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domingo, 20 de septiembre de 2009

¿Qué demonios hace Juanes en Cuba?


Cantante colombiano se presentará este domingo con otros artistas internacionales en la Isla para ofrecer un recital por la “Paz”

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Por César Reyna



Cuba ciertamente no es el mejor país del mundo para realizar un concierto contra las guerras porque no es tierra de libertad. Además los conflictos armados a escala global han ido disminuyendo en la actualidad. La única razón para un evento de esa magnitud - congregará a medio millón de cubanos en un caloroso día en La Habana- es rechazar las amenazas del presidente venezolano Hugo Chávez contra Colombia, país que permitirá el ingreso de tropas norteamericanas para luchar contra el narcotráfico y la guerrilla de las FARC.


El mensaje del promocionado concierto es naturalmente indirecto ya que Juanes ni ningún otro artista podrá dirigirse a la multitud con un lenguaje que denuncie la hostilidad venezolana. Siendo Venezuela el principal socio político y comercial del régimen castrista, las calles de La Habana no serán utilizadas como plataforma para pedir el cese de las provocaciones de Caracas.


Más allá de las motivaciones ocultas del evento, está claro que Juanes, por encargo de sus asesores de imagen, pretende convertirse en una especie de Bono –el cantante de U2- latinoamericano. Al promocionar la causa de la paz, una de las más manoseadas, explotadas y trilladas, de las que siempre han echado mano las participantes de concursos de belleza, Juanes busca añadirle una dimensión “humana” o de “responsabilidad social” a su carrera artística.


La campaña del cantautor colombiano resulta tan vacía como muchas de las letras de sus canciones. En vista de que no puede posicionarse como referente del medio ambiente, los indígenas u otras metas del milenio, trata de promocionarse como un hombre consternado por los problemas de la humanidad para vender más música y cobrar más por sus conciertos.


Si de verdad estuviera comprometido con la paz y causas semejantes debería alzar la voz contra las autoridades cubanas que mantienen en prisión a decenas de presos políticos, pedir la libre circulación de ideas o que haya elecciones libres, es decir, democracia. Porque la ausencia de libertades fundamentales es propia de un estado de sitio o de guerra. Cuba tal vez no enfrente una amenaza bélica, pero su población vive bajo las duras condiciones de una ocupación militar. Si eso no es denunciado, ¡no sé que diablos hace Juanes en La Habana!




sábado, 29 de agosto de 2009

Cumbre de Unasur: Uribe salió ganando


Por Cèsar Reyna


La presencia de tropas, asesores y contratistas norteamericanos en Colombia puede entenderse de dos formas: 1) como un seguro para impedir un eventual ataque venezolano, y 2) para incursionar impunemente, en caso sea necesario, en territorios ajenos con el propósito de ejecutar operativos como el realizado en Ecuador en marzo de 2008, el cual causó la muerte de Raúl Reyes, uno de los principales cabecillas de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), y la ruptura de relaciones entre Colombia y Ecuador.


Colombia puede sentirse más protegida ahora que ha roto el equilibrio estratégico con sus vecinos, sobre todo con Venezuela, país que ha adquirido armamento sofisticado de Rusia por 7 mil millones de dólares en los últimos tres años.


El presidente venezolano Hugo Chávez ha afirmado, antes de la Cumbre de Unasur en Bariloche, que Estados Unidos buscaría apoderarse de la Faja del Orinoco, el área más rica en petróleo del continente, cuando ocupe siete bases colombianas. Sin embargo, la superpotencia no tendría la intención de convertir a Venezuela en otro Iraq. Imaginar una invasión, para empezar, es contraria a la diplomacia establecida por Obama que no busca la confrontación o el aislamiento perpetuo de sus rivales, sino el diálogo para aliviar tensiones geopolíticas.


Sería un despropósito capturar los yacimientos venezolanos pues ocasionaría la subida inmediata del petróleo a niveles inusitados en el corto plazo. Una guerra a estas alturas no sólo deterioraría la imagen internacional de Estados Unidos, sino que profundizaría la recesión de la que trata de salir.


Ahora bien, los más perjudicados con la decisión colombiana de permitir el ingreso de soldados norteamericanos son sin duda Ecuador y Venezuela. Estos dos países resultan afectados porque comparten frontera con Colombia y temen, con justa razón, el incremento del espionaje estadounidense en la región.


El tercer país afectado es Brasil. El gigante sudamericano ve con mucha preocupación que fuerzas norteamericanas tomen posiciones en el Amazonas, la mayor reserva natural del mundo. Brasil, a la vez que trata de preservar el área amazónica, desea mantenerla libre de potencias extranjeras.


La Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), ideada por Lula da Silva para forjar una comunidad al margen de la gran potencia del norte, ha podido resquebrarse durante la reunión de ayer por las insalvables diferencias de Hugo Chávez con Álvaro Uribe. Si Lula no hubiera dicho basta de manera simbólica agitando su puño es probable que las naciones que presiden hubieran roto relaciones. Eso hubiera marcado el fin para el esfuerzo integracionista sudamericano, en el que Brasil juega un rol preponderante como mediador en las disputas subcontinentales.


Brasil no ha salido reforzado de la cita de Bariloche en Argentina ya que tuvo que aceptar de manera resignada la presencia militar norteamericana; pero tampoco ha perdido mucho pues salvó a Unasur de la debacle.


Los argumentos esgrimidos por Uribe para justificar la colaboración con los estadounidenses no resultan convincentes en la medida que la guerrilla viene siendo acorralada. Los principales líderes de las FARC han muerto de causas naturales como Manuel Marulanda alias ‘Tirofijo’, o en operaciones militares como Raúl Reyes. Ahora mismo ocupan mucho menos territorios al punto que deben refugiarse en las fronteras abandonando campamentos, armas y documentación. Años atrás podía tener sustento la participación de los norteamericanos, sobre todo durante los 80, cuando los cárteles colombianos dominaban el comercio de la droga, pero no ahora que el control de las rutas hacia Estados Unidos se ha desplazado a México, donde la situación es verdaderamente insostenible.


Colombia es hoy en día un país mucho más seguro pues se promociona internacionalmente como un lugar para invertir y quedarse a vivir (recodar la publicidad: “Colombia, el riesgo es que te quiera quedar”). La violencia ha disminuido fruto de la desmovilización de guerrilleros y paramilitares y las constantes acciones contra las FARC. Por eso no se explica, desde el punto de vista de Uribe, el ingreso de soldados y especialistas de Estados Unidos para combatir a dos flagelos íntimamente vinculados como el terrorismo y el narcotráfico. México, que atraviesa una situación bastante peor -y al que un reporte norteamericano calificó de país inviable-, no ha solicitado la presencia “salvadora” de su poderoso vecino del norte.


