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jueves, 13 de agosto de 2009

La manipulación de “Pare de Sufrir”



¿Qué motiva a hablar con acento brasilero a un pastor peruano que nunca ha residido en Brasil? ¿Es un caso de alienación o se trata más bien de un timo bien elaborado?

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Por César Reyna



Son muchas las preguntas que nos podemos hacemos al respecto, aunque las posibles respuestas no pasarían de dos: por complejo o para aprovecharse de personas desesperadas. La Comunidad Cristiana del Espíritu Santo o “Pare de Sufrir” a secas ha vuelto a estar en el ojo de la tormenta por el millonario lavado de dinero de los fundadores de la trasnacional de auxilios religiosos.


Interrogado sobre el tema, el abogado de la filial peruana de “Pare de Sufrir” brindó una respuesta antológica en el programa de César Hildebrandt ya que dijo que a los hermanos locales se les pega fácilmente el dejo de sus pares brasileños. ¿Es creíble que de tanto parar con ellos se les transmita el acento de los evangelistas que sirven en su misión? Nosotros creemos que no ya que los extranjeros no deben ser las únicas personas con las que se relacionan diariamente. Si hubieran estudiado la “palabra del Señor” en Brasil resultaría comprensible que hablaran de esa forma; pero da la casualidad que ninguno de los pastores peruanos ha migrado a la tierra de ‘O Rei’ Pelé en los últimos años.


Esto nos hace suponer que la pérdida de la propia identidad es intencional y no un caso de alienación grupal. Es decir, que la decisión de impostar la voz para parecer brasileño se debe a una condición sine qua non para hacer funcionar la franquicia. Pero no sólo Perú operan de esa manera pues en otros países también se hacen pasar por brasileños. La feligresía peruana parece aceptar con mejor agrado que las invocaciones al Altísimo las realice un "foráneo" a un connacional. Tal vez la baja autoestima del rebaño influye para que los pastores cambien su voz o quizá porque la matriz brasilera lo exige.


Dentro del contrato de licencia seguramente se establece que los hermanos peruanos deben pasar por un curso acelerado de ‘portuñol’ antes de difundir la “palabra”. No tienen que aprender portugués ni conseguir algún certificado, sino ejercitar las cuerdas vocales hasta perfeccionar la caracterización, es decir, el acento deseado. Una vez que son capaces de alterar su voz pasan a un siguiente nivel donde deben dirigirse al público y ganar su confianza. El libreto es el mismo para todos y debe tener algunos pasos más. Los que superan el “duro entrenamiento espiritual”, en el que no media ningún sacrificio o acto de fe, aparecen de madrugada en televisión para encausar a las almas más afligidas.




miércoles, 12 de agosto de 2009

¿Pare de Sufrir o Pare de Robar?

Obispo Edir Macedo


Por César Reyna

La comunidad evangélica vuelve a hacer noticia, pero esta vez porque sus pastores se daban la gran vida como Bernard L. Madoff o Robert Allen Stanford, acusados malversar fondos de sus clientes.

Diez miembros de la Iglesia Universal del Reino de Dios tenían inversiones y propiedades en paraísos fiscales del Caribe. Aprovechaban la fachada de su organización religiosa -utilizaban la inmunidad tributaria para captar contribuciones sin pagar impuestos- para sacar grandes sumas de dinero de Brasil. Su feligresía aportaba el 10% sus ingresos para que los hombres de Cristo cultivaran la ociosidad, vistieran elegantemente, gustaran de una buena mesa y disfrutaran de los placeres como todo ‘bon vivant’.

Al parecer no tenían nada que envidiar –ninguna Iglesia lo aconseja- a los multimillonarios que tenían de vecinos en las islas donde se solazaban bajo el sol. No debían sentir celos de los que poseían aviones privados ya que tenían su propia aerolínea comercial. Tampoco se sentían menos que los dirigían instituciones financieras pues manejaban financieras en su país. Anualmente sus negocios movían cerca de 800 millones de dólares.

A los jerarcas se les acusa de lavar dinero desde hace diez años. El fraude saltaba a la vista sin necesidad de realizar una pericia contable porque comercializaban productos pseudo religiosos para sacar dinero. En cada servicio los pastores vendían rosas bendecidas y cobraban por tocar mantos sagrados. También ofrecían tierra y aceites santos supuestamente traídos de Israel, y agua bendita embotellada que no se le debe negar a nadie.

No es el paraíso sino la residencia de Macedo

Los estafadores deberían pasar varias temporadas en prisión y los bienes recibidos por la Iglesia devueltos a los incautos que confiaron en ellos como intermediarios de Jesús.
Los falsos exorcismos y curaciones que realizaban eran sencillamente antológicos y producto de la sugestión a la que inducían a los fieles. Como hábiles manipuladores lograban que gente pobre y con problemas de autoestima llenaran los templos. Los desdichados eran su público objetivo, es decir, a quienes exprimían a cambio de recibir los favores del cielo.

Tener “fe” para los pastores evangélicos representaba confiar en la misión que realizaban, esto es, confiar en su mediación como si Dios –de existir- necesitara de intermediarios para conocer nuestras miserias. Los hermanos se constituyeron hábilmente en una sucursal o call center del Paraíso (ellos operaban como recepcionistas y Dios era un CEO muy ocupado que debía regir el universo).

