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sábado, 15 de agosto de 2009

Hugo Chávez inculcará el socialismo en los niños


Presidente venezolano reformulará la educación para familiarizar a los menores con las ideas de Marx, Engels, Lenin, Fidel Castro y el ‘socialismo del siglo XXI’.

Estudiantes, profesores y periodistas se movilizaron ayer para denunciar el carácter “ideologizante” y “excluyente” de la ley que esperó ocho años para su segunda discusión legislativa

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Por César Reyna

Con la aprobación de la Ley Orgánica de Educación por parte de la Asamblea Nacional Hugo Chávez pretende ‘cubanizar’ a Venezuela por una vía distinta a la de la revolución. Si Chávez hubiera sido la cabeza de un movimiento popular que no solo buscaba el derrocamiento del gobernante de turno, sino desmontar algunas estructuras sociales, hubiera podido transformar radicalmente a su país; sin embargo, al hacerlo por la vía “democrática”, es decir, mediante elecciones “libres”, cuestionadas reformas legales y con la presencia de una oposición recalcitrante no puede augurársele el mismo éxito.


Chávez fracasará en su intento de “socializar” a Venezuela porque no es la Cuba de los años 50 . El líder socialista llegó al poder en 1999, casi una dècada despuès del fin de la Guerra Fría, y desde entonces ha sido reelegido un par de veces; mientras que Fidel Castro, su ideólogo y mentor, dirigió a las masas de su paìs para derribar un sistema corrupto y opresivo de derecha. El ‘castrismo’ no puede reeditarse porque Chávez no se ha deshecho de sus detractores fusilándolos, apresándolos de por vida o facilitando su huida como el mayor de los hermanos Castro. Fidel pudo reeducar a la población (para crear al “nuevo hombre cubano”), sólo después de haber limpiado a la Isla de colaboradores del antiguo régimen.


El autócrata llanero no puede hacer lo mismo porque le lloverían condenas internacionales y no ha podido desterrar a una oposición que se fortalece, pero no porque los venezolanos comulguen necesariamente con sus ideas, sino porque las políticas chavistas están destruyendo la economía y socavando libertades fundamentales.


Entrando de lleno en el análisis de la norma educativa, que seguramente Chávez promulgará a la brevedad, hay que destacar varios puntos. El primero de ellos es la “resocialización” de los niños, a quienes se les lavará el cerebro para que abracen el socialismo y rechacen ideologías contrarias. Una vez publicada no habrá libre circulación de ideas en las aulas pues se prohíbe la difusión de pensamientos opuesto a la “doctrina bolivariana”.

El socialismo se convertirá en la nueva religión de los venezolanos en edad escolar pues la enseñanza católica ha sido retirada del plan de estudios. El oficialismo rechaza la prédica de la Iglesia porque es la máxima representante del conservadurismo, esto es, de los valores y tradiciones de la oligarquía. Chávez la considera corrupta porque se ha desviado de las enseñanzas de Jesús, a quien calificó en una oportunidad como “el primer socialista de la historia”.

El régimen de Caracas señala que la norma beneficiará a los niños pues habrá un incremento de los días de escolaridad (tendrá un mínimo de 200 días), manteniendo los 60 días de vacaciones, pero ese aumento sólo servirá para profundizar la difusión del socialismo. La educación no mejorará sino que será más sesgada e indulgente con una determinada versión de la historia (a los alumnos seguramente se les dirá que Stalin fue un gran hombre que modernizó a la Unión Soviética, sin hablar de sus purgas, y que Fidel Castro es un benefactor de la humanidad, sin mencionar a sus muertos).

La pluralidad educativa será abolida en cuanto Chávez firme ese texto normativo. De ahí en adelante se promoverá la homogenización de las consciencias e instaurarà el pensamiento único. La critica no será admitida asi como ninguna forma de discrepancia. Adam Smith, David Ricardo, Milton Friedman serán presentados como enemigos del hombre. El liberalismo económico será expuesto como una 'ideología del diablo'. El modelo a implantarse será el cubano y los estudiantes deberán aprender a rajatabla la vida y obra de cada mártir de la revolución rusa, china o cubana. Esos serán los "ejemplos" a seguir a partir de ahora. La familia, por su parte, no tendrá participación en el “proceso resocializador” ya que no podrá elegir el tipo de educación que prefiere para sus hijos.

De otro lado, el artículo 50 señala que los medios podrán ser sancionados si publican y divulgan impresos “(…) y otras formas de comunicación social que produzcan terror en los niños, inciten al odio, a la agresividad, la indisciplina, deformen el lenguaje y atenten contra los sanos valores del pueblo venezolano, la moral y las buenas costumbres, la salud mental y física de la población (…)”. Adiós a los dibujos animados, historietas, juegos de video, películas de Hollywood, series de televisión, etc. Así se abre la puerta a la terrible censura que existe en la China comunista.

La ley en cuestión prevé el cierre de medios e instituciones educativas y la suspensión de docentes que infrinjan sus disposiciones. De ese modo se introduce parte del contenido del Proyecto de Ley de Delitos Mediáticos que penaliza el ejercicio de las libertades de prensa y de expresión.

Por si fuera poco, la norma también vulnera la autonomía universitaria pues el Estado podrá suprimir la enseñanza de algunas carreras profesionales si lo juzga conveniente.




jueves, 28 de mayo de 2009

¿Venezuela podría convertirse en la nueva Cuba?




¿Venezuela podría convertirse en la nueva Cuba?