En cuanto a la lucha contra el narcotráfico, ese tema viene siendo utilizado desde hace tiempo por Estados Unidos para tener injerencia en la región. Si no lo ha combatido más eficazmente ni ha legalizado el consumo de drogas, es porque, muy a parte de las consideraciones morales de su sociedad, no tiene mayor interés en hacerlo por una finalidad geopolítica. El Pentágono podría argumentar que necesitan espacios en Sudamérica para vigilar vuelos sospechosos e interceptar comunicaciones de jefes guerrilleros y mafiosos, y también que necesitan reubicar a su personal y trasladar equipos tras el cierre de la base ecuatoriana de Manta en setiembre. En ese sentido también podrían argumentar que la poca colaboración que reciben de autoridades venezolanas, ecuatorianas y bolivianas dificulta la lucha antidrogas. Pero todo ello no serían más que excusas, aun cuando la producción de cocaína ha aumentado, para seguir interviniendo en su acostumbrado “patio trasero”.


Uribe es el que mejor ha capitalizado la ira de Chávez pues busca afanosamente la reelección. Enemistarse con el líder venezolano le garantiza la reforma de la Constitución de su país para postular nuevamente al cargo.


Por eso el presidente colombiano insistió en la televisación de la reunión de Bariloche para que el electorado colombiano visualice la confrontación con su homólogo venezolano, a quien acusa de amenazar a su soberanía y tener vínculos con las FARC. Uribe sin duda salió ganando de Bariloche pues no hubo condena a nivel regional (por la presencia norteamericana) y se fortalece a nivel interno ya que el peligro chavista le asegura un nuevo mandato.


El mandatario que más criticó, y con acierto, las intervenciones de Álvaro Uribe, fue Rafael Correa, pues le demostró que su Gobierno combate a las FARC, con las que Uribe pretende vincularlo, anunciando la detención de líderes de la guerrilla en territorio ecuatoriano.


En lo que respecta a nuestro presidente, éste limitó a criticar las adquisiciones militares en el subcontinente, en clara alusión a Chile, país que viene reequipándose aceleradamente. En los últimos cinco años Santiago ha incrementado su gasto en armas en 49%. Su participación más lúcida estuvo dirigida a Hugo Chávez, a quien le recordó que Estados Unidos no tenía por qué apoderarse del petróleo venezolano ya que es su principal cliente.




viernes, 28 de agosto de 2009

"Hombre, para qué van a dominar el petróleo, si usted se lo vende todo a los Estados Unidos"

García critica armamentismo y se ríe de Chávez

"Para qué van a dominar el petróleo, si usted se lo vende todo a los Estados Unidos", dijo García, en una frase que provocó sonrisas, excepto en Chávez.

por Reuters


Alan García se mostró preocupado por una eventual carrera armamentista en Latinoamérica.

Bariloche. El presidente peruano, Alan García, cuestionó este viernes lo que consideró una carrera armamentista en Sudamérica, en momentos en que su país mantiene una disputa limítrofe con Chile, un importante comprador de material bélico en la región.

"Es vergonzoso que presidentes que decimos actuar por el pueblo hayamos comprado el año pasado 38.000 millones de dólares en armas", afirmó, indicando que con ese dinero gastado en el rubro, durante 2008, se podría haber solucionado problemas de miles de personas.

"Hablando de integración, reunidos en la linda (ciudad de) Bariloche (...), saldremos de aquí a comprar más armas", agregó en el marco de una cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en la ciudad patagónica argentina.

Perú mantiene una disputa sobre su frontera marítima con Chile, que el año pasado destinó 4.470 millones de dólares a la compra de armamento.

Brasil, con un presupuesto de defensa de unos US$26.200 millones en 2008, tiene una larga lista de compras que incluye helicópteros, cazas y hasta un submarino nuclear para reafirmar su lugar como potencia regional.

El gasto en defensa también es sostenido en Colombia, con un presupuesto de 6.000 millones de dólares en el 2008, según la Red de Seguridad y Defensa de América Latina.

En su discurso, García dirigió principalmente sus dardos al venezolano Hugo Chávez.

Refiriéndose a temores venezolanos por la presencia de militares estadounidenses en Colombia, García dijo que si es por el peligro de "que puedan dominar el petróleo (de Venezuela), hombre, para qué van a dominar el petróleo si usted se lo vende todo a los Estados Unidos".

La frase provocó sonrisas, excepto en Chávez. García dijo de inmediato que se trataba de una broma.

El tema central de la reunión entre presidentes regionales, tiene como centro de análisis la presencia de bases militares estadounidenses en Colombia, lo que ha provocado el rechazo de varios mandatarios.


miércoles, 19 de agosto de 2009

Presidente peruano Alan García recibe a Manuel Zelaya



La visita del depuesto mandatario hondureño obligó al gobernante peruano a mostrar su faceta más hipócrita ya que apoya el golpe de Estado en el país centroamericano

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Por César Reyna



Barack Obama puede no respaldar a los golpistas hondureños; pero su homólogo peruano sí. Esa es la sensación que deja el tibio recibimiento de las autoridades incaicas al derrocado Manuel Zelaya, quien ha emprendido una gira por la región en busca de respaldo.


El Perú difícilmente podría presionar o convencer a los usurpadores para que abandonen el poder por dos razones: es un ‘peso pluma’ a nivel internacional y su Gobierno no tiene ningún interés en reponer a un gobernante vinculado a Hugo Chávez.


La presencia de Zelaya en Lima disgusta al eje que Alan García y Álvaro Uribe pretenden construir para resistir a los embates del régimen venezolano. Zelaya no es bienvenido a pesar de que el presidente peruano apoyó el ‘Plan Arias’, ideado por el presidente y mediador costarricense Óscar Arias –que contempla el retorno a la presidencia de Zelaya, la formación de un Gobierno de unidad, el adelanto de elecciones, entre otras medidas-.


El funcionario que más incomodo se sintió con su visita fue el canciller José Antonio García Belaunde pues evitó referirse al golpe de Estado del 28 de junio pasado. La condena peruana en su momento tan tibia como la recepción ofrecida a Zelaya, quien no recibió los honores que le corresponde a su investidura de jefe de Estado; sino un breve saludo protocolar por parte de los Húsares de Junín, la guardia de Palacio.


“Es evidente que hay una crisis institucional en la medida que la Corte Suprema y el Tribunal Electoral no aceptaron la llamada cuarta urna, aquella que pretendía servir al señor Zelaya como una suerte de encuesta para reformar la constitución y prolongar mandatos y eso se resolvió de la manera que se ha resuelto (Golpe de Estado), que no es la manera democrática”, precisó en RPP.


