana. Su alejamiento puso en jaque durante buen tiempo a la política exterior estadounidense pues perdió su “tradicional patio trasero”.
El segundo punto a rebatir es la afirmación de que Pinochet condujo a Chile a la modernidad, esto es, que lideró el proceso de inserción de la economía chilena en el mundo. Esa aseveración se cae por si sola pues las reformas, traumáticas, por cierto, fueron parte del corolario de los monetaristas de la Universidad de Chicago y de los “Chicago Boys”, economistas sureños formados y adoctrinados en las teorías de Milton Friedman, asesor de Pinochet y Premio Nobel de Economía en 1976.
Pinochet era un hombre bastante mediocre -lo rechazaron dos veces de la Academia Militar- como para comprender complicados conceptos econométricos, es decir, no podía entender los impactos de las medidas que llevaron a una apertura de los mercados o la liberalización interna en Chile. Ni si quiera los “expertos” del Banco Mundial comprendieron oportunamente las consecuencias que acarreaba introducir ese tipo de reformas en una economía hasta cierto punto “cerrada” a los procesos de intercambio hasta la crisis asiática, rusa, mexicana, argentina, brasilera, etc.
Siguiendo con lo económico, Pinochet implantó un modelo represivo en lo político y abierto en lo económico algunos años antes de que China implementara sus reformas de “libre mercado” 1979 a través de Deng Xiaoping.
Para no desviarnos demasiado, es necesario señalar que los chilenos fueron más pobres durante la dictadura que rigió sus destinos por 17 años. El grado de indigencia rozó el 50%, cifra que se alcanzó en muchas oportunidades, sobre todo a mediados de los ochenta. Al término del mandato pinochetista, el presidente democristiano, Patricio Aylwin, aseguró que la economía carecía de un “rostro humano” pues más de 5 millones de chilenos vivían con menos de dos dólares por día (casi la mitad de la población de ese momento). La inflación galopaba niveles históricos y escaseaban algunos bienes básicos. No existía un sistema de asistencia social que ayudara a los más necesitados pues fue reformulado por los gobiernos de la Concertación Democrática.
Si hay que nombrar a los responsables directos del crecimiento chileno debemos señalar, en primer lugar, a los gobiernos democráticos que siguieron a la dictadura. Éstos fueron los que redujeron la pobreza a cerca del 16% actual (de un 43% heredado del nefasto régimen de Augusto Pinochet). A partir de Eduardo Frei ya se pudo percibir parte del bienestar que disfruta una gran parte de chilenos. Además, en materia de desempeño del PBI, la democracia chilena produjo un crecimiento del ingreso per cápita sensiblemente mayor al promedio de los 17 años de dictadura, y redujo en forma significativa las trabas para hacer empresa en Chile.
Decir que Pinochet fue un “héroe”, “salvador” o “libertador”, mancha, y con creces, el nombre de verdaderos libertarios como San Martin, y, en menor grado, el de Bolívar, dadas sus pretensiones dictatoriales que estableció en su Constitución Vitalicia de 1826. ¿Cómo puede ser héroe alguien que reprimió brutalmente a sus propios conciudadanos? ¿Cómo puede ser héroe un militar senil que restringió las libertades civiles y que desapareció a 3000 de sus compatriotas? ¿Cómo puede ser héroe un criminal que masacró a extranjeros, entre ellos muchos religiosos y periodistas internacionales? ¿Cómo puede ser héroe alguien que atentó contra la vida de distinguidos chilenos asilados en el extranjero, violando la soberanía de otros países? ¿Cómo puede ser héroe alguien que se negó a entregar el poder en 1988 luego de perder el plebiscito, según revelaciones del Comandante General de la Aviación, Rodolfo Matthei?
Como estas, hay muchas anécdotas más totalmente verificables. Así, el presidente Patricio Aylwin contó una vez que Pinochet declaró ante él que no le consideraba su jefe inmediato, desconociendo la Constitución de 1980 que el propio tirano ideó para legitimar su dictadura y que claramente señala que el comandante supremo de las Fuerzas Armadas es el presidente de la república. También es sabido que cuando procesaron a su hijo, militar como él, organizó un operativo con el fin de intimidar a la justicia chilena, la que finalmente absolvió al primogénito del general por presión. En aquella oportunidad ordenó que los uniformados vistieran sus ropas de combate y movilizó tropas cerca de la capital con el propósito de sitiarla. En muchas ocasiones también hemos oído de la propia boca del general que “si alguien enjuicia a los suyos (oficiales) se acaba el Estado de derecho”. Ni qué decir cuando una grabación de la cadena alemana Deutsche Welle registró al general indicando a sus subordinados acantonados en las inmediaciones de la Moneda que Allende sale vivo, pero el avión en el que se marché (al exilio, se entiende), se cae.
Pensar que un criminal de su calaña tenía convicciones democráticas porque entregó el poder a los civiles como prometió -fue obligado en realidad- denota una gran ingenuidad. Como se dijo más adelante, Pinochet pensaba retener el poder a toda costa, pero al no con contar con el apoyo de los demás institutos armados tuvo que ceder. Si su desprendimiento fuera cierto, ¿por qué habría de presentar un candidato afín como Herman Buchi, uno de los “Chicago Boys” de su brutal gobierno en las elecciones de 1990? Por si queda alguna duda de sus verdaderas intenciones, Pinochet Ugarte permaneció desde 1990 hasta 1998 como Jefe de las Fuerzas Armadas y eligió directamente su sucesor, saltándose la autoridad del entonces presidente, Eduardo Frei. Todos estos cuestionamientos revelan la entraña gansteril de su régimen. A nadie debe quedarle duda de que fue un simple tirano y nada más.
Volviendo a la economía, existen muchas imprecisiones sobre las privatizaciones que se ejecutaron durante su período. Según estudios confiables, el erario chileno perdió unos 1000 millones de dórales en la privatización de unas 30 empresas estatales. ¿Si el dictador hubiera tenido un auténtico impulso privatizador, por qué no privatizó Codelco, la mayor empresa de cobre del mundo? Por la sencilla razón de que su considerable aporte económico sirvió para financiar las cuentas públicas y la modernización de su Ejército, es decir, gracias a una estatización iniciada por el socialista Allende.
Hay que hacer notar que Pinochet, al tener el control absoluto del poder, podía equivocarse groseramente en materia económica sin temor a un golpe de Estado o a alguna manifestación pública pues sería reprimida inmediatamente con dureza. Así cualquiera gobierna ya que puede errar ilimitadamente sin sufrir por ello alguna consecuencia política. Entonces tenía una suerte de cheque en blanco pues contó con el respaldo de los militares, de la derecha (Unión Demócrata Independiente), de la clase empresarial advenediza y de la Casa Blanca, que sólo manifestó su oposición al régimen cuando sicarios pinochetistas asesinaron a sangre fría en 1975 a Orlando Letelier, ex canciller de Allende, en la ciudad de Washington. Ese crimen rememoró el perpetrado varias décadas atrás por partidarios de Stalin en México cuando ultimaron a León Trostky, uno de los precursores e ideólogos de la Revolución Bolchevique (1917-1919).
El principal aliado y promotor del golpe fue, sin lugar a dudas, la Administración republicana de Richard Nixon y su secretario de Estado, el maquiavélico Henry Kissinger. El primero dijo alguna vez que justificó la intervención en Chile por un asunto de “seguridad nacional”.
Quienes complotaron el 11 de setiembre de 1973 deberían ser acusados de traición a la patria por llevar a cabo labores sediciosas junto a una potencia extranjera con el objetivo de derrocar a un gobierno democráticamente elegido. Por lo anterior, Pinochet ni siquiera debió recibir un funeral con altos honores militares puesto que rompió el orden constitucional y echó por la borda una larga tradición democrática que databa de 1925, fecha en la que se estableció la Constitución que restableció las facultades presidenciales y permitió la separación de la Iglesia y el Estado.
Un factor fundamental que contribuyó al despegue chileno fue la estructura institucionalizada, organizada y menos corrupta. Estas raíces le permitieron a Chile retornar a la democracia sin demasiados contratiempos puesto existían bases sólidas para el diálogo a nivel político y social.

La identidad chilena, forjada a la sombra de los grandes virreinatos y de los centros de poder coloniales, fue determinada por varios factores como la carencia de abundantes riquezas naturales. Esto que produjo que Chile tuviera que apostar por el comercio de ultramar, es decir, negociar con grandes potencias extranjeras como Inglaterra, Holanda y Francia, que le ayudó mirar hacia fuera en lugar de pensar en desarrollarse autárquicamente. Otro elemento esencial fue su particular geografía pues la aproximación de los países europeos a la costa pacífica de América del Sur debía producirse necesariamente a través de puertos como Valparaíso o Antofagasta. Así, este acercamiento con los comerciantes y financistas occidentales fue consolidando en el ideario colectivo chileno que el modelo de desarrollo radicaba en el libre intercambio y no en la exclusividad comercial.
Con la muerte del tirano, el juez Alejandro Solis, quien procesaba a Pinochet, declaró el sobreseimiento de la causa por las muertes en Villa Grimaldi, lugar donde fue torturada la presidenta Bachelet. Aquello no supone que se lo haya declarado inocente pues la causa se archivó a raíz de su fallecimiento.

