martes, 18 de agosto de 2009

El Facebook del presidente Alan García




Por César Reyna

Revisar por primera vez la página de contacto social del primer mandatario peruano es como ingresar al reino de la adulación. Alan García no tiene amigos como el común de los mortales en Facebook sino “admiradores”. Con presionar una barra (que dice: “Hazte Admirador”) uno puede convertirse en seguidor del líder aprista. En Facebook el presidente no interactúa con sus partidarios, en su mayoría jóvenes o peruanos residentes en el extranjero, sino que cuelga, por medio de la Oficina de Prensa de Palacio o de sus hijos, sus últimos mensajes dirigidos a la nación.


A García le dejan varios 'post' que deben reconfortar su ego. Los más osados le piden obras, la revisión de algunas licitaciones y denuncian la lentitud de funcionarios de su régimen, sin dar nombres, claro está. Los comentarios van desde advertirle sobre alguna irregularidad hasta alabar sus propuestas más desesperadas como la descentralización popular, que dio origen a los Núcleos Ejecutores.


El jefe de Estado debe disfrutar el derroche halagos y parabienes que recibe de sus prosélitos. A éstos no les importa no saber escribir el castellano para declararlo “el mejor presidente de la historia”. La emoción de dirigirse a su ídolo seguramente les impide detectar que “haiga” es un barbarismo, lo mismo que “aver”, en lugar del verbo irregular “haber”, y que “hermosa” no se escribe con “z”.


Varios de sus simpatizantes debieron haberse educado en Alfonso Ugarte o en algún local del partido de la estrella para expresarse tan mal. O quizá se formaron, como millones de peruanos, en colegios estatales colmados de maestros apristas. No creo que su amado líder disfrute como matan el lenguaje siendo él un recitador de los poetas del Siglo de Oro. Asumimos que Alan no los está leyendo ya que los hubiera enviado directamente al programa de alfabetización que promociona su gobierno.


La cuenta de Alan en Facebook viene funcionando desde hace varios meses. Debe haberse animado a abrirla después descubrir la versatilidad de Barack Obama con los medios electrónicos. Pero nuestro presidente no podría manipular un diminuto Blackberry como su homólogo estadounidense porque “maduró” después del ‘boom’ de Internet, las laptop, I-phone, Google, Microsoft, etc. Además sus dedos son demasiado gordos como para digitar con comunidad un aparatito pensado para emos y tecnosexuales.


Las imágenes que tiene su página ya han sido difundidas por los medios. En ellas aparece hipnotizando al pueblo durante un mitin –algo que supo hacer muy bien en los 80- y saludando durante el inicio de su segundo mandato a los compañeros apristas apostados en las galerías superiores del Congreso. La mirada altiva de García, su gesto más distintivo, aparece en las cuatro fotos que colgó en Facebook.


La juventud lo saluda con entusiasmo como si no hubiera sido responsable del peor gobierno del siglo XX. En una imagen del recuerdo, un joven y patilludo García posa al lado de Víctor Raúl Haya de la Torre. Más abajo uno de sus simpatizantes le recuerda que “nunca traicione el pensamiento de Haya”; cuando lo viene haciendo desde que se puso la banda presidencial por segunda vez. Me pregunto, ¿qué le diría su viejo maestro si supiera que su discípulo aprueba que el “imperio” norteamericano tenga bases militares en Colombia, país en el que ambos, por distintas circunstancias, se exiliaron?


Uno de sus 298 acólitos pide reelección inmediata para García sin darse cuenta de que lo puede animar a tirarse abajo la Constitución como Hugo Chávez o su amigo Álvaro Uribe.



Alguien le debe haber dicho que el problema de su Administración es que no sabe comunicar sus “logros”; tal vez por eso se registró en la red social más popular del planeta. Pero la presencia de García en Facebook tiene un defecto: es igual o casi idéntico que el de carne, lípidos y hueso ya que se mantiene distante de la ciudadanía. Haga lo que haga nunca bajará al llano a tratar con respeto y equidad a los peruanos. Por eso se limita a reproducir sus mensajes y difundir sus desconcertantes monólogos.




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