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martes, 1 de septiembre de 2009

Evo Morales espera propuesta formal de Chile sobre demanda su territorial



Al parecer la estrategia peruana de distanciar a Bolivia de Chile viene dando resultado pues el presidente boliviano Evo Morales a demandado al Gobierno chileno un pronunciamiento oficial respecto a la pretensión altiplánica de salida soberana al mar

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Por Cèsar Reyna



Varios son los motivos por los que Morales ha abandonado su silencio sobre la salida al mar que reclama a Chile. El primero de ellos fue la declaración del empresario Sebastián Piñera, el favorito para ganar las elecciones sureñas, quien negó de manera categórica ceder territorio chileno a su vecino. Lo mismo piensa el joven aspirante socialista Enríquez-Ominami pues afirmó que un eventual gobierno suyo no concedería salida soberana a Bolivia, pero sí un espacio limitado para que construya un puerto y una vía férrea.


Las declaraciones del mandatario boliviano revelan que no existen posibles “acuerdos bajo la mesa” como dejó entrever el presidente peruano Alan García -en una entrevista concedida al diario chileno La Tercera-, sino más bien buenas intenciones de parte de Chile para discutir el asunto, sin que eso concluya, por supuesto, con la entrega del territorio que reclaman los bolivianos.


Morales recién se parece haber dado cuenta de que Michelle Bachelet no tenía intención de satisfacer su legítima y centenaria demanda. En agosto de 2006, cuando Chile decidió tratar dentro de la agenda bilateral de trece puntos la mediterraneidad boliviana imaginó que podría pasar a la historia como el presidente que le devolvió el litoral a su pueblo. Pero eso lamentablemente no va suceder.


Para añadirle más controversia a la cuestión boliviana, el presidente Alan García dijo que no entendía por qué Bolivia no aprovechaba el corredor que le había cedido el Perú en Ilo, Moquegua, para tener acceso al mar. El jefe de Estado peruano se refería al acuerdo suscrito en 1992 por el entonces presidente Alberto Fujimori y el ex mandatario boliviano Jaime Paz Zamora.


Las facilidades que en su momento le otorgó el Perú –y que siguen vigentes- para la navegación marítima y un área de playa a Bolivia no se concretaron por dos razones: 1) porque aceptar una zona sin soberanía del Perú hubiera implicado una renuncia tácita a la salida al mar por Chile en Antofagasta; y 2) porque las relaciones con nuestro aliado histórico se encuentran en su peor nivel desde que Evo Morales asumió el poder (cabe recordar que ayer el canciller José Antonio García Belaunde dijo que Morales era “un enemigo declarado del Perú”) . Los insultos del mandatario altiplánico y su constante injerencia en los asuntos internos del Perú han provocado un distanciamiento que ha sido aprovechado por Chile, país que le arrebató las costas hace más de un siglo, para llevar adelante una agenda de integración bilateral.


El interés que tiene Santiago para negociar directamente con La Paz sobre territorios perdidos en la guerra se debe a que necesita el gas de Tarija para abastecerse de energía. La ausencia de recursos energéticos supone la mayor amenaza para la estabilidad y el desarrollo chileno, de ahí que le hayan hecho creer a Morales que podría conseguir algo en la mesa de negociaciones.


Si llega a haber acuerdo entre chilenos y bolivianos, las malas relaciones de éstos con nosotros dificultaría una eventual salida por Arica, antigua provincia peruana que fue anexada legalmente por Chile con la firma del Tratado de 1929. El ministro de Relaciones Exteriores peruano, José Antonio García Belaunde, recordó a los bolivianos que cualquier entendimiento con Chile debe contar con el visto bueno de Perú en caso se habilite un corredor hacia el mar por Arica.


En respuesta a las declaraciones de García Belaunde, el viceministro boliviano de Coordinación con los Movimientos Sociales, Sacha Llorenti, expresó que “(…) el verdadero enemigo del Perú (no es el presidente boliviano Evo Morales) sino el neoliberalismo porque establece políticas de sometimiento, enemista a los pueblos, enajena los recursos naturales y la vida”.




martes, 25 de agosto de 2009

Perú: relaciones con Chile y Bolivia



Por César Reyna


Nuevamente el mandatario boliviano arremete contra su homólogo peruano Alan García, aunque esta vez el líder incaico le dio bastante “munición” para que “dispare” a mansalva. Evo Morales no podía contenerse ante las declaraciones de García, quien deslizó la existencia de un acuerdo marítimo bajo la mesa entre Santiago y La Paz que explicaría la actitud hostil del gobernante del Altiplano hacia nuestro país.


Morales descartó de plano la existencia de un pacto secreto con Chile para conseguir salida al mar. “No somos liberales para hacer acuerdos reservados”, respondió a García. El presidente boliviano considera que los gobernantes que aplican políticas de libre mercado son traidores a los intereses de los pueblos autóctonos.


