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sábado, 1 de agosto de 2009

Miss Perú y La Diablada



Por César Reyna


La queja presentada por el Ministerio de Cultura de Bolivia contra la Miss Perú, Karen Schwarz, por apropiarse de un símbolo “exclusivamente” boliviano carece de todo sentido. Tal vez a las autoridades del país altiplánico no les haya agradado que una mujer peruana de apellido alemán exhiba un traje inspirado en ‘La Diablada’, una danza tradicional que no sólo forma parte del patrimonio cultural de Bolivia, sino también del Perú y de Chile.

Quizá los funcionarios del país mediterráneo han querido ocultar con la protesta la protección que brindan a un presunto terrorista peruano vinculado al MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), y que hasta el 2007 fue asesor del presidente Evo Morales. El personaje en cuestión se llama Walter Chávez y acaba de realizar una aparición pública en una reunión donde evaluó el desempeño del Gobierno boliviano. El Perú ha pedido su extradición pero Bolivia se niega aduciendo que goza del estatus de refugiado desde la década pasada.

El Instituto Nacional de Cultura de Perú ha dejado muy claro que ‘La Diablada’ es una expresión popular constituida por diversos elementos como la música, el baile, la vestimenta y la coreografía que confluyen para rendir homenaje a la Virgen de la Candelaria el 2 de febrero, patrona de la ciudad de Puno. La festividad tuvo su origen en el Virreinato del Perú a mediados del siglo XVI en Oruro, que actualmente pertenece a Bolivia (por eso los bolivianos se adjudican esa danza como suya). En Perú ha sido reconocida como Patrimonio Cultural de la Nación desde el año 2003.

Bolivia no puede sostener que nuestra representante al certamen de Miss Universo se apropió de un elemento que no le corresponde porque en el comunicado emitido por la institución boliviana se reconoce que ‘La Diablada’ ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el 2001. Esto quiere decir que no sólo le pertenecería a Bolivia sino a todo el mundo.

La susceptibilidad boliviana sobre símbolos que son comunes con otros países revela un chovinismo exacerbado e inculto a la vez pues se desconoce que ‘La Diablada’ no pertenece a un solo país, sino a la región del Altiplano. El grado de animadversión que algunos funcionarios bolivianos manifiestan cuando hablan de sus vecinos o de otras culturas, sobre todo la occidental, es fruto de un profundo resentimiento acumulado que recién encuentra vías de escape desde el poder. Empujadas por sus dirigentes, las clases oprimidas de Bolivia han vuelto a revalorar lo suyo; pero también se ha acentuado el desprecio por lo ajeno. Este rechazo a influencias culturales externas ha hecho busquen su identidad únicamente en sus raíces y expresiones autóctonas. Apartarse de todo lo exterior es fundamental para conseguir la pureza del indio o del aymara nativo. El proceso de revalorización de lo nacional -llevado a cabo por Evo Morales- explica el despropósito cometido contra nuestra reina de belleza.

El atropello pudo evitarse si los bolivianos conocieran mejor su pasado. Si su acusación fue por desconocimiento podría remediarse expresando las disculpas del caso; pero si hubo premeditación en sus críticas contra nuestra Miss ellos son los que estarían de apropiándose de ‘La Diablada’.