viernes, 12 de junio de 2009

Crisis política en Perú: La camarada Meche



La camarada Meche
SEMBLANZA DE LA MINISTRA DEL INTERIOR DE PERÚ



Por César Reyna


La ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, se está ganando la fama de reaccionaria a raíz de los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Bagua Chica, en la región de Amazonas. La también congresista del Apra es la principal defensora de la política represiva y neoliberal del Gobierno. La conflictiva situación de los últimos días la ha desbordado por completo pero no piensa renunciar porque actuó “de acuerdo a ley” y “en defensa de la democracia (¿?)”. Los veinticuatro muertos de la Policía Nacional y el maltrato que se le dio los deudos de los oficiales y suboficiales caídos –que no recibieron condolencias presidenciales ni ministeriales- no la inmutan. Las bajas de veinticuatro efectivos hubieran producido un terremoto político en un país más civilizado y democrático, pero aquí no, no en el Perú, porque los funcionarios poseen una coraza a la que no le entran ni críticas ni balas porque está blindada por el cinismo.

Mientras ella se dedicaba a buscar la bandera de un grupo de pandilleros de la “U” (Universitario de Deportes), el conflicto en la selva se agravaba día a día. Las carreteras estaban tomadas desde hace varias semanas, asi como diversas vías fluviales y algunas estaciones de gas y petróleo en la Amazonía. El resto del país parecía no enterarse de lo que sucedía pues el Gobierno se encargaba de desinformar a la población y minimizar la protesta indígena. Mientras la ministra iba al viejo Lolo Fernández, emblemático estadio de la U, a devolver una bandera a la barra del conjunto crema que había sido mancillada por sus archirivales de Alianza Lima... los desmanes comenzaban a estrangular a varias ciudades del interior porque escaseaban alimentos, combustibles y medicinas. Lo que pasaba a unos mil kilómetros de Lima no parecía importarle mucho ni tampoco al resto de Gabinete enfrascado en impedir la propagación de la gripe A/H1 N1 que trajeron un grupo de estudiantes de colegios privados cuando retornaron de las paradisíacas playas de República Dominicana.

El paro de 60 tribus de la selva aún estaba lejos de desvelar a las autoridades, quienes seguramente tenían otras cosas que hacer como presentar estadísticas tramposas que arrojaban crecimiento cuando la realidad económica reflejaba contracción.

Meche Cabanillas ingresó al ministerio en reemplazo de un ex general incompetente y corrompido. No se esperaba gran cosa de ella ya que no es experta en temas policiales pese a haber presidido la Comisión de Defensa del Congreso. Con el correr del tiempo y tras los funestos enfrentamientos con nativos que enlutaron al país, especialmente a la familia policial, se ha convertido en la versión femenina del parlamentario aprista Mauricio Mulder, quien difícilmente podía ser superado en insensibilidad, ausencia de raciocinio, sadismo expresivo y verborrea. La Cabanillas se muestra inflexible y algunos periodistas limeños la han comparado con Margaret Thatcher, la ‘dama de hierro’, pero más se parece, por su dureza y crueldad, a Elena Yparraguirre, la camarada 'Miriam', ex cabecilla y amante del fundador de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán. El parecido entre ellas es notable, y no solo por su personalidad, sino por su físico, pues exhiben marcas de acne mal curado durante su juventud y se arreglan de la misma manera. Entre una y otra casi no hay diferencia ya que son mujeres recias y enceguecidas por la obediencia a su líder, que en el caso de la Cabanillas no es otro que el presidente Alan García.

Ella protege con tanta vehemencia al mandatario y su política de Gobierno, que fue capaz de sacrificar a una veintena de policías retenidos desde hace varias semanas en una estación de Petroperú, la petrolera estatal. No es extraño que Cabanillas demuestre intolerancia contra las demandas de grupos opuestos al modelo de su presidente pues sirvió durante la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado. Ella ve los mismos fantasmas que intranquilizan García y acusa a la oposición de actuar en complicidad con países extranjeros que quieren minar nuestra democracia.

