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viernes, 7 de agosto de 2009

Niños participaron en ataque narcoterrorista en Ayacucho


Congresista aprista Mauricio Mulder revela que narcosenderistas emplearon menores de edad en reciente incursión armada
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Por César Reyna (reservamoral@yahoo.com)



Desde hace varias semanas tenemos conocimiento de que niños vienen siendo entrenados por las columnas de Sendero Luminoso en el área del VRAE (Valle de los ríos Apurímac y Ene). El descubrimiento fue posible porque la organización terrorista concedió un reportaje al programa ‘Punto Final’. La noticia generó muchas condenas contra Sendero y sus líderes, los hermanos “Víctor” y “José” Quispe Palomino.

En el reportaje, “José”, el mando principal de Sendero, asegura que los menores empiezan a portar armas a partir de los catorce años. Pero eso quedaría desbaratado con las declaraciones del polémico secretario general del APRA.

Pese a que la denuncia es muy seria -el reclutamiento de niños y su formación para el combate es un delito grave-, a Sendero le resbala cualquier crítica porque opera al margen de la ley. Ninguna condena en ese sentido amilana a los sanguinarios que integran sus filas ya que consideran que las normas que los sancionan provienen de “un sistema de explotación”. Aun cuando ellos mismos envenenan las mentes de los actores más vulnerables del conflicto.

Unos veinte menores han sido contados en las huestes de Sendero. De ellos, según Mulder, doce tuvieron algún tipo de participación en la ofensiva contra la base policial de la Dinoes en San José de Secce. Las edades de los involucrados fluctuarían entre los 8 y 9 años. Creemos que la versión Mulder debería ser confirmada para esclarecer los hechos que enlutaron nuevamente al país.

A este paso, dada la ausencia del Estado, es decir, de una política integral que recupere a los menores y promueva el desarrollo en la zona, no estaríamos muy lejos de ver ‘niños bomba’ como los que atacan objetivos militares en Israel. El adoctrinamiento de Sendero podría conducirlos a la autodestrucción si las autoridades no hacen algo. No sería raro que de aquí a un tiempo comiencen a inmolarse bajo el influjo de una ideología radical, por amenazas contra sus familiares más cercanos o para que sus padres reciban una determinada cantidad que alivie, momentáneamente, sus penurias económicas.

Su sacrificio causaría mucho estupor al igual que si resultan muertos o heridos tras enfrentar a las fuerzas del orden. Lo último que desearíamos enterarnos es que un policía o militar haya disparado contra un menor para salvar su vida.




lunes, 3 de agosto de 2009

Precisiones sobre la ofensiva narcoterrorista en Ayacucho



Por César Reyna



En las últimas horas el ministro del Interior, Octavio Salazar, y algunos “expertos” en temas de terrorismo y narcotráfico han realizado interpretaciones aventuradas sobre al ataque producido en una de las regiones más pobres y olvidadas del país.

Salazar, responsable de la seguridad interna, dijo que el objetivo de los narcosenderistas era tomar el puesto policial de la Dinoes y la municipalidad del poblado donde ocurrieron los hechos. También señaló que las fuerzas del orden repelieron el ataque y causaron bajas entre los terroristas.

Uno desearía creer que las expresiones del ministro son ciertas; sin embargo, no se le puede dar crédito pues es consciente de que la falta de fuentes de inteligencia en su institución y las Fuerzas Armadas facilitó el atentado. Si los efectivos de la Dinoes fueron sorprendidos por los senderistas fue porque no tenían información acerca de sus planes y movimientos.

Los narcoterroristas no planeaban entrar a la base a pintarla con consignas alusivas a la lucha armada o al Partido Comunista Peruano como cree este despistado funcionario, sino hacerle saber a las autoridades que pagarán un alto precio –en vidas humanas y perdidas materiales- si tratan de afectar su negocio. Ese es el mensaje que nos han querido transmitir con una ofensiva nunca antes vista en la zona.

En el caso de las muertes de algunos atacantes, esta versión no ha podido ser verificada pues no se han encontrado cuerpos de terroristas en los alrededores. No se le puede dar crédito a los testimonios de los lugareños que afirman haber visto subversivos abatidos porque es probable que no hayan podido ver nada en medio de la confusión, las explosiones y el tiroteo. Como el ataque se produjo de noche, la visión humana no es confiable al momento de identificar lo que observa, y menos si los observadores sienten palpitaciones producto de la adrenalina que recorre el torrente sanguíneo.

De otro lado, las afirmaciones de algunos “analistas” de que los terroristas buscaban apoderarse del arsenal (del puesto policial) dejan de tener asidero cuando analizamos la operación. Resulta muy fácil desbaratar esta explicación pues no tiene sentido arriesgar la vida, resultar herido o ser arrestado en una emboscada para incautar material bélico del rival. Los narcosenderistas no necesitaban armas ya que su gran poder de fuego precisamente demuestra que les sobraban fusiles, balas y granadas para cercar una estación fuertemente custodiada. El ataque de la madrugada domingo duró una hora de incesante intercambio de plomo y metralla. A los sediciosos no les preocupaba ciertamente cuantas municiones disparaban porque estaban bien equipados para el combate.

La hipótesis de la confiscación carece de sentido porque los terroristas adquieren sus armas con el dinero que les genera el narcotráfico. No dependen de los pertrechos que arrebatan a los soldados o policías caídos. Si lo hacen luego de un enfrentamiento es para conseguir trofeos de guerra. Claro que no se descarta que las usen contra patrullas militares o policiales, pero esa vía no constituye su principal fuente de suministro.

Las fronteras del Perú son permeables a todo tipo de contrabando, especialmente del de armas de fuego y municiones. De ahí que no tengan dificultades para conseguir el armamento que necesitan para enfrentarse a los agentes del Estado. La ausencia de controles policiales, sobre todo en nuestra frontera con Bolivia, les permite contar con equipos más modernos de los que dispone la policía.