Por César Reyna




El escritor Mario Vargas Llosa ha afirmado en Caracas, donde participa en un foro internacional sobre libertad y democracia, que “Venezuela podría convertirse en la segunda Cuba de América Latina (…)”. Tal aseveración nos parece desproporcionada, pero no porque el presidente venezolano Hugo Chávez no lo desee, sino porque, dadas las circunstancias actuales, resulta fácticamente imposible.

Para que Chávez pueda establecer un régimen totalitario como el cubano primero debería expulsar a la mayoría de sus opositores o buscar que emigren a otros países como sucedió durante la primera década de la Revolución Cubana. Fidel Castro, a quien tanto admira el mandatario llanero, pudo gobernar a sus anchas no sólo porque repelió con éxito la invasión en Bahía de Cochinos o tuvo respaldo político de la extinta Unión Soviética, sino porque sus rivales migraron masivamente hacia Estados Unidos. El éxodo de cientos de miles de cubanos, ahora afincados en el estado de Florida, despejó el camino para llevar a cabo una serie de reformas que transformaron económica, social y culturalmente a la Isla. Sin la partida de los querían evitar la cárcel, la humillación pública o la ruina personal y familiar no hubiera sido posible instaurar el modelo comunista. Cuando los exiliados cubanos se marcharon, dejaron al régimen sin oposición de la que tuviera que perseguir u ocuparse.

La otra alternativa para Chávez sería instaurar un sistema estaliniano que condene a miles a las cárceles y asesinar selectivamente a los disidentes más importantes para amedrentar al resto de la población. Esa opción es inviable, a menos que Chávez quiera convertirse en un auténtico tirano y esté dispuesto a aceptar las consecuencias (ser juzgado por crímenes de lesa humanidad). Pero Chávez no puede expulsarlos ni encarcelarlos a todos (ni siquiera a un gran grupo) porque violaría su propia Constitución, aunque, a juzgar por sus últimas actuaciones y declaraciones, las leyes y el orden constitucional no parecen importarle mucho.

Ambos escenarios parecen poco probables en la Venezuela de hoy a pesar de que muchos se han visto obligados establecerse en otras tierras debido a la falta de oportunidades, la crisis económica o el hostigamiento de los chavistas. De los que han podido migrar e integrarse exitosamente se encuentran muchos ex trabajadores y funcionarios de PDVSA, la petrolera estatal, quienes en la actualidad residen en Estados Unidos o Canadá, donde ganan mejores sueldos. Ese grupo era privilegiado porque laboraba en sector que le proveía el mayor flujo de divisas a Venezuela. Por ser estratégico y rentable recibían generosos salarios, pero debieron partir cuando Chávez, cansado de las paralizaciones que sufría la industria petrolera, los despidió para tener el control efectivo de la empresa.

Mientras Chávez deba lidiar con una oposición que se fortalece y gana adeptos tanto en el interior como en el exterior, pues se han creado (o se están creando) foros de apoyo en la región para retorno de la democracia Venezuela, se desgastará progresivamente, lo que lo obligará a mostrar su faceta más temeraria y represiva. En el momento en que cercene libertades decididamente, decrete toques de queda, estados de emergencia y encarcele arbitrariamente a cualquier disidente, no habrá vuelta atrás para él. Tras ese punto de no retorno perderá el poco crédito que le queda y será denunciado con mayor decisión por los países miembros de la OEA.

Hasta ahora la mayoría de naciones ha actuado con cautela respecto a la situación de los derechos humanos y la democracia en Venezuela. Sólo organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Cato Institute, entre otras, han expresado su preocupación por las acciones del Gobierno venezolano. Si no han sido más proactivas proponiendo sanciones a nivel de Naciones Unidas o la misma OEA es porque Venezuela es un importante productor de petróleo. Estados Unidos, el país más vilipendiado por Chávez, ni si quiera ha considerado el embargo u otras medidas comerciales pese a que Venezuela representa una mayor amenaza para la democracia liberal que Cuba. La pasividad norteamericana se debe a que Iraq, Afganistán, Pakistán y la beligerante Corea del Norte, representan mayores preocupaciones para sus intereses nacionales. El embargo de la superpotencia podría funcionar en el mediano plazo -mucho más que el caso cubano porque generaría mayores protestas y demandas sociales-; pero no sería conveniente para la economía del gigante estadounidense (ni para la del mundo) pues los precios del barril de crudo de dispararían ante la falta del suministro venezolano. Dejar a Chávez sin petrodólares, a priori, parece una buena idea para sacarlo del poder; pero agravaría la crisis económica internacional en la medida que generaría más inflación.

A pesar de que no sea factible que Venezuela termine como Cuba, cuyo régimen está dando tibias muestras de apertura (empezó dialogar con Estados Unidos y se especula con su regreso a la OEA), de todos modos preocupa el deterioro de las libertades en ese país. Chávez, en su afán expansionista y populista, ha desaprovechado o dejado pasar la elevada cotización del petróleo de los últimos años para modernizar a Venezuela. Mientras algunos emiratos de Oriente Medio están invirtiendo en bienes raíces y comprando empresas en todo el mundo, Caracas ha gastado la mayor parte de sus recursos comprando lealtades políticas y nacionalizando antiguas empresas estatales. En lugar de potenciar su industria manufacturera la ha desprotegido estableciendo controles de precios y barreras para restringir el flujo de capitales. El futuro de Venezuela será sombrío mientras Chávez continúe en la presidencia. De ahí en adelante, una vez que se produzca su salida, será incierto porque la oposición –y esa es una de sus principales deficiencias- no ha logrado construir un liderazgo y un discurso coherente que represente una verdadera alternativa al experimento chavista.