A Pinochet se lo pudo procesar porque, a pesar de la Ley de Amnistía dictada por su régimen, la Corte Suprema calificó la mayoría de acusaciones judiciales dirigidas al ex dictador como violaciones sistemáticas a los derechos humanos, es decir, como delitos que son imprescriptibles según las convenciones internacionales. Haciendo un poco de memoria, en el 2004 la Corte Suprema de Justicia dictaminó que aquella “ley” no era aplicable a los casos de desaparición de personas. La razón es que los desaparecidos son considerados víctimas del delito de secuestro permanente, el cual no expira mientras no aparezcan. El desafuero que permitió el levantamiento de su inmunidad parlamentaria como senador vitalicio, cargo que el mismo se dio al finalizar su mando en las FF. AA., fue el paso inicial para juzgarlo por los crímenes indicados.
Otro momento estelar se produjo cuando se lo declaró hábil para ser procesado. De ahí la orden de arresto domiciliario bajo la que se encontraba el ex dictador al momento de su muerte por los cargos que le eran imputados. Y no se trataba sólo de aquellos cargos que versaban sobre torturas y ejecuciones extrajudiciales, sino de acusaciones sobre corrupción que salieron a la luz luego de las profundas investigaciones de una Comisión del Senado Norteamericano que encontró sus cuentas en el Banco Briggs de Washington. Los montos encontrados involucran un total de 28 millones de dólares. Ante esos hechos una buena parte de sus acólitos guardan pudoroso silencio.
Últimamente sus colaboradores y partidarios han venido descargándose de la pesada herencia del general pues la Centro Derecha de Sebastián Piñera, candidato presidencial y líder del Renovación Nacional, optó por voltear la página respecto a Pinochet y dejarlo a su suerte ante el cúmulo de procesos judiciales que arreciaban en su contra. Sería prácticamente un suicidio político para cualquier partido apoyar a raja tabla las políticas de Pinochet pues más del 55% del electorado guarda un encono muy profundo hacia la dictadura. La cifra tranquilamente puede ser mayor pues el buen gobierno de la Concertación Democrática opacó cualquier “logro” económico de la dictadura. Los éxitos de ésta, por cierto, solo fueron coyunturales pues la economía chilena dependía mucho de las cotizaciones internacionales de las materias primas que exportaba (harina de pescado, minerales, celulosa, etc). Se trataba pues de una economía escasamente diversificada y sofisticada como para sobrellevar los efectos negativos de una crisis internacional, cosa que Chile hace ahora con alguna holgura ya que ha lanzado un plan de reactivación ante la caída de su producto.

En lo político, la democracia chilena ha venido deshaciendo la mayoría de hipotecas que en esta materia heredó del antiguo régimen. Por citar sólo algunos ejemplos, desapareció la figura de los senadores designados; se modificó la composición y funciones del Consejo de Seguridad Nacional; y el Ejército Chileno reconoció, a través de una declaración de su comandante en jefe, la responsabilidad de su institución en las violaciones a los derechos humanos.
Chile avanzó de buena manera hacia la reconciliación pues instituyó una Comisión de la Verdad para ese fin. El Estado ha compensado a los deudos de las víctimas de la violencia militar y obligó a las Fuerzas Armadas a pedir perdón a la sociedad. Sólo le faltó procesar a sus máximos dirigentes para que la herida cerrara por completo. Al menos los procesos contra los uniformados continúan y ya se encarceló a varios miembros del totalitarismo castrense.
En este caso “la muerte le ganó a la justicia” como refiere el desaparecido escritor uruguayo Mario Benedetti. Esto se trata de un crimen sin castigo a secas. Pinochet supo dar la cara en vida pues se corrió de todo campo de batalla. Basta recordar nomás que se refugió en la autoridad papal (de Juan Pablo II) para evitar un conflicto con la Argentina de Videla, y abortó una guerra con Perú al perder el apoyo de los norteamericanos. Jamás pudo idear un plan en su vida que no sea para torturar inocentes. Si su tumba tuviera que lucir un epitafio sería: “Se corrió de los procesos amparándose en su senilidad, rehuyó a la justicia escondiéndose en la muerte”.




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[1] “En las acciones de todos los hombres, en especial de los Príncipes, donde no hay tribunal al que apelar, se juzga según el resultado. Procure, pues, el Príncipe vivir y conservar el Estado: los medios serán siempre juzgados honorables y celebrados por todos.” Nicolás Maquiavelo, “El Príncipe”.

sábado, 30 de mayo de 2009

Conflicto en la Amazonía: la propiedad indígena

Conflicto en la Amazonía: la propiedad indígena


Por César Reyna


Uno de los principales problemas que mantiene en vilo al Estado y a las comunidades originarias es la manera en que deben delimitarse las tierras de las segundas. Es decir, la forma más apropiada de reconocer su derecho a la propiedad sobre las áreas que ocupan. El dilema se genera por la incompatibilidad de titulizar sus terrenos bajo la noción de propiedad del Código Civil con la concepción ancestral que manejan las tribus amazónicas. Entre ambas orientaciones existen diferencias insalvables pues los nativos consideran que los bosques forman parte de su identidad cultural. Ellos no sólo conciben a la naturaleza como una fuente prodigiosa de recursos, sino como un medio viviente al que le deben respeto y en el que se basa su identidad. El carácter orgánico y sagrado que le atribuyen a su hábitat supone una gran diferencia pues, para la mayoría de peruanos occidentalizados, prima el cariz patrimonial de la propiedad. Ambas visiones se contraponen porque los occidentales se han desligado de la tierra, esto es, la han conquistado para aprovecharse económicamente de ella.

Este aspecto es relevante porque de su comprensión depende el giro que tome el debate respecto a la propiedad tribal. De ahí que si establecemos derechos y límites basados en el Código y otras normas complementarias, no sólo agravaremos el problema, sino que demostraremos nuestra intolerancia e insensibilidad sobre su realidad. Ni el Código Civil ni las leyes dictadas por el Congreso sobre la materia sirven para definir la propiedad nativa ni tampoco las ideas del economista Hernando de Soto, quien afirma que regularizando y definiendo derechos de propiedad de los nativos podràn acceder inmediatamente a la riqueza. Para solucionar la controversia se debe incorporar, en principio, una visión integradora y pluricultural aunque vaya en contra de muchas creencias jurídicas y dogmas econòmicos.

La solución radica en la adopción de otro régimen de propiedad –uno muy particular, por cierto-, porque el occidental es opuesto a la relación que el indígena guarda con la tierra. La titulación de tierras que lleva a cabo Cofopri (Organismo de Formalización de la Propiedad Informal) no es congruente con la forma de vida de los pueblos amazónicos. Las autoridades olvidan que estos pueblos migran constantemente dentro una vasta zona en busca de alimento, plantas medicinales y para escapar de las crecidas de los ríos, además huir de los efectos nocivos de la deforestación y la contaminación ambiental. Los aborígenes cazan, pescan, recolectan frutos y transmiten su conocimiento a los más jóvenes llevándolos a inspeccionar la densa jungla que los cobija. Ellos se desplazan decenas de kilómetros no solo para darles sustento a sus familias, sino para mantener sus lazos con la naturaleza. Cualquier limitación antojadiza, prepotente o equivocada afecta directamente su cosmovisión, es decir, su manera concebir las cosas.

Sólo existe una forma de respetar su derecho a la existencia como nativos y es reconociendo la posesión extensiva sus tierras, es decir, sin limitación o reducción a un determinado espacio geográfico. El reconocimiento deber hacerse sobre la base de los territorios que tradicionalmente ocupan (y que también comparten con otros pueblos ya que algunas áreas se superponen). De modo que otorgarles “x” hectáreas de selva de manera colectiva como establece la ley, o individualmente, como propone De Soto, no soluciona nada pues lo único que genera es el confinamiento y la pèrdida de vinculación con el mundo natural. La noción occidental de propiedad es inconcebible a menos que se pretenda desaparecer a los nativos como hizo la Corona Española cuando implementó las reducciones toledanas en 1570, mezclado muchas etnias andinas y del litoral para facilitar la asimilación cultural, esto es, forzar el aprendizaje del castellano y la conversión religiosa.

Otra razón para renunciar a la concepción de propiedad del Código Civil es que existen tribus no contactadas y otras que han preferido desentenderse del Estado y la civilización moderna para preservar sus costumbres. Estas poblaciones deben ser respetadas ya que han decido vivir como sus ancestros. Ingresar a su territorio, como ya lo han hecho taladores ilegales, compañías petroleras y colonos que viven de la agricultura, podría ponerlos en peligro pues su sistema inmunológico no cuenta con defensas para combatir infecciones procedentes de otros organismos.

Hace bien De Soto en reconocer que el proceso de diálogo con las comunidades debe hacerse tomando en cuenta los intereses de las comunidades. La consulta previa a la que alude en su documental es un derecho constitucional que versa sobre derechos de las minorías. Este derecho les permite conocer de antemano los efectos y perjuicios potenciales de cualquier incursión en sus territorios. Este derecho no puede ignorarse porque de lo contrario pierden toda protección ante la vehemente arremetida de las empresas que desean explotar recursos en sus zonas.