Esta declaración revela que el jefe de la diplomacia peruana asume la posición del Gobierno de facto hondureño porque menciona que Zelaya buscaba reelegirse, cuando eso era materialmente imposible ya que si llegaba a aprobarse la reforma constitucional, un proceso generalmente complejo y prologando, no se hubiera producido con Zelaya en el poder porque su mandato expiraba dos meses después de haberse iniciado la convocatoria para conformar la Asamblea Constituyente.




jueves, 6 de agosto de 2009

Bases norteamericanas: La presencia de militares norteamericanos en Colombia



Los supuestos vínculos de las FARC con Ecuador, la negociación entre Bogotá y Washington para ceder territorio colombiano a tropas estadounidenses y el descubrimiento de lanzacohetes del Ejército de Venezuela en manos de la guerrilla colombiana han ido abriendo brechas entre Ecuador, Colombia y Venezuela
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Por César Reyna (reservamoral@yahoo.com)



El presidente venezolano Hugo Chávez ha puesto el grito en el cielo con el ingreso tropas estadounidenses a siete bases colombianas. Tanto el Gobierno colombiano como el norteamericano descartaron que el convenio, cuyos alcances no se conocen en su integridad, represente una amenaza para la estabilidad de la región, como asegura Chávez.

Chávez Frías advirtió de que la instalación de esas bases puede suponer “el inicio de una guerra en Suramérica”. Sus declaraciones coinciden con la gira iniciada por el presidente colombiano por seis países de Sudamérica para explicar el contenido del acuerdo con EE UU. La mayoría de mandatarios han expresado su malestar porque no ayudaría a mejorar las relaciones con sus vecinos Venezuela y Ecuador. Sólo el presidente peruano Alan García se mostró entusiasta y respaldó a Uribe durante su corta visita a Lima. La coincidencia entre ambos mandatarios se debe a que profesan una misma ideología económica y consideran que ‘el socialismo del siglo XXI’ es la mayor amenaza para las democracias liberales de la región.

Al líder venezolano le sirve hasta cierto punto la colaboración colombo-estadounidense para distender las tensiones internas, sobre todo después de cancelar licencias a varias emisoras opositoras y del atentado contra Globovisión, y justificar la compra de armas a Rusia y la conformación de milicias bolivarianas dedicadas a luchar por su ‘revolución’. Chávez acusa a Obama de querer invadirlo pero ese escenario no es plausible porque Estados Unidos no busca una confrontación directa en Venezuela, aunque el envío de 800 soldados y 600 contratistas estadounidenses, cuando menos, representa una provocación.

El argumento de Álvaro Uribe (de que los militares norteamericanos ayudarán a combatir a la guerrilla y al narcotráfico) no parece condecirse con la realidad pues las FARC se encuentran bastante debilitadas después de la muerte de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, y el cerco contra Jorge Briceño Suárez alias ‘Mono Jojoy’, sucesor del primero. Además, el control del negocio de la droga se ha trasladado a México fruto de las medidas tomadas en el marco del Plan Colombia. Hoy en día las amenazas del terrorismo y del narcotráfico son ostensiblemente menores para los colombianos.

De modo que la presencia Norteamérica estaría más bien orientada a prevenir una posible agresión venezolana o un probable rebrote de del narcotráfico pues los carteles de la droga colombianos volverían a operar a gran escala si el Gobierno de Felipe Calderón logra reducir la capacidad de las mafias que actúan en México. El negocio del tráfico ilícito no desaparecería si Calderón tiene éxito pues sólo cambiarían los nombres de los barones, intermediaros y regiones donde se comercializa la droga.

Ante la “amenaza” norteamericana Chávez anunció la firma de un convenio con Rusia para reforzar a sus fuerzas armadas. Hace unos días Venezuela congeló las relaciones diplomáticas con Colombia cuando se supo que Caracas había desviado a las FARC armas compradas a Suecia. En ese momento Chávez reveló su intención de sustituir las importaciones colombianas por otras procedentes de Brasil y Argentina. Las exportaciones colombianas ascienden a 6000 millones de dólares en la actualidad. A ninguno de los dos países les conviene suspender sus relaciones económicas pues las empresas colombianas necesitan ese mercado para generar divisas. Pero también los venezolanos ya que no producen suficientes alimentos ni otros productos industriales. Por el momento no hay peligro porque las medidas restrictivas de Chávez no podrían concretarse de la noche a la mañana.

La permanencia de los norteamericanos en Colombia obedece también al cierre de la base que éstos utilizaban en Manta, Ecuador, para identificar vuelos que realizan las aeronaves del narcotráfico. Resulta evidente que las operaciones de los norteamericanos no se circunscribirían únicamente al territorio colombiano pues el equipo electrónico y las modernas aeronaves que operarán pueden cubrir casi la mitad del subcontinente, según el ex ministro de Defensa colombiano, Rafael Pardo.

Uribe emprendió la gira por seis capitales sudamericanas para explicarle a sus homólogos las implicancias de la asistencia militar estadounidense ya que no puede asistir a la reunión de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) en Quito, pues Ecuador rompió relaciones con Colombia desde marzo del 2008 en respuesta a un ataque colombiano a un campamento de las FARC.

El periodista del diario El País de España, Miguel A. Bastenier, podría tener la respuesta a la predisposición de Uribe de permitir el ingreso de tropas estadounidenses, con la consiguiente provocación a Caracas, pues trataría “de ganar puntos” con Obama. El presidente demócrata no ha destacado la importancia de Colombia -como su antecesor republicano, George W. Bush- como freno al socialismo de Hugo Chávez. “Bogotá cree que hay que hacer casi lo que sea para mantener lo íntimo de la alianza, abandonando cualquier pretensión de neutralidad en el careo por la hegemonía latinoamericana”, afirma Bastenier. Su interpretación resulta acertada ya que Colombia no tiene muchos aliados en Sudamérica y recién está forjando una alianza con Perú.

