Mostrando entradas con la etiqueta ataque terrorista en ayacucho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ataque terrorista en ayacucho. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de agosto de 2009

Alan García considera que Sendero no es una amenaza para la democracia



Presidente peruano coincide con líder nacionalista Ollanta Humala. Si admitía que grupo terrorista representa un peligro para el país estaría poniendo en entredicho su política de seguridad nacional
-----------------------------------------------------------------

Por César Reyna


Un Gobierno embarcado en exhibir logros no puede confesar que el narcoterrorismo es más fuerte que en los años ochenta como declaró el congresista aprista Mauricio Mulder. El también secretario general del Apra magnificó el fenómeno del narcosenderismo solamente para desautorizar al opositor Ollanta Humala; sin sopesar que sus palabras podrían tener un efecto adverso entre la población y los inversionistas.

Afirmar que Sendero Luminoso es una amenaza para el país equivale a decir que el Estado no solo no controla una parte del territorio, sino que existe el peligro de que se expanda sus actividades a otras regiones.

El ataque del fin de semana a una base policial en una localidad olvidada de Ayacucho fue una demostración de fuerza de los remanentes de Sendero. De momento su presencia se encuentra exclusivamente focalizada en el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE) y en menor medida en el Huallaga. No hay peligro de expansión mientras no se replieguen, fruto de la intervención de nuestras Fuerzas Armadas, a otras áreas donde puedan controlar el tráfico de los derivados de la hoja de coca: la pasta básica y la cocaína.

En la ciudad de Tacna, en el sur del Perú, el primer mandatario declaró que “el problema que tenemos ahora no es ni la décima y quizá ni la centésima parte de lo que en los años 80 se tenía”, enmendándole la plana al verborrágico Mulder. También agregó que “por un tiempo vamos a tener ese tipo de agresiones a las que tampoco hay que presentar como si fueran la amenaza contra la democracia total”.

Mulder había manifestado ayer a una radioemisora capitalina: “Ese Sendero Luminoso de hoy, que es casi un remanente, es mucho más poderoso que el Sendero de 1980, porque tiene más gente, más dinero, más armas y un territorio que le favorece en su estructura geográfica e imposibilita la entrada de la Policía”. Las declaraciones del jefe de Estado se producen 24 horas después de que el ministro Salazar rectificara sus propias declaraciones en las que había coincidido con Humala.



jueves, 6 de agosto de 2009

Sendero Luminoso no representa una amenaza para el país


La coincidencia del ministro del Interior, Octavio Salazar, con el líder nacionalista, Ollanta Humala, en el sentido que Sendero Luminoso (SL) ya no constituye un peligro para el país ha generado discrepancias en el seno del oficialismo.
Magnificar las acciones de Sendero para desacreditar a un político rival pueden costarnos mucho en términos de imagen
--------------------------------------------------------
Por César Reyna


Tras el ataque contra la base policial de la Dinoes (División Nacional de Operaciones Especiales) el secretario general del APRA y congresista, Mauricio Mulder, sostuvo que el candidato nacionalista “quedó en ridículo por haber afirmado que Sendero Luminoso y el MRTA ya no constituían un peligro para el país”; sin embargo, luego de la sesión de ayer en el Consejo de Ministros, el responsable de la cartera del Interior, Octavio Salazar, dijo que “las actividades de Sendero no representan una amenaza para el país, ya que actividad está ‘focalizada’ en la zona del VRAE (Valle de los Ríos Apurímac y Ene)”.

La controversia entre Mulder y Salazar pone en evidencia dos posturas radicalmente distintas dentro del oficialismo. Mulder, como operador político del APRA, asume una posición contraria a la verdad porque desea restarle todo mérito a las declaraciones de Humala. Aun cuando el candidato nacionalista tenga la razón en este y otros asuntos objetará sus argumentos pues tiene el deber de demoler su imagen.

Salazar, por su parte, cometió un lapsus imperdonable ya que respaldó involuntariamente al líder de la oposición. Su coincidencia con Humala se ajusta a la realidad pues Sendero no tiene la intención ni los medios para tomar el poder. Esta agrupación narcoterrorista tiene como principal objetivo mantener el control de las áreas productoras de hoja de coca. De momento no representa una amenaza para otras zonas con potencial cocalero en la medida que no sea expulsada del VRAE. Si se la obliga a replegarse seguramente operará en regiones donde promovería el cultivo de la coca.

Afirmar que Sendero Luminoso constituye una amenaza para la seguridad nacional supone un riesgo para el país en términos de imagen. En momentos en que el Perú desarrolla una marca país y busca posicionarse como destino para turistas y capitales esa afirmación puede resultar contraproducente. De ahí que las conjeturas de Mulder representen un arma de doble filo pues muchos inversionistas podrían pensarlo dos veces antes de invertir en el Perú.