A la fecha, Cofopri y los gobiernos regionales han titulizado 13.788.953 hectáreas en la Amazonía. Está no es la forma más inteligente de abordar el asunto ya que los indígenas seguirán transitando por la selva como lo venían haciendo antes. Más adelante se presentarán problemas pues la asignación de un determinado número de hectáreas, que se reconocen en función de la cantidad de miembros que pertenecen a una tribu o comunidad, es totalmente inviable. Y es inviable justamente porque se desconoce el uso tradicional que los pueblos amazónicos le dan a los bosques y a sus recursos.
Muchos defensores del liberalismo económico (empresarios, analistas y académicos) se escudan en la Constitución para señalar que los recursos del subsuelo son de la nación (en realidad son de aquellos que pueden explotarlos) y no de los que tienen derecho a la superficie, donde generalmente están ubicadas las áreas naturales protegidas y las pertenecen a los nativos. Muchos dicen ser liberales y se vanaglorian de ello, pero si en verdad lo fueran deberían defender lo opuesto, es decir, que el poseedor del suelo también sea propietario del subsuelo y todas sus riquezas, tal como ocurre en Estados Unidos, donde personas comunes y corrientes, sin intervención del Estado, pueden desarrollar pozos de petróleo y yacimiento minerales que están debajo de sus pies.

La Ley de Comunidades Nativas debe modificarse ya que la titulación por asentamientos es superada, en la práctica, por la manera en que las tribus aprovechan la tierra. Dicha norma está divorciada de la realidad y por eso necesita ajustes sustanciales. La posesión de las comunidades originarias debe ser irrestricta,esto es, sin límites. Ellos deberían aprovechar la selva de la misma manera en que lo han venido haciendo, pero no transferirla ni enajenarla al estilo occidental. Cualquier acto de disposición es contrario a su uso tradicional. Aunque bien podrían arrendarlas o concesionarlas siempre que la actividad realizada sea sostenible como el ecoturismo. De esa forma obtendrían ingresos, se modernizarían a su ritmo y preservarían su cultura.

viernes, 29 de mayo de 2009

Keiko Fujimori ¿Qué es el fujimorismo?




*Por César Reyna


Luego de ver bailar afanosamente a un puñado de congresistas en honor de Keiko Fujimori constato una vez más que el fujimorismo no es más que un circo, y no del bueno, desde luego, pero sí uno muy efectivo al momento de captar la atención del público. El fujimorismo sólo puede ofrecer espectáculos chichas, bailes descoordinados y proclamas a favor de la libertad del reo Alberto Fujimori porque carece de ideas y programas. Surge, al igual que el humalismo, como un movimiento puramente familiar, pero, a diferencia del primero, no contó con un ideario en sus orígenes sino que adoptó el de sus rivales (el del Fredemo de Vargas Llosa) para poder gobernar.

Ni bien llegue a Palacio de Gobierno sabemos que Keiko Fujimori liberará a su padre (el indulto es una prerrogativa presidencial que usará a pesar de beneficiar a un familiar directo). Esta facultad no debe ser confundida como parte de su plan de gobierno ya que los planes de gobierno u hojas de ruta están dirigidos a definir objetivos políticos generales. A la nación no le interesa ni se rasga las vestiduras que su padre esté encarcelado, sino a ella, a sus hermanos y al grupo de fanáticos que la sigue incondicionalmente. Indultar al ex presidente no es un objetivo nacional, sino uno de carácter estrictamente personal y del clan Fujimori. De ahí en más no conocemos qué es lo que se propone hacer la joven congresista con el país, es decir, qué reformas planea introducir para mejorar la calidad de vida de los peruanos.

El fujimorismo parece revitalizado con el liderazgo de Keiko ya que encabeza los sondeos presidenciales. El 25% de intención de voto que actualmente disfruta, según una encuestadora local, le confiere muchas chances de pasar a segunda vuelta pues parece poco probable que algún candidato supere el 50% que exige la ley para proclamarse vencedor. Keiko y los demás aspirantes de la derecha peruana esperan que Ollanta Humala sea su contendor sea para anotarse otro triunfo. Si el candidato nacionalista participa en la siguiente ronda perderá porque no tiene respaldo en Lima, en toda la costa ni en el exterior (afuera votan un buen número de peruanos, principalmente en Estados Unidos, Italia, Argentina, Chile y España). Sólo las regiones de la sierra y la selva, las más descontentas con el modelo económico y las intolerantes políticas del gobierno, se inclinarían a votar por él ya que su partido apoya tenazmente la derogatoria de un paquete de decretos legislativos que los nativos y comunidades consideran lesivos a sus intereses (1). Y si Humala tuviera alguna posibilidad de ganar el mismo Alan García (2)
se encargaría de que no suceda pues anunció que, si bien no podía poner a quien el quisiera… como presidente podía impedir que gane el que no desea, en clara alusión a Humala.

Keiko espera consolidar el significativo respaldo que recibe en Lima (en asentamientos humanos y periferias de la capital) para relanzar el movimiento que fundó su progenitor a fines de la década de los ochenta. Ella no fue elegida por las bases de su agrupación –no se le puede llamar partido ya que no cuenta con ideología ni estructura partidaria-, sino por su padre cuando la designó su heredera política en el momento en que interrumpió su alegato final
(3).

Ahora bien, el fujimorismo es básicamente un movimiento carismático que toma prestados algunos elementos que usan las iglesias evangélicas para entretener a las multitudes. En los mítines de Keiko no se habla de cosas abstractas o ideas muy complicadas, sino de liberar a Alberto Fujimori y recordarle a la población que antes vivían mejor porque se repartían más alimentos, materiales de construcción y se hacían obras (colegios, postas médicas, caminos, etc.). El discurso va acompañado de ritmos pegajosos para que la gente no se aburra. Siempre hay baile porque los asistentes piden que los candidatos y sus parejas se agachen al compás del reguetón o la cumbia de moda. Keiko baila como todos los que desfilan sobre la plataforma predominantemente naranja (el color de los fujimoristas). Los que la secundan como su hermano Kenji o el publicista y ahora parlamentario, Carlos Raffo, casi nunca mencionan ni recuerdan lo malo del Gobierno de Fujimori (1990-2000); sí lo hacen es para desligarse y atribuir cualquier hecho de corrupción, manipulación informativa o violación de derechos humanos a Vladimiro Montesinos, el socio de Fujimori.
Al ex asesor del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) le achacan las políticas represivas, la compra de congresistas tránsfugas y apropiación de fondos públicos que se cometieron, según los fujimoristas, a espaldas de su amado presidente. Para ellos Fujimori no sabía nada ni tenía participación en los hechos delictivos que probaron la dupla de fiscales supremos que lo pusieron tras las rejas. Persistir en la inocencia de su líder es vital para deslindar con la faceta más oscura del fujimorato, aunque más parece un gesto desesperado ya que dos de cada tres peruanos creen que es culpable (3) de los cargos que se le imputan.

Si la intención de voto de Keiko se mantiene, es probable que presenciemos un desenlace [4] indeseado,
ya que, en palabras de Mario Vargas Llosa, “una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala sería como elegir entre el sida y el cáncer terminal”(5). La expresión refleja que los peruanos nos hemos venido acostumbrando, al menos desde las últimas dos elecciones presidenciales, a escoger entre dos males. Keiko representaría para muchos la opción menos mala ya que comulga con el sistema. Después de todo su padre instauró el neoliberalismo a principios de los noventa mediante políticas de ajuste (shock), desregulación, privatización y apertura económica.

A pesar de su repunte en las encuestas, Keiko es vista con cierta reticencia por la opinión pública por su inexperiencia política y porque no ha aclarado el financiamiento de su educación ni la de sus tres hermanos en universidades de Estados Unidos. A pesar de haber sido primera dama a los 17 años en reemplazo de su madre, la ex congresista Susana Higuchi, y de haber obtenido el mayor número de votos para acceder al Congreso, sus detractores consideran que no está preparada para conducir las riendas de la nación a los 35 años
[6] (los cumplirá el 2010). Mientras atravesemos un clima interno conflictivo (se han levantando las poblaciones selváticas y ha crecido el narcoterrismo en la zona del VRAE) y padezcamos las consecuencias de la crisis económica internacional, sería insensato poner al mando a alguien que debe muchas explicaciones al país y que no ha sido probada o testeada como líder.

En el Parlamento, el fujimorismo se desempeña como el desaparecido Frente Independiente Moralizador (FIM)
[8] cuando secundaba a Perú Posible de Alejandro Toledo para respaldar sus iniciativas legislativas y darle “gobernabilidad” al país. Si el fujimorismo se ha aliado con el Apra es para que el ex mandatario reciba buenos tratos de parte de las autoridades penitenciarias. En algún momento se pensó que el aprismo liberaría al popular “chino” a cambio de los votos de la bancada naranja y para devolverle el favor pues Cambio 90, la agrupación inicial de Fujimori, limpió al presidente García de las acusaciones constitucionales sobre enriquecimiento ilícito y la matanza en el penal de El Frontón. Eso no ha sucedido, afortunadamente, porque el proceso viene siendo monitoreado por muchas organizaciones de derechos humanos y por la prensa de otros países, especialmente la europea.

Con más bailes y ritmos contagiosos no es descabellado pensar que Keiko gane ya que su padre lo hizo dos veces de esa forma, aunque claro, éste tenía logros que exhibir como la derrota del terrorismo maoísta de Sendero Luminoso y el control de la hiperinflación que heredó del aprismo. Keiko, a diferencia de su progenitor, no tiene nada qué mostrar ni se conocen los proyectos que ha presentado como congresista. Para muchos, especialmente para las mujeres de bajos recursos, ella representa a alguien con la que es muy fácil identificarse porque es joven y madre. Los sectores más humildes la reconocen porque viajó mucho por el país con su padre cuando éste inauguraba obras en alguna localidad olvidada.



