
Bolivia: interpretando a Evo Morales
Por César Reyna
Evo Morales, presidente boliviano, no es aliado de Chile como muchos periodistas creen. El que haya dicho que Perú perderá en la Corte Internacional de Justicia no quiere decir que esté de su lado en el diferendo marítimo que mantenemos con nuestro vecino del sur. Si opinó provocativamente fue para crear un incidente que justifique la ruptura de relaciones diplomáticas (al buscar la reacción de las autoridades peruanas). Culpar a Perú de que sus acciones legales obstaculizan las aspiraciones bolivianas de obtener salida al mar también le sirve para transmitirle a su electorado que las negociaciones con Chile se han estancado por motivos ajenos a su gestión. Ambas lecturas de la situación son válidas porque el mandatario altiplánico mencionó que su país podría romper relaciones con el nuestro a raíz de la concesión de asilo a tres ex funcionarios del Gobierno de Sánchez de Losada. Evo ha calculado cada una de sus palabras -aunque no lo parezca- ya que después de retirar a su embajador en Lima el siguiente paso sería desmembrar a la CAN (Comunidad Andina de Naciones). ¿Qué sentido tendría dicho organismo, integrado por cuatro naciones tras el retiro de Venezuela, si Perú y Bolivia no mantienen relaciones entre sí?
Venezuela se apartó en abril de 2006 cuando supo que Ollanta Humala, su candidato, no ganaría las elecciones presidenciales peruanas en segunda vuelta. La separación se produjo casi dos meses antes de los comicios porque Chávez anticipó un resultado desfavorable. Si hubiera ganado Humala ese país controlaría la CAN pues las representaciones de Perú y Bolivia se plegarían a la delegación venezolana, arrinconando a los colombianos.
La estrategia de aislar a Perú procede de Caracas antes que de Santiago pues el Gobierno peruano está apoyando decididamente a los opositores venezolanos y bolivianos. No hace mucho la Cancillería concedió asilo político a Manuel Rosales, el principal rival de Hugo Chávez, y otorgó el mismo estatus a tres ex funcionarios bolivianos acusados de violar derechos humanos durante las revueltas que convocó Morales en 2003. Desde el Perú, además, se vienen organizando foros cuyo fin es lograr la democratización venezolana, es decir, la salida de Chávez. Además dos intelectuales peruanos, Vargas Llosa padre e hijo, fueron a Caracas a participar en un evento destinado a desestabilizar al régimen chavista.
La acusación de Morales no tiene asidero en la medida que lo que Lima disputa con Santiago son antiguos mares que pertenecieron al Perú y que los sureños conquistaron tras imponerse en la Guerra del Pacífico (1879-1884). La demanda peruana ante La Haya en nada afecta el reclamo boliviano pues Chile posee de facto áreas marítimas que no le corresponden de acuerdo a la jurisprudencia internacional. Si Chile considera la petición boliviana debería consultar previamente con Perú, según el Tratado de 1929, ya que la probable salida modificaría nuestros límites. Bolivia, y no Chile, sería nuestro vecino del sur pues los segundos jamás permitirían la desarticulación o discontinuidad de su territorio. Los territorios eventualmente entregados serían los que perdimos hace 125 años (las provincias de Arica y Tarapacá, en las que hipotéticamente se formaría un corredor para satisfacer las pretensiones bolivianas).
En lo que acierta Morales es que su homologo peruano explota el conflicto limítrofe para mantener su popularidad. La rivalidad histórica con Chile es uno de los pocos elementos que une a los peruanos y García lo sabe bien, de ahí que haya presentado la demanda a la mitad de su Gobierno para minimizar el escándalo de los petroaudios y robarle titulares a la crisis económica internacional. Cuando los tiempos políticos arreciaban, García jugó la carta de la demanda marítima para hacernos olvidar los graves problemas que afronta el país. Problemas que dicho sea de paso han sido revitalizados por su gestión ya que la corrupción de un ex ministro de su primer gobierno y un ex director de la entidad que adjudica contratos petroleros lo obligó a renovar parcilamente su Gabinete ministerial. Si el mandatario peruano hubiera tenido un verdadero interés en resolver la controversia lo hubiera hecho hace 23 años cuando asumió por primera vez la presidencia.

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