A Sendero le conviene que sus incursiones tengan repercusión mediática porque asi va consolidando o reviviendo el temor que causaba su presencia en los ochenta.

En cuanto a la solución propuesta por Humala para contrarrestar al narcoterrorismo no parece viable que el Estado compre toda la producción de hoja de coca –a un costo de US$ 200 millones- porque los narcotraficantes tienen mucho margen para subir el precio. Si se desata una guerra de precios entre el Estado y los narcos se incrementarían las cosechas ya que muchos campesinos estarían incentivados a cultivar coca. En caso de que el Estado iguale el precio que pagan los traficantes estos coaccionarían a los cocaleros para que sigan produciendo coca. Para acabar con ese flagelo no bastaría la sustitución de cultivos ni vuelos de interdicción ni la destrucción de cocales o pozas de maceración mientras exista un mercado. Sólo la legalización de su comercialización, como ocurrió con el alcohol, derrumbaría los precios y el financiamiento que sustenta a Sendero y a los carteles de la droga.




lunes, 3 de agosto de 2009

Precisiones sobre la ofensiva narcoterrorista en Ayacucho



Por César Reyna



En las últimas horas el ministro del Interior, Octavio Salazar, y algunos “expertos” en temas de terrorismo y narcotráfico han realizado interpretaciones aventuradas sobre al ataque producido en una de las regiones más pobres y olvidadas del país.

Salazar, responsable de la seguridad interna, dijo que el objetivo de los narcosenderistas era tomar el puesto policial de la Dinoes y la municipalidad del poblado donde ocurrieron los hechos. También señaló que las fuerzas del orden repelieron el ataque y causaron bajas entre los terroristas.

Uno desearía creer que las expresiones del ministro son ciertas; sin embargo, no se le puede dar crédito pues es consciente de que la falta de fuentes de inteligencia en su institución y las Fuerzas Armadas facilitó el atentado. Si los efectivos de la Dinoes fueron sorprendidos por los senderistas fue porque no tenían información acerca de sus planes y movimientos.

Los narcoterroristas no planeaban entrar a la base a pintarla con consignas alusivas a la lucha armada o al Partido Comunista Peruano como cree este despistado funcionario, sino hacerle saber a las autoridades que pagarán un alto precio –en vidas humanas y perdidas materiales- si tratan de afectar su negocio. Ese es el mensaje que nos han querido transmitir con una ofensiva nunca antes vista en la zona.

En el caso de las muertes de algunos atacantes, esta versión no ha podido ser verificada pues no se han encontrado cuerpos de terroristas en los alrededores. No se le puede dar crédito a los testimonios de los lugareños que afirman haber visto subversivos abatidos porque es probable que no hayan podido ver nada en medio de la confusión, las explosiones y el tiroteo. Como el ataque se produjo de noche, la visión humana no es confiable al momento de identificar lo que observa, y menos si los observadores sienten palpitaciones producto de la adrenalina que recorre el torrente sanguíneo.

De otro lado, las afirmaciones de algunos “analistas” de que los terroristas buscaban apoderarse del arsenal (del puesto policial) dejan de tener asidero cuando analizamos la operación. Resulta muy fácil desbaratar esta explicación pues no tiene sentido arriesgar la vida, resultar herido o ser arrestado en una emboscada para incautar material bélico del rival. Los narcosenderistas no necesitaban armas ya que su gran poder de fuego precisamente demuestra que les sobraban fusiles, balas y granadas para cercar una estación fuertemente custodiada. El ataque de la madrugada domingo duró una hora de incesante intercambio de plomo y metralla. A los sediciosos no les preocupaba ciertamente cuantas municiones disparaban porque estaban bien equipados para el combate.

La hipótesis de la confiscación carece de sentido porque los terroristas adquieren sus armas con el dinero que les genera el narcotráfico. No dependen de los pertrechos que arrebatan a los soldados o policías caídos. Si lo hacen luego de un enfrentamiento es para conseguir trofeos de guerra. Claro que no se descarta que las usen contra patrullas militares o policiales, pero esa vía no constituye su principal fuente de suministro.

Las fronteras del Perú son permeables a todo tipo de contrabando, especialmente del de armas de fuego y municiones. De ahí que no tengan dificultades para conseguir el armamento que necesitan para enfrentarse a los agentes del Estado. La ausencia de controles policiales, sobre todo en nuestra frontera con Bolivia, les permite contar con equipos más modernos de los que dispone la policía.