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(1) Están referidos a la disposición de recursos naturales como las tierras, los bosques amazónicos, el agua, etc.)

(2) Dicho comentario lo deslizó en un encuentro de banqueros regionales en el que recordó que él evitó la victoria de la coalición liderada por Vargas Llosa.


(3) Un 70% de ciudadanos según la Universidad Católica.

(4) El traspaso "oficial" lo hizo durante el juicio que se le sigue por dos matanzas y dos secuestros agravados –no ha concluido todavía porque el reo apeló la sentencia condenatoria-.

(5) La falta de alternativas políticas también se debe a Fujimori porque demolió el sistema de partidos.

(6) José Barba Caballero, ex congresista de Renovación, la había usado en el 2001 para definir la disyuntiva de elegir entre Alejandro Toledo y Alan García.


(7) Justo a tiempo para presentar su candidatura porque la Constitución exige tener esa edad.

(8) Del inefable Fernando Olivera, ex embajador en España, recordado por ser perseguidor de Alan García y quien fuera canciller por un día.

jueves, 28 de mayo de 2009

¿Venezuela podría convertirse en la nueva Cuba?




¿Venezuela podría convertirse en la nueva Cuba?



Por César Reyna




El escritor Mario Vargas Llosa ha afirmado en Caracas, donde participa en un foro internacional sobre libertad y democracia, que “Venezuela podría convertirse en la segunda Cuba de América Latina (…)”. Tal aseveración nos parece desproporcionada, pero no porque el presidente venezolano Hugo Chávez no lo desee, sino porque, dadas las circunstancias actuales, resulta fácticamente imposible.

Para que Chávez pueda establecer un régimen totalitario como el cubano primero debería expulsar a la mayoría de sus opositores o buscar que emigren a otros países como sucedió durante la primera década de la Revolución Cubana. Fidel Castro, a quien tanto admira el mandatario llanero, pudo gobernar a sus anchas no sólo porque repelió con éxito la invasión en Bahía de Cochinos o tuvo respaldo político de la extinta Unión Soviética, sino porque sus rivales migraron masivamente hacia Estados Unidos. El éxodo de cientos de miles de cubanos, ahora afincados en el estado de Florida, despejó el camino para llevar a cabo una serie de reformas que transformaron económica, social y culturalmente a la Isla. Sin la partida de los querían evitar la cárcel, la humillación pública o la ruina personal y familiar no hubiera sido posible instaurar el modelo comunista. Cuando los exiliados cubanos se marcharon, dejaron al régimen sin oposición de la que tuviera que perseguir u ocuparse.

La otra alternativa para Chávez sería instaurar un sistema estaliniano que condene a miles a las cárceles y asesinar selectivamente a los disidentes más importantes para amedrentar al resto de la población. Esa opción es inviable, a menos que Chávez quiera convertirse en un auténtico tirano y esté dispuesto a aceptar las consecuencias (ser juzgado por crímenes de lesa humanidad). Pero Chávez no puede expulsarlos ni encarcelarlos a todos (ni siquiera a un gran grupo) porque violaría su propia Constitución, aunque, a juzgar por sus últimas actuaciones y declaraciones, las leyes y el orden constitucional no parecen importarle mucho.

Ambos escenarios parecen poco probables en la Venezuela de hoy a pesar de que muchos se han visto obligados establecerse en otras tierras debido a la falta de oportunidades, la crisis económica o el hostigamiento de los chavistas. De los que han podido migrar e integrarse exitosamente se encuentran muchos ex trabajadores y funcionarios de PDVSA, la petrolera estatal, quienes en la actualidad residen en Estados Unidos o Canadá, donde ganan mejores sueldos. Ese grupo era privilegiado porque laboraba en sector que le proveía el mayor flujo de divisas a Venezuela. Por ser estratégico y rentable recibían generosos salarios, pero debieron partir cuando Chávez, cansado de las paralizaciones que sufría la industria petrolera, los despidió para tener el control efectivo de la empresa.

Mientras Chávez deba lidiar con una oposición que se fortalece y gana adeptos tanto en el interior como en el exterior, pues se han creado (o se están creando) foros de apoyo en la región para retorno de la democracia Venezuela, se desgastará progresivamente, lo que lo obligará a mostrar su faceta más temeraria y represiva. En el momento en que cercene libertades decididamente, decrete toques de queda, estados de emergencia y encarcele arbitrariamente a cualquier disidente, no habrá vuelta atrás para él. Tras ese punto de no retorno perderá el poco crédito que le queda y será denunciado con mayor decisión por los países miembros de la OEA.

Hasta ahora la mayoría de naciones ha actuado con cautela respecto a la situación de los derechos humanos y la democracia en Venezuela. Sólo organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Cato Institute, entre otras, han expresado su preocupación por las acciones del Gobierno venezolano. Si no han sido más proactivas proponiendo sanciones a nivel de Naciones Unidas o la misma OEA es porque Venezuela es un importante productor de petróleo. Estados Unidos, el país más vilipendiado por Chávez, ni si quiera ha considerado el embargo u otras medidas comerciales pese a que Venezuela representa una mayor amenaza para la democracia liberal que Cuba. La pasividad norteamericana se debe a que Iraq, Afganistán, Pakistán y la beligerante Corea del Norte, representan mayores preocupaciones para sus intereses nacionales. El embargo de la superpotencia podría funcionar en el mediano plazo -mucho más que el caso cubano porque generaría mayores protestas y demandas sociales-; pero no sería conveniente para la economía del gigante estadounidense (ni para la del mundo) pues los precios del barril de crudo de dispararían ante la falta del suministro venezolano. Dejar a Chávez sin petrodólares, a priori, parece una buena idea para sacarlo del poder; pero agravaría la crisis económica internacional en la medida que generaría más inflación.

A pesar de que no sea factible que Venezuela termine como Cuba, cuyo régimen está dando tibias muestras de apertura (empezó dialogar con Estados Unidos y se especula con su regreso a la OEA), de todos modos preocupa el deterioro de las libertades en ese país. Chávez, en su afán expansionista y populista, ha desaprovechado o dejado pasar la elevada cotización del petróleo de los últimos años para modernizar a Venezuela. Mientras algunos emiratos de Oriente Medio están invirtiendo en bienes raíces y comprando empresas en todo el mundo, Caracas ha gastado la mayor parte de sus recursos comprando lealtades políticas y nacionalizando antiguas empresas estatales. En lugar de potenciar su industria manufacturera la ha desprotegido estableciendo controles de precios y barreras para restringir el flujo de capitales. El futuro de Venezuela será sombrío mientras Chávez continúe en la presidencia. De ahí en adelante, una vez que se produzca su salida, será incierto porque la oposición –y esa es una de sus principales deficiencias- no ha logrado construir un liderazgo y un discurso coherente que represente una verdadera alternativa al experimento chavista.










Perú: Amnistía Internacional, persecución y manipulación de cifras



Amnistía Internacional, persecución y manipulación de cifras de pobreza en Perú


Por César Reyna



El día de hoy se espera que se haga público el informe anual de Amnistía Internacional sobre la situación de los derechos humanos en el mundo. Para el Perú, particularmente para sus autoridades, las conclusiones del estudio no son nada positivas porque el organismo revela la existencia de prácticas intolerantes y persecutorias contra los críticos del gobierno peruano. Podría decirse que el Gobierno del Perú está a la par del de Venezuela en materia de violaciones a los derechos humanos ya que se ensaña contra todo aquel que cuestione sus políticas sociales, económicas y medioambientales.

El caso de Farid Matuk, ex jefe del INEI (Instituto Nacional de Estadísticas e Información), resulta preocupante y emblemático aunque muchos medios de comunicación peruanos no se dignen a cubrir el acoso que sufre por parte de la administración aprista. A Matuk, quien es un reputado economista y tiene cinco procesos penales abiertos, se le persigue por denunciar que las cifras de crecimiento y de pobreza no se ajustan a la realidad. Según este académico, “(…) los valores presentados por el INEI son desproporcionados o incoherentes con la realidad, ya que el gobierno viene manipulando las cifras con la finalidad de crear un falso crecimiento o un falso éxito del gobierno”. Como bien señala, “es la voluntad presidencial” la que determina los números que presenta el INEI en sus mediciones mensuales, trimestrales y anuales. No hay matemática, método estadístico serio ni hechos que validen los datos recientemente publicados por dicha institución en materia de pobreza. Que el Banco Mundial avale los resultados del informe del INEI no significa que sean creíbles pues el Banco, en medio de la espeluznante crisis internacional, busca que los resultados que exhibe nuestro país sean la mejor prueba de que modelo económico neoliberal funciona, a pesar de las vicisitudes y turbulencias que ha causado.