Con el estrechamiento de la cooperación militar Bogota buscaría “ganar puntos” con Washington para poner en agenda la discusión de su TLC. La victoria de Obama, el dominio del Partido Demócrata en el Capitolio, partidario del proteccionismo, y la grave crisis económica en Estados Unidos han aplazado la aprobación de su acuerdo comercial. Colombia, como principal aliado de la superpotencia en la región, considera vital la ratificación del tratado para beneficiarse de sus preferencias arancelarias de manera permanente.




miércoles, 5 de agosto de 2009

Álvaro Uribe en Perú



Mandatario colombiano se reunió con su homólogo peruano para formar un frente común contra Hugo Chávez. La presencia de soldados estadounidenses en bases colombianas sería para frenar una posible agresión venezolana
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Por César Reyna



La sorpresiva visita del presidente colombiano Álvaro Uribe a Lima, que forma parte de una gira relámpago por varios países sudamericanos para explicar los alcances del convenio con militares norteamericanos sobre el uso de siete bases en su territorio, no sería únicamente para realizar operaciones conjuntas contra el narcotráfico y la guerrilla, sino para disuadir al presidente venezolano Hugo Chávez de realizar escaramuzas en la frontera.

Chávez no planearía, de ser el caso, una invasion a gran escala sino un conflicto focalizado como que sostuvieron Perú y Ecuador a mediados de los noventa. La posibilidad de una incursión venezolana crecería a medida que se deteriora el control y la legitimidad de Chávez, es decir, el modelo socialista que trata de imponer. El fracaso de convertir a Venezuela en otra Cuba generaría mucha inestabilidad cuando se acerque a su final. En ese escenario es factible que intente una acción militar en su desesperación por mantener el poder. Los militares argentinos hicieron algo equiparable en las postrimerías de la dictadura recuperando Las Malvinas para unir la población; pero, como todos sabemos, fueron humillados por los ingleses.

El régimen de Caracas atraviesa por su momento más álgido con la caída del precio del petróleo y el derrocamiento de su aliado Manuel Zelaya. Chávez no debe sentirse muy seguro en el poder luego del golpe de Estado en Honduras. Ayer tuvo que retroceder en la aprobación del proyecto de la Ley de Delitos Mediáticos por las duras críticas que recibió de organismos internacionales. También tuvo dar marcha atrás en su intento de amedrentar a la prensa al “condenar” el ataque contra Globovisión, la principal televisora de ese país.

Desde que el Gobierno colombiano anunció el acuerdo militar con Estados Unidos, Hugo Chávez ordenó la formación de milicias urbanas –estarían conformadas por miles de civiles armados- para luchar contra la amenaza de las tropas estadounidenses en la vecina Colombia. A Chávez no le faltarían armas ni recursos ya que adquirió fusiles Kalashnikov y municiones a Rusia.

La reunión de los presidentes andinos serviría para recordarle a Chávez que Colombia no está aislada en la región. García y Uribe comparten la misma ideología económica y por ello son rivales acérrimos de Chávez. Esta sería el segundo encuentro entre las autoridades de ambos países pues los cancilleres de Perú y Colombia trataron hace unas semanas el peligro de la militarización en Venezuela. El temor de Uribe es que Chávez busque un enfrentamiento para desviar la tensión interna, es decir, los cuestionamientos que viene recibiendo debido a la supresión de las libertades y el acorralamiento de la prensa y la oposición.

La mayoría de colombianos aprueba la presencia de militares estadounidenses en su país porque considera que existen amenazas internas y externas que la justifican. La innegable vinculación de Chávez con las FARC y su retórica incendiaria generan mucha inestabilidad en un Estado que trata de pacificarse como el nuestro.

Uribe espera convencer en este tour por varias capitales sudamericanas a Michelle Bachelet, Lula da Silva, Evo Morales
, Fernando Lugo y Cristina Fernández de Kirchner de que la misión de las fuerzas norteamericanas no representa una preocupación para la seguridad continental sino más bien una garantía para la paz.



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[1] En el caso del presidente Evo Morales se descuenta su fracaso diplomático y conciliador pues es un aliado firme de Chávez.

viernes, 24 de julio de 2009

Hugo Chávez y la militarización de Venezuela



Hugo Chávez planea militarizar a su país bajo el pretexto de una posible agresión norteamericana. Estados Unidos no se está preparando para invadir Venezuela; pero Chávez aprovecha el aumento de tropas estadounidenses en territorio colombiano para formar milicias urbanas
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Por César Reyna


El presidente venezolano Hugo Chávez pretende crear una policía leal para atemorizar a sus opositores y rivalizar con las Fuerzas Armadas en caso de que éstas preparen un golpe o desacaten sus órdenes. El equipamiento de este brazo armado estaría asegurado ya que el mandatario llanero lo dotaría con fusiles de asalto Kalashnikov. La conformación de grupos paramilitares (1) polarizaría aún más la situación en ese país.

Chávez trataría de reducir la desocupación empleando a partidarios suyos y reclutando a miles de jóvenes simpatizantes sin recursos. Así pretende mitigar el descontento social que generan sus descabelladas políticas económicas que han incrementado el paro y descapitalizado a su industria. El mandatario venezolano intentaría matar dos pájaros de un tiro pues por lado reforzaría sus acciones represivas; y por el otro daría trabajo a miles de venezolanos desempleados. Los milicianos tendrían la misión de arrestar y vigilar a los opositores del modelo chavista (del “socialismo del siglo XXI”). Sus tropas conformarían una fuerza de choque lista para asumir funciones propias de los militares y policías venezolanos.

Sobre lo anterior cabe destacar que Chávez viene creando órganos o aparatos de poder paralelos en Venezuela ya que reemplazó las atribuciones del alcalde de Caracas, hostil al régimen, mediante un jefe de Gobierno que está por encima de éste.

Ahora bien, en momentos en que la derecha hondureña ha dado un golpe de Estado –con presumible respaldo de Estados Unidos- y Bogotá negocia con Washington el uso de tres o cinco bases militares en el marco de su lucha contra la guerrilla y el narcotráfico, Chávez ha aprovechado la coyuntura para endurecer su posición. Chávez revive el antinorteamericanismo para fortalecerse internamente al igual Corea del Norte cuando rechaza su desnuclearización y amenaza con lanzar misiles. Acusar a Estados Unidos de intromisiones o potenciales incursiones militares le sirven para victimizarse y tomar medidas preventivas como la creación de grupos paramilitares bajo su mando.

El régimen de Caracas apela a la confrontación verbal con Norteamérica para justificar las millonarias adquisiciones militares hechas a Rusia y redoblar su control sobre la sociedad. Venezuela lleva gastados miles de millones de dólares en cazas de combate, helicópteros, buques de guerra y tanques. El desembolso rompe el equilibrio con las demás Fuerzas Armadas del subcontinente y podría desatar una innecesaria carrera armamentista.

El despliegue de soldados estadounidenses en Colombia no debería representar una amenaza para Venezuela ya que no sobrepasarían los mil. Un número bastante insignificante si se lo compara con los 300.000 efectivos que componen Fuerzas Armadas venezolanas, una de las más poderosas de la región. Según Chávez, estudiantes, campesinos y empleados estatales integrarían las milicias urbanas que prepara “para la defensa del país”.

