lunes, 22 de octubre de 2007
Nuevos pronósticos de crecimiento para América Latina
viernes, 27 de julio de 2007
Mas ingresos y más descontento.
![]() Eduardo Lora Economista jefe interino del BID |
Cliente insatisfecho
Americaeconomia
¿Qué explica esta aparente paradoja? El auge del consumo popular debería tener contento a todo el mundo: productores, consumidores y gobernantes. Sin embargo, no es así. Los latinoamericanos han mejorado su nivel de vida durante los últimos años, pero no se sienten mejor: el porcentaje de latinoamericanos insatisfechos con su vida prácticamente no ha cambiado a lo largo de esta década y los que se declaran muy satisfechos con sus logros apenas han aumentado del 27% a cerca del 30% en años recientes, según las encuestas de Latinobarómetro.
¿Qué está pasando? ¿Por qué tanto esfuerzo en conseguir un mejor empleo, en trabajar más horas y en aprovechar lo mejor posible las crecientes oportunidades de consumo no se están traduciendo en una percepción de mayor bienestar?
Estas preguntas no son nuevas (ya las hicieron filósofos como Aristóteles o economistas como Adam Smith), pero hoy son objeto de numerosas investigaciones estadísticas, gracias a la proliferación de encuestas de opinión pública y al redescubrimiento de la felicidad como tema digno de estudio de los científicos sociales.
Dos mecanismos psicológicos impiden que el auge del consumo se traduzca en mayor satisfacción. El primero es la habituación, es decir, la tendencia a acostumbrarse al nivel de vida material alcanzado. Después de tanto soñar con el auto nuevo o con el apartamento más grande, al poco tiempo de haberlos conseguido olvidamos cómo vivíamos antes y sólo nos acordamos de la deuda contraída. El segundo mecanismo es el aumento de las aspiraciones de consumo, debido sobre todo a la comparación con los vecinos y colegas y al bombardeo publicitario. No importa qué tanto mejore el nivel de consumo, las aspiraciones siempre aumentan más.
Perú salió en los 90 de la aguda crisis creada por el presidente Alan García a fines de los 80. La mayoría de los peruanos mejoró sustancialmente su situación económica entre 1990 y 2001. Sin embargo, según lo pudo detectar la investigadora peruano-estadounidense Carol Graham en un estudio de la Brookings Institution que les siguió la trayectoria a centenares de peruanos durante ese período, más de la mitad de la gente que tuvo los mayores aumentos en su nivel de vida material se encontraba al final más insatisfecha con su situación económica que al principio.
La habituación y las aspiraciones conducen al ser humano al esfuerzo y al progreso material, pero no a la felicidad. Al contrario, si las presiones económicas desplazan la vida familiar y las relaciones sociales, o impiden la búsqueda del desarrollo personal, el resultado puede ser una mayor insatisfacción con la vida. Esta hipótesis explica lo ocurrido en Estados Unidos, donde el enorme progreso económico del último medio siglo no ha reportado ningún aumento en los indicadores de felicidad.
Aunque el consumo más allá de ciertos niveles básicos contribuye muy poco al bienestar, hay otras variables económicas que sí son decisivas. Las más importantes son las condiciones laborales. Si algo genera sufrimiento es no tener empleo. También es motivo de mucho malestar el temor de perder el empleo o el no tener seguro de salud.
Las condiciones laborales han mejorado muy poco durante los años recientes de auge en América Latina. Sin embargo, en Argentina y Colombia, países que empezaron la recuperación con los mayores problemas de desempleo, las notables reducciones de las tasas de desocupación han contribuido a que el porcentaje de la población que se declara insatisfecha con su vida se reduzca fuertemente: de 34% a 28% en Argentina y de 26% a 21% en Colombia, según el mismo Latinobarómetro.
El auge económico podría generar mucha más satisfacción en las personas si los gobiernos latinoamericanos se esforzaran tanto en facilitar el empleo formal y mejorar los sistemas de seguridad social como se esfuerzan las grandes empresas productoras de consumo masivo en aumentar sus ventas. Hay otras cosas que compran más felicidad que el dinero, en las que los políticos y las organizaciones sociales también pueden ayudar, como son la confianza en las instituciones y la armonía social.
miércoles, 25 de julio de 2007
TENDENCIAS DEL SISTEMA BANCARIO LATINOAMERICANO
La profundidad financiera[1] en América Latina ha aumentado del 40% del PBI en 1990 al 133% en 2005. Sin embargo este crecimiento no ha ocurrido tan rápido como en los países de Asia; asi por ejemplo, los depósitos bancarios de la región, durante el año 2005 se incrementaron a USD$ 748 MM aproximadamente; lo que representa sólo el 32% del PBI latinoamericano, en contraste con el 75% que representan los depósitos en las economías emergentes de Asia pacifico y el 166% que representa en China.
Es decir, existe un potencial de crecimiento en el mercado que debe ser identificado y aprovechado. Adicionalmente, se identifica en la región, una alta concentración de activos bancarios en las cinco principales instituciones bancarias de cada país; más del 50% en Argentina, cerca de 70% en Chile, 80% en Colombia y México, y cerca de 90% en el Perú. Otra tendencia que se observa es la primacía de bancos privados por encima de bancos estatales, salvo en Argentina (Banco de la Nación Argentina y Banco de la Provincia de Buenos Aires) y en Brasil (Banco de Brasil y Caixa Econômica Federal).
Asimismo, se observa una mayor presencia de bancos multinacionales. Este escenario ha motivado el seguimiento de múltiples estrategias por parte de los bancos locales, tales como el fortalecimiento de sus economías de escala y la búsqueda de mayor cobertura en sus propios países.
De igual forma, estos bancos estarían usando diversas estrategias para evitar ser adquiridos; por ejemplo, i) el encarecimiento de sus múltiplos de valorización, como lo habría hecho el Banco de Bogota, ii) el incremento de su capitalización de mercado por medio de un crecimiento sostenido y /o vía fusiones con otros bancos locales, o iii) la búsqueda simultanea de ambos objetivos.
Por otro lado, los bancos multinacionales tienen como sus principales fortalezas, la experiencia y gestión de múltiples bancos en distintos países y la posibilidad de transferir innovaciones y buenas prácticas que realizan de un país a otro.
En suma, estas nuevas tendencias en el sistema bancario suponen una mayor competencia en el mercado y por tanto una mayor oferta de servicios y productos financieros que tienden a beneficiar a los diferentes agentes económicos de un país.[1] Una manera de evaluar el desarrollo de un sistema financiero es analizar su profundidad financiera, es decir el valor de los activos financieros como porcentaje del PBI, y por lo general los mercados con mayor grado de profundidad financiera tienen mayor liquidez y facilitan el acceso al capital.
Blog PUCP
Dirección de Informática Académica
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