Según el INEI, 765.000 habitantes han dejado de ser pobres en 2008 por obra y gracia de las políticas públicas que ha implementado el Gobierno. Lo que sorprende es que de 39.3% se pasó a 36.2%, una reducción de 3.1% a nivel nacional, aun cuando el PBI creció a 9.84% el año pasado, la tasa más alta de los últimos 14 años. Resulta contradictorio que la caída de la pobreza haya sido menor porque en periodos anteriores se creció menos y la contracción de la pobreza fue mayor. Del año 2006 al 2007, según cifras oficiales, el número de pobres se redujo en 5.2% pues pasó de 44.5% a 39.3%; pero el crecimiento del producto fue menor pues llegó a 8.99% en 2007. ¿Cómo se explica que una mayor expansión de la economía genere menores tasas de reducción de la pobreza cuando el incremento del PBI fue de casi un punto porcentual entre el 2007 y el 2008? Aquí pasa algo muy raro pues lo lógico seria que el declive de la pobreza, que es inversamente proporcional al aumento de la actividad económica, sea más pronunciado en periodos de mayor crecimiento. Del 5.2% del 2006-2007 al 3.1% del 2007-2008 hay mucha diferencia. Lo que cualquier analista hubiera esperado son cifras equivalentes o superiores, y más cuando el Gobierno ha aumentado el presupuesto de los programas sociales, pero eso, inexplicablemente, no ha ocurrido.

El INEI, que forma parte del aparato de propaganda oficial, ha establecido la línea de pobreza por debajo de 251 soles mensuales (unos 85 dólares). Lo que nos quiere decir el INEI es que si una persona iguala o supera esa cantidad –aunque sea por un sol- pertenece automáticamente a la clase media del país. Esa aseveración carece de toda lógica pues el costo de la canasta mínima alimentaria supera con creces los 251 soles. Si un ciudadano asigna ese ridículo monto a su alimentación jamás cubriría sus necesidades calóricas. Para llegar a los 85 dólares una persona debería percibir casi 3 dólares diarios, dinero con el que, según el INEI, dejaría de pasar hambre (para tener una idea, el kilo de pollo cuesta más de 3 dólares en la actualidad). En ese monto no se incluye, por supuesto, lo que un sujeto pobre gasta en servicios básicos (como el agua, por la que paga más que las personas que pertenecen a estratos socioeconómicos superiores), en vivienda, transporte público, electricidad, combustible (generalmente kerosene), etc. Incluir esos rubros incrementaría el valor de lo que un connacional requiere para atender sus necesidades elementales.

Más de la mitad de peruanos viven bajo estándares de consumo similares al de los de alemanes, rusos o japoneses tras la Segunda Guerra Mundial, es decir, sumamente precarios. La desnutrición infantil alcanza a un tercio de ese grupo, sin duda el más vulnerable. La pobreza no se abandona o se deja de pertenecer a ella porque el Estado otorga un bono (de 100 soles) o reparte alimentos entre los más necesitados pues, para salir de esa postrante condición, se requiere que el sujeto sea capaz de mantenerse por sí mismo, es decir, que pueda generar ingresos que le permitan vivir con dignidad. Los programas sociales no son más que paliativos que ocultan la real dimensión del problema ya que muchas veces no se atiende a los que realmente requieren asistencia gubernamental. Jugar con las líneas de pobreza y pobreza extrema (en el Perú está fijada en 139.8 soles) para presentar supuestos logros no cambian la dramática situación de millones de peruanos.

Para terminar, las cifras del INEI tampoco se ajustan a la verdad en el área rural
[1], donde dice que la pobreza disminuyó en 4.7% porque los ingresos de los productores agropecuarios han subido más de 10%, toda vez que la entidad no considera los impactos ambientales que causan las empresas que explotan recursos naturales en las zonas andinas ni los perjuicios que también ocasiona el cambio climático, sin dejar de lado el desempleo que ha producido la crisis mundial.





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[1] Según el INEI, la reducción de la pobreza durante el 2008 se explica por el crecimiento de los salarios en casi el 40% de la población más pobre, sobre todo, la rural.

miércoles, 27 de mayo de 2009

China sí, Venezuela no



China sí, Venezuela no


*Por César Reyna


Venezuela es vista en la región, y particularmente en Perú, como una amenaza. El régimen de Caracas no sólo apunta a construir el socialismo en Venezuela; sino a exportarlo al resto del continente para formar un frente común contra el imperialismo norteamericano y cualquier otro tipo de injerencia exterior. El modelo que promueve Hugo Chávez es abiertamente autoritario en lo político, y estatista en lo económico. Su triunfo en varios países se debe al descontento generalizado con las políticas de libre mercado (implantadas durante la década de los noventa) y al desprestigio de la clase política (los partidos tradicionales). El laureado escritor peruano Mario Vargas Llosa calificó a Chávez como “un peligro” para la democracia latinoamericana por encabezar un “socialismo autoritario”. El peligro radica en el afán intervencionista del presidente venezolano en los asuntos internos de sus vecinos. Chávez desea que nuestros países (los miembros de la CAN) sean satélites o anexos de Venezuela para revivir a la Gran Colombia (la patria grande bolivariana), con Hugo Chávez haciendo de Simón Bolívar.

Si Caracas hubiera mantenido un perfil bajo (no expansivo ni amenazante para el establishment latinoamericano) seguramente no recibiría tantas críticas ni generado tantas resistencias. Si Venezuela hubiera sido más amigable con la inversión privada y menos intervencionista, quizá hasta cultivaría adeptos en otras latitudes donde se santifica y venera al capital. Pero Chávez, como todos sabemos, emprendió otro camino: uno que lo llevó a ser considerado el mandatario más desestabilizante de Sudámerica porque financia a candidatos y agrupaciones afines en otros países. Su apuesta por la homogenización ideológica colisiona directamente con los intereses de los grandes grupos de poder de la región, es decir, con las clases empresariales locales (las oligarquías) y las multinacionales extranjeras.

En Perú, un nutrido grupo de intelectuales, abogados, artistas, periodistas, escritores y líderes empresariales han firmado un comunicado en el que promueven el retorno de las libertades en Venezuela, hecho que el cuestionado Gobierno de ese país podría interpretar como una condenable injerencia en sus asuntos domésticos. Lo que buscan es que la OEA y sus estados miembros sean proactivos para crear mecanismos que posibiliten la democratización venezolana en el más breve plazo. Semejante empresa parece destacable porque los firmantes de la declaración, entre los que se encuentran el ex presidente Alejandro Toledo, el escritor Mario Vargas Llosa, el pintor Fernando de Szyszlo, la cantante afroperuana Susana Baca, entre otras personalidades, invitan a constituir “Foros de Apoyo a la Democracia” en toda América Latina y “hacer realidad” la “Carta Democrática Interamericana”. El secretario general del Partido Aprista Peruano, Mauricio Mulder, también expresó su respaldo a dicha iniciativa. Lo mismo hizo el ex premier y congresista oficialista Jorge del Castillo, y la lideresa del Partido Popular Cristiano, Lourdes Flores Nano. A todos ellos les preocupa la persecución política que sufre el dirigente opositor Manuel Rosales, y el hostigamiento hacia medios “independientes” como Globovisión, cuyo propietario fue intervenido sin causa aparente en su domicilio.

La declaración sería creíble si todos los suscriptores demandaran con el mismo énfasis, especialmente los empresarios mineros, los agroexportadores y las autoridades, el establecimiento de la democracia en China. Si impulsaran algo similar su manifestación tendría credibilidad pues la potencia emergente es la mayor violadora de derechos humanos del mundo. Al otro lado del Pacífico no hay democracia ni ninguna libertad fundamental. En China se dan a conocer casos de torturas a diario y se imponen controles abusivos a la natalidad. El gobierno vigila, acosa, detiene y procesa a periodistas, escritores, activistas y abogados, asi como a sus familias, por tratar de ejercer derechos universales como la libertad de expresión. El régimen comunista es un violador sistemático de derechos humanos. El asunto del Tíbet y de las iglesias cristianas revela la intolerancia de la cúpula con las prácticas religiosas, a las que considera desestabilizadoras y sumamente peligrosas. La censura mediática es cosa de todos los días pues se clausuran miles de páginas y blogs en Internet. El acceso a la información está regulado estrictamente por Beijing. El Gran Hermano chino lo controla todo y amenaza con juicios sumarios y la cárcel a los que realizan “actividades ilegales” y “perturban el orden interno”, cuando en realidad sólo dicen la verdad.

Cuando el presidente chino Hu Jintao llegó a Palacio de Gobierno, con motivo de la Cumbre de la APEC, fue recibido con todos los honores y deferencias por su anfitrión, el mandatario peruano Alan García. Éste colmó en elogios a su ilustre visitante y alabó sin parar el modelo de desarrollo del país oriental. Además se tomó la licencia de expresarle a él y a su numerosa comitiva su aprecio y agradecimiento en chino Mandarín (haciendo un papelón que su imperturbable huésped disimuló). Antes de su arribo, Perú había declarado a China como “economía de mercado”, cuando en realidad no lo es porque subsidia su agricultura, sus exportaciones e industrias y facilita la piratería y el dumping social. La declaración fue necesaria para conseguir que los funcionarios chinos aceptaran suscribir un TLC con nosotros este año. De derechos humanos, medio ambiente y reformas democráticas no se habló ni se habla con China. Esos temas están vedados en nuestra agenda bilateral en aras de preservar la fructífera relación económica y comercial que mantenemos con los asiáticos. China tiene carta blanca para pisotear derechos mientras nos siga comprando minerales, harina de pescado y productos no tradicionales como mangos, uvas y café.

Lo que diferencia a China de Venezuela es que no se interesa en expandir el comunismo (en el caso venezolano seria el socialismo chavista), sino el comercio. Los chinos, por obvias razones, no vienen a hablarnos de derechos humanos, el medio ambiente o la buena gobernabilidad como lo hace Estados Unidos o la Unión Europea, sino de incrementar los volúmenes de intercambio. La creciente necesidad de materias primas, minerales y fuentes de energía de la economía china ha sido la principal razón de que cientos de empresas de ese país hayan puesto la mira en el subcontinente. Es la búsqueda de nuevos mercados lo que ha motivado su “reciente” apertura económica.