Hasta ahora, como era de esperarse en nuestra infantil clase política, no ha asumido ninguna responsabilidad en el manejo de la crisis y la sangrienta toma de la Curva del Diablo (en la carretera que conduce a Bagua). Las explicaciones brillan por su ausencia cuando le preguntaron por el desastroso operativo que ella "no ordenó", según confesó al diario La República, para recuperar el orden. La ministra cedió inexplicablemente la iniciativa al comando de la policía. Como en tiempos en que el terrorismo imperaba en la sierra central y parte de la selva baja durante los 80’, el Ejecutivo se lava las manos confiando en el juicio de generales que no están preparados para dialogar con nativos enfurecidos y radicalizados. Confiar en la discreción de jefes policiales implica renunciar a la dirección que emana del cargo que asumió cuando prestó juramento. La ministra no puede decir que no sabía cómo se realizó la operación ni mucho menos que no la aprobó en una entrevista publicada el día de ayer (11-05-2009) por La República. Días atrás, cuando el diario El Comercio reveló que las cabezas del ministerio tuvieron acceso a un informe de inteligencia que advertía las capacidades armamentísticas de los nativos, ella dijo que su despacho jamás lo recibió. Sin embargo, en la última entrevista afirma haberlo leído, pero no le dio gran importancia porque “no era muy detallado”. El desconcierto es total para cualquiera que haya seguido el curso de los acontecimientos toda vez que la funcionara aseguró que no tenía conocimiento de la información que publicó El Comercio.

Más que una burócrata, Meche Cabanillas parece una fanática que sólo piensa en resolver los graves problemas del país con más violencia y represión. Esto equivale a echarle gasolina a una planta de combustibles que se está incendiando. Su gestión ha degenerado tanto en estos días que difundió un perverso spot televisivo en el que mostraba a los indígenas como terroristas y salvajes (sin reparar que muchos de ellos pelearon valientemente contra el Ecuador y el senderismo sanguinario). Los pobladores amazónicos eran presentados como intransigentes y contrarios al modelo de desarrollo que preconiza el señor García.
Sus respuestas nos dejan bastante perplejos pues tanto ella como el presidente se desentendieron del asunto al encomendarle a las fuerzas del orden la solución de la crisis, la que, desde luego, debía ser política pues se originó cuando el Ejecutivo dictó normas inconsultas. Cabanillas parece una convidada de piedra pues la policía no necesitó su aprobación para despejar la convulsionada carretera. Cuando se le piden detalles no responde y pasa inmediatamente la pregunta al director de la policía (al teniente general Sánchez Farfán). Lo más gracioso es cuando dice que ella “no es la más indicada” para relatar la operación. Si ni siquiera está para eso, es decir, para contarle a la opinión pública por qué murieron tantos policías y qué salió mal cuando se ejecutó el operativo, no vemos mayores motivos para que siga despachando en la cartera de Interior. La incompetencia de la Cabanillas es absoluta, casi tan grande como la del premier que la designó bajo presiones de García.

Algunos medios cercanos al Gobierno refieren que antes del 5 de junio, fecha en la que se produjeron las muertes, la Cabanillas recibió un jalón de orejas del presidente pues este le exigía mayor energía y determinación “contra los revoltosos de la selva”. La reprimenda surtió efecto instantáneo pues dejó salir una personalidad aterradora para la democracia y los derechos ciudadanos. La Meche que ahora tiene a su cargo la seguridad interna del país actúa antes de pensar. No se puede razonar con ella como si fuera el Exterminador enviado a asesinar a John Connor y a su madre. No piensa porque ha reemplazado los sesos por el músculo de la maquinaria uniformada. Las manifestaciones se disuelven sin chistar asi hayan mujeres y niños indefensos en la turba. En ese estado, bajo la influencia de instintos primarios, es imposible que pueda dialogar con sus interpeladores pues se debe primero a la supervivencia. Como está amenazada con la expulsión del Gabinete complace a García en todo lo que este le pide: más firmeza y decisión. Por él es capaz de llegar al absurdo (como decir que como estuvo en Lima, lejos de los incidentes, no se le puede culpar de nada) y mostrarse indolente porque esa es la imagen que debe proyectar. Debe ser fiera e implacable como las plagas que azotaron a Egipto o la temida Luftwaffe durante la Segunda Guerra Mundial.

