
El presidente García nombró a Rafael Rey ministro de Defensa para castigar a las Fuerzas Armadas por su negativa a apoyar a la Policía en Bagua.
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Por César Reyna
Las imágenes del despeje de la ‘Curva del Diablo’ revelan que las FF. AA. abandonaron al contingente policial que se encargó del sangriento operativo. En principio los militares de la base ‘El Milagro’ debían respaldarlos tanto en el desbloqueo de la carretera como en el rescate de 38 efectivos acantonados en la Estación N° 6 de Petroperú pero ninguna de esas acciones se produjo. Ántero Flores-Áraoz, antecesor de Rafael Rey en la cartera de Defensa, dijo en el diario La República que tanto él como el Comando Conjunto desconocían la situación de los efectivos, a pesar de que trabajadores de la petrolera estatal relataron que la planta había sido capturada.
A manera de descargo, Flores-Áraoz mencionó que sus subordinados no podían intervenir porque eran nativos en su mayoría o tenían vínculos con residentes de la zona. Ese motivo impidió su despliegue pues Flores-Áraoz quería evitar que los soldados se solidarizaran con sus hermanos indígenas, es decir, que desacataran las órdenes de sus superiores. Si ese fue el caso entonces se debió enviar otro personal como hizo el comando policial. Había tiempo de sobra para planificar la participación de las FF. AA. pues la vía terrestre había sido tomada varias semanas atrás.
Ante semejante desacato, García decidió castigar a las instituciones castrenses colocando a Rey en el más “viril” de los ministerios. Su designación no se debe a que el jefe de Estado buscaba “restablecer el orden” o “el principio de autoridad” pues en tal caso hubiera nombrado a Mauricio Mulder, cuyo perfil encaja perfectamente con el hostigamiento y la represión.
Rafael Rey, quien hasta hace poco se desempeñaba como embajador ante la Santa Sede, ingresa al tercer equipo ministerial del segundo alanismo en medio de una crisis social. Su presencia seguramente enervará el ánimo de los militares bajo su mando no sólo porque ignora temas de defensa nacional e inteligencia, sino porque no posee la personalidad más idónea.