La hipocresía de algunos gobiernos y personalidades de centroderecha que firman declaraciones a favor de la democracia y los derechos humanos en Venezuela se deja ver en el doble rasero de su trato con China.




Perú: ¿Me rindió mi AFP?

Sobre la rentabilidad de las AFP
Por Luis Fernando Ruiz Lecaros. *
 
A todos nos gusta saber cómo van nuestras inversiones, y los fondos gestionados en las AFP son una de nuestras principales inversiones. ¿Cuál ha sido la performance de estos gestores de fondos en los últimos 15 años?

Para ello, se necesita tomar un fondo que exista desde los inicios de la industria, y, en este caso, hemos tomado el fondo tipo 2 (moderado) que mejor se ha comportado en términos de rentabilidad. Si tomamos los datos desde el 31 de agosto de 1993 hasta el 25 de marzo del 2009, la rentabilidad nominal anualizada de este fondo de pensiones ha sido 13.96%. Esta rentabilidad es anualizada, en otras palabras, este fondo ha rentabilizado en promedio, y durante los últimos 15 años, 13.96% en soles para sus partícipes. La primera reacción es de satisfacción, ya que es una buena rentabilidad. Algunos podrían caer en la tentación de compararlo con la rentabilidad que ofrece el banco y la alegría aumentaría ante las tasas que estos publicitan, pero esto sería un error. No se puede comparar instrumentos financieros de distinto riesgo. La primera máxima de las finanzas dice: "A mayor riesgo, mayor rentabilidad". Por este mismo motivo, tampoco se podría comparar con el Índice Selectivo de la Bolsa de Valores de Lima (ISBVL), que en este mismo periodo de tiempo dio una rentabilidad de 19.59% en términos anuales.

Sin embargo, esta rentabilidad simple no es la rentabilidad real para un partícipe por dos razones: (1) en este cálculo de la rentabilidad se asume un aporte en la fecha inicial, que no se retira sino hasta el 25 de marzo del 2009. Bajo este supuesto no hay aportes cada mes y, más importante, (2) no considera las comisiones.

Si tenemos en cuenta estas dos condiciones: es decir, si asumimos desembolsos mensuales (10% de nuestro sueldo, con julio y diciembre aportando el doble por las gratificaciones) y además incluimos - como debe ser - las comisiones (aproximadamente 1.8% del sueldo), la rentabilidad real de este fondo ha sido 10.34%, lo que representa 3.62% menos. Todos estos cálculos se han realizado con datos del fondo tipo 2 (al cual pertenece la mayoría de partícipes), cuyo reglamento le permite invertir hasta un 35% en renta variable y 65% en renta fija.

Si no se puede comparar con las tasas que ofrece el banco, ni con el índice de la bolsa de valores, ¿cuál sería un buen patrón de comparación? A partir de este momento, pueden caber varias opiniones; para nosotros, un buen patrón de comparación sería la rentabilidad que hubiera obtenido un ciudadano común, si hubiera invertido el 35% de ese dinero que aportó a la AFP en la bolsa y concretamente en el índice selectivo (ahora existe la posibilidad de "comprar" índices y esta sería la alternativa más lógica para alguien que no es experto en el tema y quiere - y requiere - diversificar) y el 65% restante en un depósito a plazo, al 5% en alguna institución financiera.

Si el ciudadano común hubiera invertido los aportes a la AFP de esta forma, hubiera obtenido 12.14% en términos anuales, cifra que es mayor al 10.34% que han obtenido los gestores de nuestros fondos. Todo esto, incluyendo los costos de transacción por invertir en bolsa (comisiones a Conasev, Cavali, bolsa, agente de bolsa, etc.).

La reacción de algunos podría ser: bueno... 1.8% anual no es mucho. No hay motivo de preocupación. La respuesta podría esbozarse de la siguiente forma: si usted hubiera tenido un sueldo de S/. 5,000 soles brutos desde hace 15 años y hubiera aportado a su AFP de manera continua, al 25 de marzo tendría S/. 302,500 nuevos soles, mientras que si hubiera invertido por su cuenta y de acuerdo a la estrategia propuesta, usted tendría S/. 354,500. El ciudadano común tendría actualmente en su fondo S/. 52,000 más que con la gestión de los expertos en inversiones. No estamos hablando de un periodo corto de tiempo, donde el azar puede jugar una mala pasada, sino de una superioridad sistemática en los últimos 15 años.

Por tanto, antes de preguntarse sobre el tamaño o modalidad de las comisiones que cobran las AFP, deberían preguntarse si estas instituciones están "creando valor" para sus partícipes. Si se compara con el sistema anterior, donde el gestor era el Estado y no existían cuentas individuales de capitalización, parece que es mejor. Sin embargo, esto no es excusa para no evaluar propuestas en un sector que parece tener un margen de mejora en la gestión de nuestros fondos.

 
* Profesor de la Escuela de Dirección - Universidad de Piura. Artículo publicado en el diario Gestión, miércoles 20 de mayo de 2009.

martes, 26 de mayo de 2009

¿Qué hace Vargas Llosa en Venezuela?

¿Qué hace Vargas Llosa en Venezuela?



*Por César Reyna


Cuando era más joven, Álvaro Vargas Llosa se pintaba canas para parecerse a su padre. También se vestía igual y trataba de hablar como el ilustre escritor. Para un vástago sin talento debe ser difícil apellidarse Vargas Llosa. El parecido físico es notable, que duda cabe, pero no así el estilo que caracteriza al autor de Conversación en la Catedral y La Ciudad y los Perros. Vargas Llosa hijo usa ambos apellidos de su célebre progenitor para que la similitud sea lo más lograda posible. Vive de un nombre que le ha abierto todas las puertas, y que, si bien es suyo (porque es hijo légitimo y reconocido del escribidor), no ha puesto ni una gota de sudor para encumbrarlo.

Álvaro lo ha tenido fácil desde que nació. Fue un niño bien que disfrutó de las gollerías y de la fama de su padre. Estaba claro que su infancia no sería terrible ni conflictiva, hecho capital para formar el carácter de un buen escritor. Tal vez si Álvaro hubiera sufrido como su padre (a éste lo maltrataban físicamente) hoy tendría mejores cosas que contar en sus soporíferos libros. Él ha intentado figurar de muchas maneras ya sea participando en política, haciendo periodismo, escribiendo obras de ficción, crónicas, ensayos, etc. Su incursión en todos esos campos ha pasado desapercibida salvo para los expatriados cubanos de La Florida, donde tiene cabida y mucha aceptación cada vez que recuerda las barbaridades del Che Guevara y de los hermanos Castro.

Ahora Álvaro está en Venezuela donde participará en varios eventos “libertarios” y “prodemocráticos”. Eventos a los que también acudirá su señor padre para motivar a la desorganizada oposición de ese país. Padre e hijo, pero más el hijo que el padre, buscan provocar directamente a Hugo Chávez para convertirse en “mártires” de la democracia latinoamericana. Su intención es esa aunque Mario no cree fervientemente en la democracia pues, según se lee entrelíneas en “El Pez el agua” y de las declaraciones que dio durante la campaña de 1990, sólo los intelectuales están en capacidad de gobernar (decía que algunos peruanos eran cacasenos, palabra que Álvaro plasmó en su libro “El idiota latinoamericano”). Es común que los intelectuales desprecien esa forma de gobierno porque consideran las clases sociales más deprimidas se dejan manipular fácilmente.

Al igual que Jesús cuando ingresa a Jerusalén, Álvaro busca la reacción violenta del régimen para impulsar su figura. Álvaro sabe a lo que va de antemano, sabe que lo seguirán por las calles y vigilarán cada uno de sus movimientos. Saberse perseguido sirve a sus propósitos porque ansía la exposición mediática que recibirá cuando narre su experiencia en un nuevo libro, artículo o ensayo. Seguramente lo entrevistarán diversas cadenas internacionales, principalmente de Estados Unidos (es adicto a la CNN), y tendrá cabida en medios peruanos de derecha, los que ya han manifestado su solidaridad por la vejación sufrida ni bien arribó a Venezuela (sólo lo interrogaron un par de horas).

La expulsión lo extasiará tanto como un orgasmo masturbatorio. Apenas sienta los flashes y las luces de las cámaras en Madrid, Washington o Miami disfrutará un poco de la atención que recibe su padre. Su defensa de la libertad y la economía de mercado es vacía porque no agrega nada a lo que han dicho grandes pensadores como Von Hayek. Él no aporta ni una pizca al discurso liberal moderno. Por eso está detrás de las exclusivas y la figuración que podría generarle su visita a Venezuela.

Más que consolidar la democracia en países tercermundistas, a Álvaro le interesa salirse con la suya e imponer sus puntos de vista, es decir, su propia agenda. Si no basta recordar cuando promovió el voto en blanco en Perú cuando tuvo desavenencias con el ex presidente Alejandro Toledo. En 2001 hizo campaña junto con Jaime Bayly para boicotear el proceso electoral peruano. Su irresponsabilidad, afortunadamente, no trajo consecuencias serias pues su iniciativa no superó el 15%. Desestabilizar aún más a la frágil democracia peruana –recuperada tras 10 años de dictadura fujimontesinista- dice mucho de sus supuestas credenciales democráticas.