El propósito del régimen es ser temido por sus oponentes en los últimos años que le quedan. Trata de no exhibir fisuras o señales de debilidad para mantener o superar el 30% de aprobación que le confieren algunas encuestas. No quiere pasar por el calvario o vía crucis que padeció el ex presidente Alejandro Toledo, a quien tanto desestabilizó el Apra para provocar su vacancia.

Lo que más teme Alan García es perder el control cuando faltan dos años para entregar el poder. Su ego le señala que no debe perder lo avanzado hasta ahora para lavar su desastrosa imagen. La historia le interesa mucho a García porque desea enmendar los horrores de su pasado (de su primer mandato). Para lograrlo apela al olvido de los peruanos y la buena gestión basada en el “crecimiento” sostenido de la economía y en la reducción de la pobreza. Su meta es terminar de la mejor manera posible. Llegar al 2011 sin sobresaltos es imprescindible para consolidar su legado y entregar el país en un mejor estado del que lo recibió. La supervivencia del aprismo depende de este último tramo pues, con toda seguridad, no ganarán las presidenciales –no tienen un candidato fuerte- aunque aspiran a mantener una participación significativa en el Parlamento. Por eso los líderes apristas no admiten autocríticas ni piden disculpas para no dar munición a sus detractores. Todo marcha aparentemente bien para ellos. Los problemas de la selva se deben solamente “a la falta de comunicación” pues “no han sabido explicar las bondades de los decretos a los nativos en sus idiomas”, como asevera el congresista oficialista Aurelio Pastor y la misma Cabanillas.

La Cabanillas seguirá como ministra si su radicalismo se mantiene incólume. Si titubea un poco no sólo perdería el puesto, sino un lugar el la lista congresal que presente el Apra en las próximas elecciones. Ahora ella es la custodia del régimen y de sus “logros”. Cuidará al Gobierno como un mastín napolitano o doberman que duerme con un ojo abierto. Empleará la fuerza que sea necesaria cuando haya que aplacar los disturbios que enfurecen a García, quien hasta ahora no puede comprender por qué algunos sectores protestan si todo marcha de maravillas en el país y nos encaminamos a superar a Chile. El grado de inversión obtenido de dos agencias calificadoras de riesgo internacionales, el cierre de los tratados de libre comercio con Estados Unidos y China, el incremento de las exportaciones, la cumbre del Apec, entre otros hechos destacados, son exhibidos como trofeos o joyas por esta Administración.
Meche debería dar un paso al costado asi no haya disparado un fusil AKM o lanzado una flecha. El que no haya usado un tocado con plumas en la cabeza, porque acusa a los nativos de la violencia, no la exime de responsabilidad como encargada del sector. Los policías murieron por su culpa porque cometió el error de despejar la carretera mientras un contingente fue detenido y desarmado por cientos de indígenas en la Estación N° 6 de Petroperú. Hoy viernes, en RPP (Radioprogramas del Perú), un joven oficial desplegado en Bagua afirma que "No hubo manejo de la inteligencia, ni siquiera hubo un planeamiento; no hubo un plan de operaciones, nos han mandado así nomás; ha sido una orden de momento". Otro suboficial se pregunta: "¿Es que no sabía que con esa acción (el desalojo) ponían en peligro nuestras vidas? La ministra, en el mismo programa radial, dice no tener responsabilidad porque "son los altos mandos policiales quienes elaboran los planes operativos".


4 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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