Desde que es presidente, Chávez no ha podido demostrar la injerencia norteamericana. Él señala que la superpotencia agrede permanentemente a su país pero el golpe de 48 horas del que fue objeto en 2002 no recibió apoyo de la Casa Blanca y por eso fue abortado por los golpistas. Sin el respaldo de Washington ningún quiebre democrático prosperaría en Latinoamérica pues los usurpadores temen el aislamiento internacional.

Si Chávez ha decido militarizar a la población es porque no confía demasiado en sus jefes militares. Al hablar constantemente de sus enemigos políticos (la burguesía) y conspiraciones internas busca apoyarse en el estrato bajo, su bastión, para organizarlo y movilizarlo contra posibles intentonas golpistas.



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(1) El proceso de militarización no sería reciente pues desde el 2007 se imparten cursos de adoctrinamiento socialista en colegios estatales con miras a formar un ejército de ciudadanos que lleven en mensaje revolucionario de Chávez.






jueves, 2 de julio de 2009

Golpe preventivo en Honduras




Golpe preventivo en Honduras



Por César Reyna


La oligarquía hondureña, al mejor del ex presidente norteamericano George W. Bush, ha ejecutado un golpe de Estado para evitar lo que The Wall Street Journal y otros medios de derecha denominan la “chavización de Honduras”, es decir, el acercamiento del país centroamericano al régimen que lidera Hugo Chávez Frías. Entonces, para evitar un mal mayor, según los partidarios de los golpistas, se tuvo que “subvertir la democracia” porque de otro modo Honduras hubiera caído dentro de la órbita de Venezuela.

Recurrir a ese tipo de acciones preventivas para impedir determinados acontecimientos no son moral ni jurídicamente aceptables porque ni la ética ni el derecho se mueven en el terreno de la suposición, sino en el de los hechos. Nada justifica un golpe de Estado, y menos si apelamos a razones maquiavélicas. Predecir que Chávez iba a extender sus tentáculos sobre Honduras es bastante temerario pues debían conjugarse una serie de factores, siendo el primero de ellos que el depuesto Zelaya asumiera un papel meramente servil.

En el pasado reciente, actuar de manera “preventiva” tuvo un alto costo político para el Partido Republicano ya que en 2006 perdió las elecciones legislativas por el mal desempeño de la estrategia adoptada en Iraq. En su momento, la aventura bélica estadounidense fue condenada por la mayoría de naciones por trasgredir el derecho internacional; pero aún así se llevó a cabo so pretexto de derrocar a un tirano que incumplía resoluciones de desarme de Naciones Unidas y representaba una amenaza para la seguridad mundial. Entre los medios que apoyaron esa descabellada teoría se encontraba The Wall Street Journal, ahora propiedad de Rupert Murdoch, uno de los principales manipuladores de la opinión pública occidental. El diario derechista pide, además, que el presidente Obama intervenga –no sabemos si militar o diplomáticamente- para evitar “una victoria del chavismo en Honduras”. Desde sus páginas se podría estar sugiriendo que la superpotencia viole la soberanía hondureña o que lo haga de una manera más solapada.

No sorprende que periódicos como The Wall Street Journal alienten la intervención de su país en asuntos internos de otras naciones cuando se pone en peligro, no la democracia, sino el establishment. En Latinoamérica nunca hubo verdadera democracia como para salir a defenderla airadamente. Lo que ha existido desde el período de la independencia ha sido un modelo de gobierno que beneficia únicamente a las minorías, esto es, a las clases dominantes que controlan la economía y los medios de comunicación. Para preservar el orden se han valido de las Fuerzas Armadas y de gobernantes seudo populistas para “clientizar” a la población, es decir, explotar sus necesidades para ganar su favor político. Por eso cuando se ejecuta un golpe la democracia no puede restituirse porque aún está en construcción tanto en Honduras como en la mayoría de Estados de habla hispana. Lo correcto sería hablar de ‘proceso democrático’ y no de democracia porque todavía se está gestando América Latina.

Ahora bien, cada quiebre o golpe en la región supone un retroceso indudable porque debilita la confianza en las instituciones como entidades canalizadoras del conflicto. Si la sociedad cree que sacando a un presidente de su residencia a las tres de la madrugada es lícito cualquier cosa podría pasar. Una vez instalada la incertidumbre es muy difícil de desterrar y mina las bases de una nación (destruye el tejido social). Así el deseo de progreso se diluye porque no existen elementos que aseguren la seguridad jurídica en el país. Sin garantías procesales ni constitucionales reina la arbitrariedad de quienes ocupan importantes cargos públicos, como en el caso hondureño.

Romper el orden constitucional por prevención en lugar inmunizarlo lo pervierte porque convierte en paria a un Estado. Sin el reconocimiento de la comunidad internacional ningún Gobierno de facto puede relacionarse ni sobrevivir en este mundo. El reconocimiento es tan o más importante que las elecciones libres porque significa la aceptación y convalidación -desde el exterior- del proceso interno. Esta aprobación es vital para poder comerciar e integrarse en un planeta cada vez más globalizado.

La destitución de Zelaya fue a todas luces irregular, por más que The Wall Street Journal sostenga que se hizo por una orden la Corte Suprema. Si uno revisa la Constitución de cualquier país encontrará que el mandatario sólo puede ser procesado por el Congreso y goza de inmunidad mientras ejerce sus funciones. Al ser elegido por sufragio universal, sólo el poder político encarnado en el Parlamento, cuyos miembros también han sido votados, puede vacar al jefe de Estado por causales previamente establecidas en la Carta Magna. De modo que no es cierto lo que señala tanto The Wall Street Journal como el Cato Institute de que en Honduras no existe el impeachment o juicio constitucional para procesar a un alto dignatario.




miércoles, 3 de junio de 2009

Ollanta Humala, un mal necesario



Ollanta Humala, un mal necesario


Por César Reyna



El candidato del Partido Nacionalista, Ollanta Humala, no representa un mal mayor ni mucho menos el Sida, como aseveró el escritor Mario Vargas Llosa, sino un mal necesario. Por más que genere anticuerpos en muchos sectores, sobre todo en la derecha peruana, el empresariado y la mayoría de medios de comunicación, su proyecto ha permitido que en el Perú se discutan temas como la desigualdad social y la inclusión. Pero más allá de poner en el tapete esos asuntos, su eventual victoria permitiría la democratización de la sociedad peruana. Sé que no parece razonable que Humala, quien ha manifestado su admiración por el dictador Velasco Alvarado y tiene nexos con el presidente venezolano Hugo Chávez, gobierne democráticamente. Los indicios señalan que de llegar al poder se convertirá en un autócrata y cambiará las reglas de juego (trastocará el libre mercado), pero aún así creo que ayudará a que los estratos menos representados cuenten, por primera vez, con participación política.