Tampoco hay que olvidar que recibe financiamiento de corporaciones estadounidenses y del Departamento de Estado, de ahí que su predica a favor de las libertades resulte sospechosa. El que Álvaro Vargas Llosa niegue el carácter imperial de Estados Unidos nos hace pensar que es un intelectual a sueldo o “tarifado”, como lo han calificado en Venezuela (habría que recordarle solamente la ilegal invasión de Iraq para desmentirlo).

Tras su detención en el aeropuerto de Caracas se comunicó con varios medios peruanos para dar su afligida versión de los hechos. Durante las entrevistas dijo, entre otras cosas, que “Venezuela no es una democracia porque la oposición no tiene participación en la Asamblea General (Poder Legislativo)”. Si no la tiene es porque en su momento decidió no postular para no legitimar a Chávez. Álvaro, convenientemente olvida que fue uno de los que más aplaudió esa infortunada decisión.







lunes, 25 de mayo de 2009

China no será la primera potencia mundial (segunda parte)


China no será la primera potencia mundial (segunda parte)



Este mes fueron publicadas las memorias de Zhao Ziyang, ex secretario general del Partido Comunista Chino (PCCh) y número dos en la jerarquía del país asiático. Tras su muerte, ocurrida en enero de 2005, reveló la forma en que actuó la cúpula cuando estallaron las protestas en Tiananmen. La versión oficial señala que se reprimió a un movimiento insurgente; cosa que Zhao desmiente pues los manifestantes, en su mayoría estudiantes, intelectuales y obreros, pedían reformas democráticas. Es decir, mayor apertura y transparencia, además de respeto por los derechos humanos (acabar con la prisiones políticas, la corrupción, entre otras reformas). Zhao pasó detenido en su propia casa los últimos 16 años de su vida. En sus memorias detalla las rivalidades políticas, las conjuras, la manipulación y las ilegalidades que condujeron a la declaración de la ley marcial y la matanza de cientos. Su versión es valiosa porque permite conocer, de boca de un alto dirigente, la manera en que se toman las decisiones en China. Gracias al libro (titulado “Prisionero del Estado: diario secreto del primer ministro Zhao Ziyang”), nos hemos enterado de muchos hechos que se desconocían. De su lectura se desprende que Zhao es el verdadero padre de las reformas económicas que transformaron a China pues advierte que el sistema de colectivización rural “estaba obsoleto”. Deng llevó a cabo las reformas ante la evidencia presentada por Zhao. Su caída en desgracia no solo se debe a su tenaz oposición a usar la fuerza contra estudiantes movilizados alrededor de la Plaza Tiananmen, sino por creer que China debía encaminarse hacia una democracia parlamentaria de tipo occidental –algo que los dirigentes actuales rechazan porque consideran que el sistema del partido único es el mejor posible para los chinos-. Zhao opina que “será imposible” solucionar problemas “como la corrupción rampante y la creciente brecha entre ricos y pobres (campo-ciudad) ni materializar el gobierno de la ley”. Sus críticas son más que válidas porque provienen de una persona que conoció el proceso político interno. Lo que nos está diciendo Zhao desde la tumba es que el actual modelo chino es inviable, a pesar de que los líderes del partido sostengan lo contrario.

El crecimiento chino no es sostenible por varias razones. Las ambientales son una de ellas, pero también porque llegará a su techo o fin (como ocurrió hace más de una década con Japón, del que también se decía que superaría a Estados Unidos). Hoy en día el incremento del PBI chino se debe al gasto estatal en infraestructura y al aumento de los subsidios para las clases más empobrecidas, que son la mayoría en China. China crece básicamente porque tiene un colosal déficit en obras públicas con respecto a occidente. Es decir, no tiene suficientes redes viables, hospitales, escuelas, puentes, represas, puertos, etc. El impulso que se le da a ese tipo de proyectos debe cesar cuando China haya conseguido intercomunicar gran parte de su territorio. La modernización del país no puede ser eterna ya que no se pueden construir más carreteras de las que se necesita. En el presente aún debe culminar de obras gran envergadura como la represa de las Tres Gargantas
[1], que contiene las aguas del río Yangtze. La construcción de la enorme hidroeléctrica supuso el desplazamiento forzoso de 2 millones de personas a las que no se indemnizó debido a la corrupción y la malversación de fondos, un mal que denunció Zhao en vida y lastra el desarrollo de China.

El tema ambiental desnuda la evolución de su crecimiento pues se hizo a un enorme costo social y ecológico. Su industria es obsoleta e ineficiente en lo que a consumo de energía se refiere. Sus deficiencias impiden que el gigante de 1300 millones de habitantes se convierta en el 2032 o 2050 en la mayor potencia mundial. Para Lester Thurow, del Massachussets Institute of Technology, China miente cuando sitúa su crecimiento industrial entre el 10 y el 11%. El informe demuestra que esas estadísticas son incompatibles con los índices objetivos de consumo chino de electricidad, comparados con cifras históricas de desarrollo en otras partes del mundo. El verdadero crecimiento chino se sitúa entre 4,5 y 6% anual. “Esos porcentajes nunca le permitirán transformarse en una superpotencia durante este siglo”, concluye. China ya es el mayor generador de emisiones de dióxido de carbono
[2] porque sus plantas de energía queman ese mineral. En 2006, consumió aproximadamente 2400 millones de toneladas de carbón (más que Estados Unidos, Japón y Gran Bretaña juntos). A fin de mantener su ritmo de su crecimiento y sin energías alternativas, el país duplicará esa cifra los próximos años[3]. Varios estudios internacionales estiman que la degradación ambiental[4] cuesta anualmente a la economía china entre el 8 y el 12% de su PBI.

En esas condiciones, el crecimiento chino es un auténtico bluff y el peligro de una explosión social cada vez más serio. Según la OIT, el desempleo asciende al 30%. Por otra parte, más del 90% de la población no tiene ingresos suficientes para consumir. Los subsidios del Estado ayudan a muchos pagar la renta de sus departamentos y a cubrir las tarifas de energía eléctrica. En el campo el mayor consumo de bienes duraderos como televisores, lavadoras, refrigeradoras, que mejoran la calidad de vida de las poblaciones más deprimidas, se da porque el Gobierno les ha proporcionado un bono para que adquieran esos bienes (producidos indudablemente en China para compensar la pronunciada caída de sus exportaciones). Esto revela que los chinos no viven directamente de sus ingresos sino de las ayudas estatales. Gran parte de su clase media es subsidiada para mantener el crecimiento y evitar protestas sociales.

El tamaño de su economía está sobrevalorado en un 40% para el Fondo Monetario Internacional en términos de la paridad de poder adquisitivo, que se calcula tomando como base el PBI per cápita y el costo de la vida en el país. Para el organismo multilateral, el costo de la vida en China es más alto de lo que reflejan estadísticas anteriores. Ese nuevo resultado obliga a reevaluar el número de sujetos que viven por debajo de la línea de la pobreza. El ingreso promedio es de 4.091 dólares, el 10% de un consumidor norteamericano. El objetivo de crear una "sociedad armoniosa" definido como meta por el presidente Hu Jintao expresa la urgencia política por sosegar crecientes niveles de conflictividad social difícilmente controlables en el medio rural.

Otro hecho destacable es que China no capta talentos. La mayoría de profesionales y científicos prefieren desarrollarse en occidente porque cuentan con mayores libertades y afinidad cultural. El idioma y las costumbres del país representan verdaderas barreras para atraer capital humano. Si bien miles de chinos acuden a universidades occidentales cada año (maestrías, postgrados y doctorados), también es cierto que muchos de ellos no regresan inmediatamente porque reciben mejores ofertas de trabajo. Los que regresan para contribuir con la economía de su país lo hacen después de haber pasado sus mejores años, su etapa más producitiva, en el extranjero. Esto complica la modernización china.

El que China no posea una industria cultural fuerte –es prácticamente inexistente, salvo la desarrollada en Hong Kong cuando fue colonia británica- representa otra desventaja de cara al futuro. Sin presencia en los medios masivos, es decir, en el campo de las producciones cinematográficas, editoriales, musicales, televisivas, informativas, radiales, etc., será incapaz de influir en los patrones de consumo global. Mientras esté rezagada nunca podrá dar a conocer realmente sus logros y costumbres al resto del mundo. Poseer una industria cultural es vital para difundir valores, conductas e imponer tendencias a largo plazo. A través de los medios, muchos consumidores saben qué representa el sueño americano y están muy familiarizados con decenas de marcas estadounidenses. La industria cultural es fundamental para posicionar a un país o sistema en el imaginario colectivo. El comunismo y el nazismo fueron derrotados con ayuda de propaganda subliminal en dibujos animados, series y películas en las que se difundía el perverso estereotipo de los enemigos de turno, en ese caso, de los soviéticos y los nazis. Tanto Disney como Hollywood han servido a ese propósito en tiempos difíciles (como en la Segunda Guerra Mundial o la Guerra de Iraq), en los que se debía proyectar una imagen triunfadora y convincente de que la causa (de la ofensiva) era justa. Pero China no puede hablar de las bondades de su modelo mientras no ejecute reformas importantes en materia de derechos humanos y medio ambiente.



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[1] A pesar de los 27 mil millones de dólares que costó y ser la mayor del mundo, la represa de las Tres Gargantas producirá para 2010 sólo el 2 por ciento de la electricidad de China.

