viernes, 10 de julio de 2009

¿Cansado de Abencia Meza?


Por César Reyna


Supe quién era Alicia Delgado cuando fue asesinada en su departamento de Miraflores. Hasta esa fecha su trayectoria me había sido totalmente ajena pues no suelo escuchar música vernacular. Sí conocía, en cambio, a la ‘juerguerita’ Abencia Meza, presunta autora intelectual del homicidio, porque protagonizó varios de escándalos que resonaron en la prensa chicha. Su lesbianismo y su predilección por las armas de fuego le granjearon titulares, reportajes, crónicas, entrevistas y promociones diversas. Ella figuraba regularmente en los medios pero ahora lo ha hecho hasta la saciedad por ser la ex pareja de quien fuera la ‘princesa del folclor’.

El proceso ha tenido giros interesantes los últimos días y parece que las conexiones se están esclareciendo pues la fiscalía ha acusado a Meza de ordenar la muerte de su ex compañera sentimental. De ser encontrada culpable podría ser condenada a 35 años de cárcel por una serie de indicios y testimonios que la incriminan. A pesar de la violencia con la que Delgado perdió la vida y la controvertida captura del sicario César Mamanchura en Tumbes, lo que más me sorprende del caso es que la policía y la mayoría de medios de comunicación lo hayan convertido en un ‘reality show’ donde cada día aparece un nuevo vericueto.

La prensa roja y de espectáculos está más que agradecida con las filtraciones que brinda criminalística. Si el Perú fuera un país serio nadie tendría acceso al expediente porque la primera fase –la de investigaciones preliminares- se supone que es reservada; pero las autoridades judiciales y los fiscales, y también los políticos, han aprovechado su repercusión mediática para ocultar sus incapacidades y los graves problemas que azotan el país.

Los programas periodísticos no se quejan de la manipulación porque han conseguido inusitados niveles de rating. Por eso dedican amplias coberturas a la trama ni bien empiezan sus emisiones matutinas o vespertinas. El asunto es tan nauseabundo y desmesurado que han abandonado investigaciones sobre lo sucedido en Bagua, donde murieron 34 peruanos. También han ignorado el progreso de la influenza A/H1N1 y las muertes de decenas de niños en Puno y otras regiones a causa del friaje. Desde que el presidente García dijo que el Perú superaría con éxito la pandemia han muerto tres peruanos y quizá muchos más, ya que el sistema sanitario no cuenta con reactivos para realizar pruebas que confirmen o descarten la presencia del virus. Los enfermos se multplican rápidamente por todo el país. En la actualidad cerca de 1500 personas han padecido o padecen el temido cuadro de fiebre alta, malestar generalizado, tos excesiva y decaimiento. Cientos, por sus bajas defensas, han desarrollado neumonía y se encuentran en observación o en precarias unidades de cuidados intensivos. La atención, sobretodo en provincias, es lamentable porque no hay suficiente personal médico y escasean las medicinas. Para impedir la peligrosa ola de contagios, las vacaciones escolares han sido adelantadas en una semana y se suspedendieron las clases en la Universadad Federico Villarreal, donde se reportaron un par de casos.

Por si fuera poco, a raíz de las últimas movilizaciones sociales, el Gobierno ha “revelado” que éstas han sido alentadas desde el exterior con el objeto de derribar la democracia. El complot contra el sistema proviene de Venezuela y Bolivia, según García y sus subordinados. Lo mismo dice China de los uigures musulmanes que se rebelaron en la provincia de Xinjiang. El Ejecutivo peruano ha venido estrechando lazos con el país comunista a pesar de ser el principal violador de derechos humanos en el mundo. Mientras el gigante asiático nos siga comprando materias primas no interesa si recorta libertades fundamentales o mata a 156 civiles en pocos días. Nuestra Cancillería permanecerá tan callada como sorda cuando se trate de condenar su totalitarismo. Hipocresía le dicen, aunque para nuestras autoridades no es más que un caso de conveniencia económica.




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