Su origen no es accidental como muchos piensan, pues si ha llegado a pasar a una segunda vuelta electoral con Alan García y competir contra todo el sistema, es porque el grueso del país tiene demandas insatisfechas. Durante las últimas décadas los grupos de poder real (la oligarquía, los militares y los medios informativos, sin dejar de lado a los norteamericanos) han evitado que surja un movimiento que represente a los de “abajo”, es decir, a las clases sociales más empobrecidas y desatendidas. Dejar sin voz y articulación a las masas más necesitadas fue un objetivo fundamental de los que gobernaron el Perú desde el Gobierno Militar de Velasco Alvarado.

Los sectores populares no recibían atención por parte del Estado. Sólo en los últimos quinquenios se les ha puesto en el mapa e identificado, pero no reconocido, para darles asistencia alimentaria. Si se les entregaba bolsas con víveres, regalaba libros y examinaba en postas médicas era para que el país no figure en la cola de las estadísticas internacionales en materia de alfabetismo, salud y nutrición. Desde que el Estado comenzó a “interesarse” en los más pobres, los gobiernos de turno no desaprovecharon la oportunidad para desarrollar estrategias propagandísticas y reeleccionistas con el fin de captar los votos de los que recibían ayuda estatal. Así se generó un clientelismo político que las sucesivas administraciones han venido implementando sin atacar los problemas de fondo, que son causantes de la pobreza y la desigualdad.

Un Gobierno de Humala sería o debería ser un catalizador de un conjunto de necesidades insatisfechas. De lo que se trata es considerar a la población más ignorada. Esto va más allá de convertirlos en simples beneficiarios de programas sociales pues el trasfondo es que lleguen a ser ciudadanos. Tomarlos en cuenta es necesario para construir progresivamente una nación. No basta hablar de sus problemas y atenderlos solamente en períodos electorales, pues su inclusión a la vida democrática es impostergable. El proyecto de Humala, bajo ese punto de vista, podría proporcionar la cohesión que necesitan para tomar consciencia de sí mismos y pensarse como personas.

El filósofo argentino Ernesto Laclau, profesor de la Universidad de Essex en Inglaterra, dijo que no hay que temerle al populismo “porque aglutina a una serie de demandas de los de abajo que todavía no han sido inscriptas en el discurso político, pero que empiezan a expresarse”. Más que tenerle miedo representa un fenómeno positivo pues permite que muchos actores sociales puedan expresarse. El reconocido intelectual dijo que “antes de la llegada de Chávez en Venezuela, lo que existía era un régimen superclientelístico de gestión de la cosa pública, como en la Argentina del '30”. En ese país, como en el resto de Latinoamérica, las “demandas de las bases” no eran escuchadas. Para muchos simpatizantes del chavismo, las conquistas sociales que han obtenido bajo el Gobierno de Chávez se ha traducido en su reconocimiento como individuos. Esto ha aumentado la participación democrática en capas que se mantenían al margen de la política.

Los pensadores de derecha como Mario Vargas Llosa, los del Cato Institute y otras organizaciones sólo analizan las cosas superficialmente pues se fijan en cosas distinguibles como el hostigamiento a los grupos de oposición y a algunos periodistas; pero no ven lo sustancial, esto es, lo que está detrás de cada proceso político. Vargas Llosa, por ejemplo, es un crítico acérrimo de Velasco Alvarado porque arrebató los medios de comunicación a sus legítimos propietarios y realizó una reforma agraria que descapitalizó el campo; pero al mismo tiempo es incapaz de comprender que sin dicha reforma, cientos de miles de campesinos descontentos y explotados hubieran sido fácilmente seducidos por el discurso incendiario de Abimael Guzmán
[1], antiguo líder de Sendero Luminoso.

La complejidad de estos sucesos impide que gente como Vargas Llosa relacione la generalidad de elementos que están involucrados. “El populismo no es malo pues dicotomiza espacios donde los de abajo pueden interpelar a los de arriba”, según Laclau. “El mayor peligro para la democracia”, siguiendo a este filósofo, “es el neoliberalismo porque tiende a reemplazar el juego político entre fuerzas antagónicas por una administración de carácter tecnocrático”. El populismo es necesario para crear una nación pues en “(…) el mundo de demandas insatisfechas comienza a crear una identidad de los de abajo frente a un poder que los ignora. Allí ya hay una situación semipopulista. Pero en un determinado momento, hay una gran cantidad de demandas insatisfechas a nivel de la base y un sistema institucional que es incapaz de canalizarlas”. “(…) Por el hecho de que estas demandas tienen lugar en una sociedad en la cual muchas otras demandas sociales no son satisfechas, pasan a ser símbolos de algo mucho más amplio y comienzan a construir al pueblo como sujeto colectivo”.

Humala representó en 2006 el enorme descontento de las mayorías empobrecidas. Que el Perú haya sido una de las economías de mayor crecimiento desde el 2002 en la región no fue suficiente para contrarrestar su popularidad. A pesar de que la inflación se mantuvo baja (cerca de 2.5% por año) en estos 93 meses de crecimiento ininterrumpido (4.5% en promedio), las grandes mayorías no se han beneficiado porque no hubo desarrollo. Desde la Administración de Alejandro Toledo el Perú exhibe buenos datos macroeconómicos, pero la riqueza no circuló hacia abajo. La misma situación se repite en el presente, solo que el Gobierno de Alan García, mucho más hábil que sus antecesores, manipula las cifras de crecimiento y reducción de la pobreza, con el aval del Banco Mundial, para que el modelo no sea cuestionado pues el error garrafal de Toledo fue confesar que no producía bienestar. La adulteración o cambio de parámetros estadísticos se hizo para que los ciudadanos no se sientan decepcionados por las políticas económicas tradicionales y rechacen el cambio que propone Humala.

El resto de aspirantes a la presidencia, entre los que destacan Keiko Fujimori, Alejandro Toledo y el alcalde de Lima, Castañeda Lossio, representan la continuidad del modelo económico que arrancó con el régimen de Alberto Fujimori (1990-2000), pasando luego por la presidencia provisional de Valentín Paniagua, que asumió el poder tras la renuncia del ex mandatario encarcelado, y que se afianzó durante el mandato del ex presidente Toledo, y de su ex ministro de Economía y ex primer ministro, Pedro Pablo Kuzcinsky. Humala no es una incógnita como antes, al menos ya no lo es tanto para los que sólo han visto de lejos la riqueza acumulada por Perú en los últimos lustros. Las promesas incumplidas del aprismo, la corrupción del régimen, la alarmante inseguridad ciudadana y el descaro de gobernar solamente para sectores que se encuentran en la cima de la pirámide social favorecen la candidatura del líder nacionalista.