[2] El Organismo Internacional de Energía pronostica que en 25 años China "emitirá el doble de dióxido de carbono que todos los países industrializados”.

[3] Según Paul Krugman, “las emisiones de China, que proceden en su mayoría de las centrales eléctricas en las que se quema carbón, se han duplicado entre 1996 y 2006. Este ritmo de crecimiento ha sido mucho más rápido que en la década anterior. Y la tendencia parece que va a mantenerse: en enero, China anunciaba que planeaba seguir dependiendo del carbón como su principal fuente de energía y que, para sostener su crecimiento económico, aumentaría la producción de carbón en un 30% de aquí al año 2015. Ésta es una decisión que por sí sola contrarrestará cualquier reducción en las emisiones que se lleve a cabo en cualquier otro sitio”.

[4] En China, los accidentes y desastres causan más de un millón de víctimas al año. Según Wang Jikun, alto funcionario del Ministerio de Seguridad Pública, el año pasado 1,75 millón de personas resultaron heridas y murieron 210.000. Las pérdidas económicas ascendieron a US$ 80.150 millones, o sea 6% del PBI. Esto significa que cuando China señala un crecimiento del 8 o 9%, en realidad es solamente un 2%. Esto constituye ciertamente un caso de mayor prisa y menor velocidad.


viernes, 22 de mayo de 2009

China no será la primera potencia mundial (primera parte)


China no será la primera potencia mundial (primera parte)



China no es una economía de mercado como nos quieren hacer creer pues no existen libertades. Hacer empresa es fácil si se cuenta con el visto bueno de los dirigentes del partido. No hay libre circulación de ideas, ni libertad de prensa ni de expresión. Se oculta mucha información sensible porque las autoridades solo desean proyectar una visión amable de China. La falta de transparencia hace que los gobernantes exageren sus éxitos y minimicen sus problemas. En muchos aspectos es un gigante con pies de barro.
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Por César Reyna



A pesar de las estimaciones y pronósticos de varios centros de investigación y analistas independientes, creemos que China no superará a Estados Unidos este siglo. Una serie de variables condicionan y limitan su vigoroso crecimiento registrado durante las últimas décadas. China llegará a un techo y se estancará si es que no da otro salto que haga sostenible su desarrollo. Las reformas económicas emprendidas por Deng Xiaoping, que ayudaron a sacar a millones de chinos de la pobreza y a integrarlos a la economía de mercado, no serán suficientes a menos los gobernantes realicen cambios en varios campos en los que China es estructuralmente débil.

El primer condicionante que conspira contra las ambiciones de China es su falta de innovación tecnológica. El gigante asiático no ha inventado prácticamente nada desde la pólvora. En el pasado realizaron muchas innovaciones que cambiaron el mundo como el papel (también atribuido a los egipcios), la seda, la brújula, la tinta, etc. Pero desde hace siglos los chinos parecen haber perdido el hilo de la de la creatividad porque sólo copian productos extranjeros. Así nunca podrán alcanzar a las naciones más desarrolladas del globo ya que dependen de lo que éstas investiguen y patenten para exportarlo al resto del mundo. Si venden productos de alta tecnología es porque muchas empresas japonesas, surcoreanas, europeas y norteamericanas se han instalado en su territorio para producir a bajos costos y ganar una tajada de su mercado. China no tiene marcas posicionadas y reconocidas a nivel mundial como sus rivales japoneses, europeos o estadounidenses. Si bien es cierto que el “made in China” está estampado en una gran cantidad de productos; también es cierto que en su mayoría son fabricados bajo licencia de importantes trasnacionales foráneas.

Lo que China sí hace muy bien, en cambio, es piratear, pues fomenta esa ilícita actividad. Las autoridades de la potencia emergente no hacen nada para controlar la violación de derechos de autor y de propiedad industrial porque le resulta más fácil plagiar que inventar algo nuevo o mejorar lo existente. La permisividad no es accidental toda vez que la piratería y el robo de secretos industriales se han convertido en la forma en que China busca reducir la brecha de conocimiento con occidente. Esta estrategia puede ser contraproducente a mediano o largo plazo pues podría ser sancionada. Según Giles Merritt, editor de la revista de políticas públicas Europe’s World, “la piratería intelectual, asi como las denuncias acerca de la falta de seguridad de los productos, fácilmente podrían terminar en llamados a establecer nuevas y estrictas barreras comerciales”.

China depende tecnológicamente de sus vecinos Taiwán, Corea del Sur y Japón, y de Estados Unidos, porque desarrollan los chips que necesitan las cámaras de fotos, teléfonos móviles, televisores de plasma, computadoras, etc., que se ensamblan en sus insalubres fábricas. Básicamente las firmas chinas son subcontratistas, es decir, se dedican a la tercerización manufacturera pues se encargan de unir componentes de productos de diseño occidental. Esta dependencia hace que el crecimiento de sus exportaciones esté supeditado a los saltos tecnológicos que se originen en otras partes del planeta.

El segundo elemento que pone en ciernes su protagonismo es que su economía depende mucho de las exportaciones y no de su demanda interna. A pesar de que Beijing ha lanzado un gigantesco paquete de estímulo para contrarrestar los efectos de la crisis económica e incentivar el consumo interno (en las provincias más atrasadas), el esfuerzo no será suficiente para modificar la composición de su economía. Las exportaciones representan poco más del 40% de su Producto Bruto Interno. Ese nivel, por ejemplo, está muy por encima de la porción que corresponde al comercio en Estados Unidos pues no llega al 20% de su producción general. En Europa el porcentaje es mucho menor a su demanda interna como en el caso norteamericano. China tiene la tarea pendiente de crear un consumo fuerte para compensar la caída de sus exportaciones, ya que, en el presente año, se han reducido en 26%, lo que ocasiona mayor desempleo en sus ciudades.

Para revertir esta situación, China debería tener multinacionales que incursionen en el ámbito de los servicios financieros, contables, publicitarios, legales y el desarrollo de software. Mientras no dé ese paso será una economía rezagada y altamente dependiente de los vaivenes del comercio mundial. Sin trasnacionales de peso no podrá diversificarse ni expandirse. Por el momento sus empresas solo tratan de asegurar el suministro de materias primas como minerales, petróleo y soja a través convenios con empresas estatales y gobiernos extranjeros, pero no ha avanzado lo suficiente (aunque ya han comenzado a desarrollar de proyectos de infraestructura más allá de sus fronteras, sobre todo en África). La razón para dinamizar y cambiar la estructura de su economía radica en que los empleados de firmas de servicios ganan más que los que trabajan en el sector manufacturero. Sus autoridades deben comenzar dicha transformación si desean mejorar el ingreso per cápita y aumentar el tamaño de su clase media.

Su auge, que no podría ser replicado en otras partes del mundo, salvo en la India por el tamaño de su población, se sustenta en la explotación del trabajador chino y en la devaluación del yuan. Los obreros chinos no ganan más de 8 dólares por una extenuante jornada de 16 horas. Muchos obreros vienen de las provincias más pobres y terminan reclutados en las factorías urbanas. La diferencia de sus ingresos con los de la clase más pudiente incrementa la desigualdad y podría poner de cabeza al modelo. China está sentada sobre un barril de pobreza de 800 millones de chinos que podría estallar si no se les brinda servicios básicos (salud, educación e infraestructura) mientras son incorporados a la economía de mercado.
En China no existen derechos laborales, sindicales (los sindicatos pertenecen al Partido Comunista) ni condiciones mínimas de trabajo. La tercera economía del mundo se basa en el "dumping social" para ser más competitiva, es decir, en el abaratamiento del factor trabajo (humano) para producir a bajo costo. El descuido de las condiciones sociales y laborales (como la salud y seguridad del trabajador) es intencional en la medida que genera ahorros a las empresas. Por eso China es considerada un "paradigma" para la inversión.

La dimensión del Estado Chino representa otro problema pues, a medida que crece desmedidamente, resta participación al sector privado. Beijing no solo concede subsidios a sus exportadores e industrias locales, sino que controla muchas empresas dedicadas a la explotación de recursos naturales, construcción de infraestructura y de energía. A través de la Banca de Nacional de Fomento financia las actividades de sus compañías, las que son, en la práctica, verdaderos brazos o anexos de la política estatal. Por ese motivo no se puede reconocer que China sea una “economía de mercado” pues incumple requisitos esenciales para obtener dicha calificación (el Perú le reconoció dicha condición porque quería cerrar a como de lugar su TLC).
En cuanto al yuan, Estados Unidos alega que está subvalorado. Beijing fijó hace mucho tiempo el tipo de cambio de su moneda (con respecto al dólar) para promover sus exportaciones. Así logró captar mucha inversión extranjera de la que también es dependiente. Para deshacerse de los dólares que ingresaban, Paul Krugman, último Premio Nobel de Economía, dijo que China comenzó a comprar Bonos del Tesoro (Bonos T). De esa forma acumuló una gran cantidad de dólares que le dan poco rendimiento ya que las tasas de la Reserva Federal se encuentran cercanas al cero. Pero más allá de esta gran acumulación de la divisa norteamericana que no generan dividendos (más de 2 billones); la devaluación del yuan debilita tremendamente al consumidor chino pues afecta su poder de compra (su poder adquisitivo). China se encuentra en una gran encrucijada pues nunca podrá crear una clase media fuerte si sigue debilitando artificialmente su moneda.


Este trabajo continuará y será actualizado.