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martes, 25 de agosto de 2009

Eva Bracamonte y Liliana Castro: A llorar a otra parte!


Por César Reyna



El televidente que se enganchó con la emisión del lunes del programa `Prensa Libre` conducido por Rosa María Palacios difícilmente podrá olvidar el llanto premeditado de Eva Bracamonte y Liliana Castro Mannarelli. La reacción de las dos chicas frente a las cámaras no fue espontánea pues su abogado seguramente les sugirió que se mostraran más humanas y no tan frías, como si nada estuviera pasando.







El derrumbe emocional fue ensayado para sensibilizar al público y tratar de ganar algunos puntos en el terreno mediático. Si brotaron lágrimas de demás fue por el temor de ir a la cárcel pues estarían viviendo sus últimos días de libertad. Durante tres años vivieron un idilio puro en la casa donde se cometió el crimen. Eva, sin remordimiento alguno, duerme en el cuarto que ocupó su madre (resulta nauseabundo pensar que en el mismo lecho de muerte de su progenitora mantiene tórridos encuentros con la Mannarelli).

Cualquier otra persona hubiera vendido la residencia si sus ambientes le producen malos recuerdos o clausurado definitivamente la habitación en señal de duelo. Cuesta mucho entender cómo alguien puede conciliar el sueño en esa recamara a menos que haya estado involucrado en el asesinato.


Eva no sólo quería deshacerse de su físicamente madre sino encarnarla, es decir, sentirse dueña de todo lo que ésta poseía. Al instalarse en su antiguo cuarto se convirtió automáticamente en la nueva señora de la casa. Por eso más que un novelón o culebrón mexicano, el Caso Fefer tiene tintes griegos y shakesperianos porque es una cruda tragedia.


Su hermano menor, Ariel Bracamonte, sólo pudo observar con horror e indignación las declaraciones de su hermana y la cómplice de ésta como si fuera Hamlet. La impunidad con la que ambas se despachaban al hablar e inculpar a los demás, especialmente a Ariel Bracamonte y al abogado Pinkas Flint Blanck, las convierte en seres casi irreales de los que solamente se ha oído o sabido por los mitos helénicos o por las obras del mayor dramaturgo inglés.


Eva parecería ser la autora intelectual ya que nunca se preocupó por investigar el asesinato y volvió a la normalidad con suma rapidez. Que alguien se recupere casi inmediatamente de una pérdida no implica necesariamente aplomo y madurez, sino más bien dar por concluido un acto o papel que ya no es necesario representar: el de hija doliente y abatida.


Su período de duelo fue demasiado corto para una persona que vio a su madre bañada en sangre al amanecer. A Myriam Fefer no la mató una bala perdida ni fue víctima de un asalto en callejero, sino que fue ahorcada mientras sus hijos dormían en el segundo piso.


La naturaleza del crimen revela que el móvil fue el odio: un odio que se implantó hace tiempo en el corazón de Eva, y fue gestándose con detalles, coartadas y artimañas en la mente de la Mannarelli. Eva no pudo haberlo hecho sola pues reconoció su incapacidad al decir que sin Liliana "la inmobiliaria ya habría quebrado".


En otra parte de la entrevista Liliana dijo que no era una “mantenida” porque trabajaba en la empresa de Eva, en la que “se encargaba de la parte administrativa” pese a no tener conocimientos gerenciales ni contables. Su única experiencia era haber trabajado desde los 10 años vendiendo limonadas en la puerta de su casa y sirviendo como mesera en algún pub o restaurante de lujo. Con esas “credenciales” se presentó en el programa de Rosa María Palacios para justificar su jugoso sueldo.


También dijo, entre otras cosas, que “se valía por sí misma” y que se repartía “los gastos de la casa con Eva”. Bueno, ¿cómo no se va a valer por sí misma si cobra dividendos periódicamente de la empresa y recibe un pago mensual? Con su corta o nula experiencia y sus dos ciclos de universidad, ninguna firma respetable la contrataría para dirigir un negocio. Debido al cargo ostenta en la inmobiliaria, ahora resulta que la Mannarelli le paga el sueldo a su compañera y heredera incapacitada.


Otro asunto que llamó la atención fue la treta de (Eva de) irse a vivir a Israel para enrolarse en el Ejército luego de haberle dado un poder a su madre para que custodie sus bienes (las acciones, inmuebles y cuentas bancarias que recibió de su abuelo). Todo ello fue preparado para que hacerle creer a las autoridades que mantenía buenas relaciones su madre, ya que no es posible imaginar que una chica floja e indisciplinada como Eva decida someterse al duro entrenamiento de las fuerzas israelíes. ¿O es que alguno de ustedes la imagina subiendo colinas en el desierto de Negev o patrullando con su Galil semiautomàtico un cruce fronterizo en Gaza?



Periodismoperu informó así:

El misterio por la muerte de la empresaria Myriam Fefer y que terminó enfrentando a sus hijos Eva y Ariel Bracamonte, tomó ribetes de una telenovela luego que ayer los principales protagonistas de este entuerto se presentaron en el programa "Prensa Libre" de Rosa María Palacios.

En el diálogo Eva rompió en llanto y desesperación al rechazar que haya ordenado la muerte de su madre a un sicario que hoy permanece en Argentina.

"Para mi es muy difícil de entender que sea tan incomprensible que alguien acompañe a alguien...Osea yo no puedo entender que sea más fácil pensar maté a mi mamá, con Lily..no existe en mi cabeza la posibilidad de creer eso...Ella es la persona más buena del Mundo", dijo Eva Bracamonte al rechazar la denuncia fiscal y el pedido de detención en su contra y el de Liliana Castro Manarelli, su ex pareja.

Bracamonte también dijo que Castro Manarelli moviliza hoy las empresas que heredó de su fallecida madre. "Ella hace todo, ella moviliza todo. Se lo merece mucho más que yo", agregó en referencia a su ex pareja.

A su turno Liliana Castro rechazó que ella esté detrás del crimen de Myriam Fefer y menos un interés por la fortuna de la familia.

"Cuando mataron a su mamá yo me acerqué a ella...Yo nunca pensé en quedarme allí, o que se enamore de mi o me quiera, fue todo un proceso..En ningún momento yo pensé en ganar algo", aclaró.

Pero luego Liliana Castro también derramó lágrimas, porque ahora las autoridades están involucrando a su familia en el crimen de Myriam Fefer.

Al final de la entrevista con ambas, la conductora de Prensa Libre les dijo: "muchísimas gracias a ustedes dos yo se que ha sido una entrevista difícil, porque han terminado llorando más de lo que yo hubiera querido".

ARIEL AGUANTA. Minutos después, Ariel Bracamonte, vía microndas dijo que su hermana no derrama lágrimas por el asesinato de su madre, sino por la desesperación de ser llevada a prisión.

Ariel entró también en desesperación y sostuvo que "hay demasiadas pruebas" pero lamentablemente no se hace nada.

"Como le podemos dar cabida a dos personas que mienten...Ella (Eva) se hace la pobrecita como ha hecho ahora (al llorar en TV)", remarcó.

Finalmente Ariel Bracamonte dijo estar indignado, por ello ahora espera que el Poder Judicial resuelva este caso de una vez por todas.