A pesar de estos factores, su discurso no cuaja (no superaría el 30%) porque no goza de la simpatía de la prensa ni sabe articular sus ideas. Tal vez no esté preparado para el reto de crear una identidad nacional, pero sus oponentes, a pesar de sus estudios y años de experiencia política son meros peones o alfiles de un modelo agotado en el mundo.
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[1] El historiador Nelson Manrique fue el primero que descubrió ese aspecto de la transformación agraria de Velasco, la cual es considerada nefasta por la mayoría de intelectuales neoliberales.

jueves, 28 de mayo de 2009

¿Venezuela podría convertirse en la nueva Cuba?




¿Venezuela podría convertirse en la nueva Cuba?



Por César Reyna




El escritor Mario Vargas Llosa ha afirmado en Caracas, donde participa en un foro internacional sobre libertad y democracia, que “Venezuela podría convertirse en la segunda Cuba de América Latina (…)”. Tal aseveración nos parece desproporcionada, pero no porque el presidente venezolano Hugo Chávez no lo desee, sino porque, dadas las circunstancias actuales, resulta fácticamente imposible.

Para que Chávez pueda establecer un régimen totalitario como el cubano primero debería expulsar a la mayoría de sus opositores o buscar que emigren a otros países como sucedió durante la primera década de la Revolución Cubana. Fidel Castro, a quien tanto admira el mandatario llanero, pudo gobernar a sus anchas no sólo porque repelió con éxito la invasión en Bahía de Cochinos o tuvo respaldo político de la extinta Unión Soviética, sino porque sus rivales migraron masivamente hacia Estados Unidos. El éxodo de cientos de miles de cubanos, ahora afincados en el estado de Florida, despejó el camino para llevar a cabo una serie de reformas que transformaron económica, social y culturalmente a la Isla. Sin la partida de los querían evitar la cárcel, la humillación pública o la ruina personal y familiar no hubiera sido posible instaurar el modelo comunista. Cuando los exiliados cubanos se marcharon, dejaron al régimen sin oposición de la que tuviera que perseguir u ocuparse.

La otra alternativa para Chávez sería instaurar un sistema estaliniano que condene a miles a las cárceles y asesinar selectivamente a los disidentes más importantes para amedrentar al resto de la población. Esa opción es inviable, a menos que Chávez quiera convertirse en un auténtico tirano y esté dispuesto a aceptar las consecuencias (ser juzgado por crímenes de lesa humanidad). Pero Chávez no puede expulsarlos ni encarcelarlos a todos (ni siquiera a un gran grupo) porque violaría su propia Constitución, aunque, a juzgar por sus últimas actuaciones y declaraciones, las leyes y el orden constitucional no parecen importarle mucho.

Ambos escenarios parecen poco probables en la Venezuela de hoy a pesar de que muchos se han visto obligados establecerse en otras tierras debido a la falta de oportunidades, la crisis económica o el hostigamiento de los chavistas. De los que han podido migrar e integrarse exitosamente se encuentran muchos ex trabajadores y funcionarios de PDVSA, la petrolera estatal, quienes en la actualidad residen en Estados Unidos o Canadá, donde ganan mejores sueldos. Ese grupo era privilegiado porque laboraba en sector que le proveía el mayor flujo de divisas a Venezuela. Por ser estratégico y rentable recibían generosos salarios, pero debieron partir cuando Chávez, cansado de las paralizaciones que sufría la industria petrolera, los despidió para tener el control efectivo de la empresa.

Mientras Chávez deba lidiar con una oposición que se fortalece y gana adeptos tanto en el interior como en el exterior, pues se han creado (o se están creando) foros de apoyo en la región para retorno de la democracia Venezuela, se desgastará progresivamente, lo que lo obligará a mostrar su faceta más temeraria y represiva. En el momento en que cercene libertades decididamente, decrete toques de queda, estados de emergencia y encarcele arbitrariamente a cualquier disidente, no habrá vuelta atrás para él. Tras ese punto de no retorno perderá el poco crédito que le queda y será denunciado con mayor decisión por los países miembros de la OEA.

Hasta ahora la mayoría de naciones ha actuado con cautela respecto a la situación de los derechos humanos y la democracia en Venezuela. Sólo organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Cato Institute, entre otras, han expresado su preocupación por las acciones del Gobierno venezolano. Si no han sido más proactivas proponiendo sanciones a nivel de Naciones Unidas o la misma OEA es porque Venezuela es un importante productor de petróleo. Estados Unidos, el país más vilipendiado por Chávez, ni si quiera ha considerado el embargo u otras medidas comerciales pese a que Venezuela representa una mayor amenaza para la democracia liberal que Cuba. La pasividad norteamericana se debe a que Iraq, Afganistán, Pakistán y la beligerante Corea del Norte, representan mayores preocupaciones para sus intereses nacionales. El embargo de la superpotencia podría funcionar en el mediano plazo -mucho más que el caso cubano porque generaría mayores protestas y demandas sociales-; pero no sería conveniente para la economía del gigante estadounidense (ni para la del mundo) pues los precios del barril de crudo de dispararían ante la falta del suministro venezolano. Dejar a Chávez sin petrodólares, a priori, parece una buena idea para sacarlo del poder; pero agravaría la crisis económica internacional en la medida que generaría más inflación.