Las personas les creían porque hay que creer en algo aunque parezca un timo y sea muy absurdo. Muchos creen porque se resisten a pensar que esta vida, miserable como es, sea la única que nos merecemos.




domingo, 26 de julio de 2009

Pare de Sufrir: la farsa de los movimientos evangélicos



Por César Reyna


De madrugada no hay mucho que ver en la televisión. A pesar de la variada programación sólo el refrito de ‘Friends’ me seduce por unos minutos pero no logra despertar mi interés; las bromas son demasiado estúpidas y las actuaciones lamentables. No tengo sueño aunque esté cansado y sienta frío. Ni el Discovery Channel o Natgeo llegan a atraparme porque ya había visto los especiales que estaban transmitiendo durante la semana. Zapeo en el cable busca de entretenimiento instantáneo y no encuentro nada fácil de procesar. De manera casual apretó el ‘2’ en el mando y comienzo a revisar los canales nacionales. No hay nada, cambio y pruebo con el ‘4’ y tampoco veo algo de a mi agrado: las series o películas son muy antiguas y están mal dobladas al español. En seguida paso al ‘5’ y me quedo viendo la secuencia de ‘Pare de Sufrir’, el movimiento evangélico de origen brasilero que tiene miles de fieles en el Perú.

No pasa mucho para que descubra que el ‘pastor’ o ‘hermano’ que dirige la oración es un impostor ya que se trata de un peruano que se hace pasar por brasilero. El sujeto cierra los ojos mientras se encomienda a Dios. Parece estar muy concentrado al momento de bendecir el agua contenida en un vaso de vidrio. Habla de la presencia del mal en nuestras vidas; de enfermedades incurables para el hombre que sólo puede curar el Altísimo; del Apocalipsis y la segunda venida del Señor; o de problemas familiares como infidelidades, adicciones o falta de dinero.

El ‘hermano’ finge el acento portugués para darle credibilidad a predica. Si fuera peruano y hablara como tal seguramente nadie seguiría sus consejos ni se dejaría engatusar por sus palabras. Él hombre que apareció en la pantalla no fue el único que habló ‘portuñol’ ya que tomó la posta otro ‘hermano’ que atendía llamadas de gente atormentada. Ambos brindaban un servicio de escucha y auxilio espiritual a cambio de una donación. La donación no parecía voluntaria pues los ‘hermanos’ comunicaron que debía ser de 10 soles para recibir los favores del Creador. Para muchos esos inescrupulosos representan su único nexo con el cielo. Estiman que su mediación es “necesaria” para que la atareada Providencia atienda los ruegos de sus hijos desperdigados por el mundo.

La Iglesia oficialmente se llama Comunidad Cristiana del Espíritu Santo pero se la conoce como ‘Pare de Sufrir’. En lugar de ofrecer gratuitamente los sacramentos tradicionales ha creado otros que comercia en sus locales o mediante marketing televisivo. Así vende agua sagrada, rosas santificadas, aceites consagrados, mantos bendecidos y tierra traída supuestamente de Israel. Los amuletos adquiridos pierden eficacia bienhechora cuando los ‘hermanos’ comienzan a promover otro objeto “santificado” en Tierra Santa o en su altar principal de la Avenida Iquitos, antiguo cine Metropolitan.

No buscaba fe, iluminación o perdón al sintonizar el espacio que contratado por ‘Pare de Sufrir’- no creo que alguien medianamente racional pueda creer todas las patrañas que dicen un par farsantes - sino un poco de entretenimiento. Ver ese programa me hizo reír y pensar en muchas cosas, aunque también me indignó. Antes de volver a zapear imagine que cientos o tal vez miles seguían con entusiasmo a los ´hermanos’ Miguel y Rafael, los dos predicadores que vi de madrugada.

Los templos de la Iglesia Evangélica, antiguos cines céntricos donde pasaban películas hindúes o pornográficas, siempre están colmados de gente. Los feligreses son de condición humilde y provienen de las periferias de la ciudad. Son cientos y cientos y ninguno se cuestiona si el ‘hermano’ que realiza curaciones invocando el nombre de Dios es realmente brasilero. Si a éste alguien le preguntara de qué equipo es fanático en su “país” seguramente respondería que del Flamengo, el Fluminese, el Sao Paulo, el Botafogo, el Palmerias o el Santos para salir del paso. Si le preguntaran por el último año en que su club campeonó inventaría el año o simplemente diría que lo ignora. Si su interpelador insistiera con una pregunta más puntual como quién fue el primer presidente de Brasil diría cualquier nombre o expresaría que no lo recuerda. Y si no se le preguntara nada sino que recite la estrofa más conocida del himno brasilero es probable que rechace la petición aduciendo que tiene mala voz o que está afónico tras alabar a Dios durante horas frente a sus ‘hermanos’.

Mentiría, se excusaría o no sabría qué decir al momento de responder a nuestras inquietudes. Tanto él como nosotros sabríamos que no es brasilero, que todo lo que dice es falso, empezando por las bendiciones y parabienes que dispensa.