El que García revelara un supuesto entendimiento entre chilenos y bolivianos ha puesto en jaque al régimen de La Paz ya que debe rendir explicaciones sobre los alcances del acuerdo. Aunque se niegue quedará la sospecha de que se viene tratando el asunto de la mediterraneidad boliviana de manera oculta. Esto podría debilitar a Morales, quien necesita encaminar la recuperación del litoral para vencer sin susto en las próximas elecciones (actualmente su popularidad ronda el 45%).


La salida que debe anunciar a su pueblo debe ser digna; de lo contrario sería acusado de sacrificar los intereses nacionales. La fuerte oposición que enfrenta en las provincias de Beni, Pando, Tarija y San Cruz demandará mayor transparencia ya que el tema no ha sido explicado a los bolivianos.


Es seguro que Chile no le ofrecerá una salida soberana ni le devolverá Antofagasta, arrebatada hace más de un siglo, sino un enclave portuario sin dominio del espacio aéreo ni marítimo. De los 13 puntos de la agenda chileno-boliviana sólo se ha hecho público un preacuerdo por el uso de las aguas del río Silala, por el que Chile está conforme y Bolivia todavía lo mantiene en discusión.


De existir un pacto entre ambos Estados, el tema la cesión territorial sería secundario porque lo más importante es que Chile forme una sólida alianza con Bolivia. En términos geopolíticos sería un duro revés pues nos distanciaría de un país que -en teoría- debería ser un aliado natural del Perú ya que compartimos una misma cultura, sobre todo en la zona sur. Perder a Bolivia, a pesar de mantener diferencias ideológicas, nos aislaría aún más en el contexto regional. Tal vez por esa razón el presidente García busca fortalecer el Eje Lima-Bogotá para compensar la inminente ruptura con los bolivianos.


Es casi un hecho que si Bolivia exporta y vende su gas a Chile crearían un vínculo y una dependencia muy fuerte durante los próximos 40 o 50 años. Perú saboteó esa relación durante el Gobierno del presidente Toledo ofreciendo una salida por su territorio, aunque geográfica y económicamente resultaba inviable. La unión estratégica que formarían en términos energéticos dotaría a Chile de gas y a Bolivia un mercado en crecimiento.


El canciller chileno Mariano Fernández declaró que “los que hacen pactos bajo la mesa forman parte de la cultura de otros países y no de la chilena”, en alusión al Pacto Secreto o Tratado de Alianza Defensiva de 1873 que firmaron Perú y Bolivia, y que Chile señala como detonante de la Guerra del Pacífico (1879-1884).


Evo Morales, por su parte, defendió las negociaciones de su gobierno con Chile, asegurando que son transparentes. Sin embargo, aunque su propósito no era desmentirlo, el jefe de la diplomacia chilena dijo mantenían conversaciones reservadas con Bolivia, ergo, sólo se tratan al más alto nivel y no de manera abierta como afirma Morales.


El presidente boliviano no desaprovechó la oportunidad, como sabemos, para despacharse a su antojo contra Alan García. Además de llamarlo “chabacano” por enésima vez le dijo que era “sumiso a Estados Unidos”. Poniendo en perspectiva sus declaraciones, su crítica va por el lado del rompimiento del Apra con la doctrina del antiimperialismo, ideada por Haya de la Torre, cuya fue materialización o ‘estocada mortal’ fue la subscripción de un TLC con la superpotencia. El cuestionamiento de Morales sería válido si Haya no hubiera escrito “Treinta años de aprismo”, donde el propio Haya reescribe su pensamiento y plantea que los partidos políticos deben adaptarse a las circunstancias, es decir, regirse bajo leyes darwinianas para mantener su cuota de poder y renovar su discurso. En otras palabras, pactar con cualquiera y con cualquier ideología para sobrevivir.


Generar cortocircuitos con los chilenos y los bolivianos le es de mucha utilidad a García para desviar la atención sobre la ineficiencia de su Administración en el manejo del gasto público.


Si la demanda en la Corte Internacional de Justicia de La Haya ha irritado tanto a los chilenos es porque los tomó por sorpresa. La Concertación que encabeza Michelle Bachelet no esperaba que el mandatario que la invitó a presenciar el desfile patrio en 2006 iniciara una acción legal para resolver el diferendo marítimo.


Finalmente, no es cierto que Perú no haya exigido redefinir los límites marítimos, o mejor dicho, ceñirlos al Tratado de 1929 pues durante el Gobierno de Toledo Chile rechazó la posibilidad de llegar a un arreglo bilateral. Como prueba constan las notas diplomáticas intercambiadas entre los ministerios de exteriores, y la suspensión de las reuniones “dos más dos” entre las cancillerías y los ministerios de defensa de ambos países (se realizaban para aliviar tensiones, abordar asuntos de integración y transparentar el gasto militar).