A pesar de que no sea factible que Venezuela termine como Cuba, cuyo régimen está dando tibias muestras de apertura (empezó dialogar con Estados Unidos y se especula con su regreso a la OEA), de todos modos preocupa el deterioro de las libertades en ese país. Chávez, en su afán expansionista y populista, ha desaprovechado o dejado pasar la elevada cotización del petróleo de los últimos años para modernizar a Venezuela. Mientras algunos emiratos de Oriente Medio están invirtiendo en bienes raíces y comprando empresas en todo el mundo, Caracas ha gastado la mayor parte de sus recursos comprando lealtades políticas y nacionalizando antiguas empresas estatales. En lugar de potenciar su industria manufacturera la ha desprotegido estableciendo controles de precios y barreras para restringir el flujo de capitales. El futuro de Venezuela será sombrío mientras Chávez continúe en la presidencia. De ahí en adelante, una vez que se produzca su salida, será incierto porque la oposición –y esa es una de sus principales deficiencias- no ha logrado construir un liderazgo y un discurso coherente que represente una verdadera alternativa al experimento chavista.










miércoles, 27 de mayo de 2009

China sí, Venezuela no



China sí, Venezuela no


*Por César Reyna


Venezuela es vista en la región, y particularmente en Perú, como una amenaza. El régimen de Caracas no sólo apunta a construir el socialismo en Venezuela; sino a exportarlo al resto del continente para formar un frente común contra el imperialismo norteamericano y cualquier otro tipo de injerencia exterior. El modelo que promueve Hugo Chávez es abiertamente autoritario en lo político, y estatista en lo económico. Su triunfo en varios países se debe al descontento generalizado con las políticas de libre mercado (implantadas durante la década de los noventa) y al desprestigio de la clase política (los partidos tradicionales). El laureado escritor peruano Mario Vargas Llosa calificó a Chávez como “un peligro” para la democracia latinoamericana por encabezar un “socialismo autoritario”. El peligro radica en el afán intervencionista del presidente venezolano en los asuntos internos de sus vecinos. Chávez desea que nuestros países (los miembros de la CAN) sean satélites o anexos de Venezuela para revivir a la Gran Colombia (la patria grande bolivariana), con Hugo Chávez haciendo de Simón Bolívar.

Si Caracas hubiera mantenido un perfil bajo (no expansivo ni amenazante para el establishment latinoamericano) seguramente no recibiría tantas críticas ni generado tantas resistencias. Si Venezuela hubiera sido más amigable con la inversión privada y menos intervencionista, quizá hasta cultivaría adeptos en otras latitudes donde se santifica y venera al capital. Pero Chávez, como todos sabemos, emprendió otro camino: uno que lo llevó a ser considerado el mandatario más desestabilizante de Sudámerica porque financia a candidatos y agrupaciones afines en otros países. Su apuesta por la homogenización ideológica colisiona directamente con los intereses de los grandes grupos de poder de la región, es decir, con las clases empresariales locales (las oligarquías) y las multinacionales extranjeras.

En Perú, un nutrido grupo de intelectuales, abogados, artistas, periodistas, escritores y líderes empresariales han firmado un comunicado en el que promueven el retorno de las libertades en Venezuela, hecho que el cuestionado Gobierno de ese país podría interpretar como una condenable injerencia en sus asuntos domésticos. Lo que buscan es que la OEA y sus estados miembros sean proactivos para crear mecanismos que posibiliten la democratización venezolana en el más breve plazo. Semejante empresa parece destacable porque los firmantes de la declaración, entre los que se encuentran el ex presidente Alejandro Toledo, el escritor Mario Vargas Llosa, el pintor Fernando de Szyszlo, la cantante afroperuana Susana Baca, entre otras personalidades, invitan a constituir “Foros de Apoyo a la Democracia” en toda América Latina y “hacer realidad” la “Carta Democrática Interamericana”. El secretario general del Partido Aprista Peruano, Mauricio Mulder, también expresó su respaldo a dicha iniciativa. Lo mismo hizo el ex premier y congresista oficialista Jorge del Castillo, y la lideresa del Partido Popular Cristiano, Lourdes Flores Nano. A todos ellos les preocupa la persecución política que sufre el dirigente opositor Manuel Rosales, y el hostigamiento hacia medios “independientes” como Globovisión, cuyo propietario fue intervenido sin causa aparente en su domicilio.

La declaración sería creíble si todos los suscriptores demandaran con el mismo énfasis, especialmente los empresarios mineros, los agroexportadores y las autoridades, el establecimiento de la democracia en China. Si impulsaran algo similar su manifestación tendría credibilidad pues la potencia emergente es la mayor violadora de derechos humanos del mundo. Al otro lado del Pacífico no hay democracia ni ninguna libertad fundamental. En China se dan a conocer casos de torturas a diario y se imponen controles abusivos a la natalidad. El gobierno vigila, acosa, detiene y procesa a periodistas, escritores, activistas y abogados, asi como a sus familias, por tratar de ejercer derechos universales como la libertad de expresión. El régimen comunista es un violador sistemático de derechos humanos. El asunto del Tíbet y de las iglesias cristianas revela la intolerancia de la cúpula con las prácticas religiosas, a las que considera desestabilizadoras y sumamente peligrosas. La censura mediática es cosa de todos los días pues se clausuran miles de páginas y blogs en Internet. El acceso a la información está regulado estrictamente por Beijing. El Gran Hermano chino lo controla todo y amenaza con juicios sumarios y la cárcel a los que realizan “actividades ilegales” y “perturban el orden interno”, cuando en realidad sólo dicen la verdad.

Cuando el presidente chino Hu Jintao llegó a Palacio de Gobierno, con motivo de la Cumbre de la APEC, fue recibido con todos los honores y deferencias por su anfitrión, el mandatario peruano Alan García. Éste colmó en elogios a su ilustre visitante y alabó sin parar el modelo de desarrollo del país oriental. Además se tomó la licencia de expresarle a él y a su numerosa comitiva su aprecio y agradecimiento en chino Mandarín (haciendo un papelón que su imperturbable huésped disimuló). Antes de su arribo, Perú había declarado a China como “economía de mercado”, cuando en realidad no lo es porque subsidia su agricultura, sus exportaciones e industrias y facilita la piratería y el dumping social. La declaración fue necesaria para conseguir que los funcionarios chinos aceptaran suscribir un TLC con nosotros este año. De derechos humanos, medio ambiente y reformas democráticas no se habló ni se habla con China. Esos temas están vedados en nuestra agenda bilateral en aras de preservar la fructífera relación económica y comercial que mantenemos con los asiáticos. China tiene carta blanca para pisotear derechos mientras nos siga comprando minerales, harina de pescado y productos no tradicionales como mangos, uvas y café.

Lo que diferencia a China de Venezuela es que no se interesa en expandir el comunismo (en el caso venezolano seria el socialismo chavista), sino el comercio. Los chinos, por obvias razones, no vienen a hablarnos de derechos humanos, el medio ambiente o la buena gobernabilidad como lo hace Estados Unidos o la Unión Europea, sino de incrementar los volúmenes de intercambio. La creciente necesidad de materias primas, minerales y fuentes de energía de la economía china ha sido la principal razón de que cientos de empresas de ese país hayan puesto la mira en el subcontinente. Es la búsqueda de nuevos mercados lo que ha motivado su “reciente” apertura económica.

La hipocresía de algunos gobiernos y personalidades de centroderecha que firman declaraciones a favor de la democracia y los derechos humanos en Venezuela se deja ver en el doble rasero de su trato con China.