¿Existen falsos curanderos? ¿Hay curanderos verdaderos, es decir, sujetos capaces de manipular la voluntad de terceros? ¿Puede ser lícito exigir ante el Poder Judicial que un brujo cumpla su palabra de atraer al ser amado?
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Por César Reyna
De existir la brujería muchos seríamos títeres o juguetes de inescrupulosos versados en el arte de la magia negra. No asombra que gente incauta y desesperada acuda a los shamanes en busca de ayuda para superar dificultades amorosas, financieras o de salud; pero sí que se denuncie ante las autoridades sus incumplimientos.
Este es el caso de un hombre angustiado que decidió denunciar por estafa a un ‘falso’ curandero porque no hizo realidad sus peticiones sentimentales. Lorenzo Villafana Cotos, el amante no correspondido, entregó más de 7 mil soles a Pedro Luis Yataco Ramos, ‘El Piurano’, para que remediara los males de su sufrido corazón. Según diversos medios informativos, Yataco se hacia pasar por un ‘espiritista’ reconocido, como si su oficio tuviera algún valor legal. ¿Acaso se expiden títulos a nombre de la nación para ejercer de brujo? ¿Qué certificado se necesita para ser un profesional del hechizo, el vudú o la macumba?
¿Puede acaso la Justicia declarar admisible una denuncia por estafa porque alguien no cumplió con retener a la pareja de su cliente? A mi modo de ver no hay forma de exigir esa pretensión a menos que un juez piense que la magia rige el destino de las personas. Si los poderes del más allá fueran reales un hechicero no tendría problemas en hacer que nos saquemos la lotería cada fin de semana o sanarnos de enfermedad incurable para la ciencia.
¿Si a los shamanes se les atribuye la capacidad de afectar nuestra conducta acaso no estarían cometiendo un delito porque interfieren con nuestras decisiones? ¿Torcer la voluntad de alguien, aunque no medie la amenaza ni la coacción, no violaría acaso nuestra individualidad? Afortunadamente los ‘espiritistas’ no tienen ese poder, sino las agencias de publicidad y los partidos nos harían comprar lo que no queremos y votar por políticos indeseados, aunque eso ya viene sucediendo en la práctica sin recurrir a la magia.
‘El Piurano’ atendía en un consultorio en el distrito de Jesús María. Según el estafado, éste le prometió resultados inmediatos pero sólo le sacó la mayor cantidad posible durante varios meses. Al percibir su desesperación le fue fácil convencer al desconsolado sujeto de su experiencia en los ‘amarres’.
Afirmar que Pedro Yataco se hacía pasar por curandero puede hacer creer a algunos que existen individuos capaces hablar con espíritus y pueden afectar nuestro comportamiento mediante conjuros, rituales y pócimas extrañas.
De ser cierto lo anterior, quizá Indecopi debería tomar cartas en el asunto ya que ‘El Piurano’ no cumplió con recuperar al ser amado en menos de 48 horas, incurriendo en publicidad engañosa. Me pregunto qué tribunal se atrevería a hacer el ridículo procesándolo.