Mostrando entradas con la etiqueta pinochetistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pinochetistas. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de mayo de 2009

Chile, desmitificando el golpe de Pinochet



Chile, desmitificando el golpe de Pinochet


Pinochet se preció de manejar Chile con un absoluto control de su vida institucional y civil. Se le podía comparar con una Parca, divinidad romana del destino (o moira griega) que determinaba el tiempo de vida asignado a cada mortal. Como ese personaje mitológico, Pinochet manipulaba los hilos del poder así como los de la vida y de la muerte de cada chileno. Él y su ominosa Junta Militar poseían todas las prerrogativas políticas imaginables tras propiciar un innecesario golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973.
-----------------------------------------------------------------------------
Por César Reyna


Sin fundamento histórico se ha dicho mucho acerca de la necesidad del golpe llevado a cabo por Pinochet, quien, dicho sea de paso, fue un oportunista que se sumó a último momento a la extensa lista de conspiradores. Existe suficiente evidencia documentaria para desmentir con soltura y naturalidad a cualquiera de las “justificaciones” ofrecidas por la dictadura chilena y sus más acérrimos defensores. Para refutar cada uno de sus argumentos sólo basta remitirse al hecho concreto y a fuentes confiables. Así derribaremos todas las falacias e inexactitudes en las que se apoyó uno de los regímenes más brutales de la historia latinoamericana reciente.
El primer cuestionamiento que haremos está vinculado a la exigencia de realizar un golpe, es decir, a la necesidad de ejecutar un mal, aparentemente menor, para evitar otro mayor, o la aplicación de un principio relativista muy conocido y erróneamente adjudicado a Maquiavelo, pero que se desprende de un pequeño párrafo de su obra “El Príncipe”.[1] Al aforismo al que nos referimos no es otro que “el fin justifica los medios” pues la Junta de Gobierno chilena se valió de él para emprender una operación que socavó las libertades civiles, políticas y el Estado de derecho. ¿Pero era así de grave la situación chilena como para tolerar la ruptura del orden constitucional? ¿Fueron válidas en su oportunidad las explicaciones dadas por la dictadura chilena a la hora de convertir a Chile en un paria internacional? La respuesta a estas interrogantes es “NO”. Así de tajante es nuestra respuesta pues las justificaciones ofrecidas por Pinochet, en su primera conferencia ante la prensa internacional, carecen de sustento.

En aquella oportunidad, el dictador dijo ante diversos medios que Chile corría el riesgo de convertirse en otra Cuba y que el comunismo soviético se irradiaría desde su país hacia el resto del subcontinente americano. Esa “argumentación” debe desbaratarse de plano pues Allende llegó al poder a través de la urnas, es decir, por medio de elecciones libres y democráticas, y no de una revolución o lucha armada como Lenin, Mao o el propio Fidel Castro, con quien Pinochet pretendió compararlo. Esta primera diferencia es esclarecedora –y necesaria– porque Allende no sólo fue elegido democráticamente, sino que se comportó como un cabal demócrata durante todo su mandato. Lejos estuvo de implementar una represión brutal como la que se atribuye a la dictadura pinochetista.

Si bien en aquella época la situación chilena era caótica por el boicot de la derecha y la CIA, existían salidas constitucionales a la crispación política y a la crisis económica existente ya que Allende consideró dar un paso atrás, esto es, convocar un plebiscito (nuevas elecciones) pues no quería una guerra fraticida entre chilenos. Pinochet, como comandante de las Fuerzas Armadas, estaba enterado de los planes del presidente de la Unidad Popular, coalición de izquierdas y socialistas en el gobierno, para dimitir y acortar rápidamente su mandato. La traición de Pinochet, subordinado de Allende, quien precisamente lo ascendió a la comandancia general, se produjo cuando le aconsejó al dignatario que postergara su trascendental anuncio a la nación por unos días, cosa que hizo el mandatario mapochino, confiando en la lealtad del que fuera ex general de la guarnición de Santiago, encargada nada más y nada menos que de la custodia del Palacio de la Moneda, que fue bombardeado miserablemente por la FACH (Fuerza Aérea Chilena). Al tener la confianza de Allende, Pinochet y otros mandos de la Marina y de la Aviación prepararon el golpe, auspiciado por la CIA, para el día 11 de setiembre de 1973, fecha fatídica no sólo para Chile, sino para todo el mundo libre luego de los funestos atentados contra las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York.
En el supuesto negado de que Allende no hubiera dispuesto su salida, existía la posibilidad de que en el siguiente proceso electoral se eligiera a un opositor afín a las reformas que pretendía la derecha. Entonces, existían caminos para encontrar una solución constitucional para resolver la grave crisis chilena.
De otro lado, el régimen socialista, lejos de ser un gobierno represivo, llevó a cabo importantes reformas como la nacionalización del cobre (de la minera Codelco), gracias a la cual se financia una parte importante del Tesoro chileno y las Fuerzas Armadas de ese país (reciben el 10% de los ingresos después de impuestos, con ese monto han podido repotenciar sus equipos militares). Sin la previa estatización de los activos mineros, Chile no tendría una de las mejores fuerzas disuasivas de la región que espera alcanzar el nivel de operatividad de la OTAN en el 2010.
También hay que destacar que el socialismo chileno contó con una férrea oposición de la derecha y algunos sectores religiosos, en otras palabras, permitió y respetó el libre intercambio de opiniones, así como a los medios informativos, los que contaron con plena libertad para transmitir noticias, a pesar de que distorsionaban la realidad.
El argumento final que derriba la supuesta cubanización de Chile es que la Unión Soviética se negó a respaldar a Allende, quien por esas fechas se encontraba bastante debilitado y deprimido. El desencuentro con Moscú se debió a que el líder socialista no siguió la recomendación del Kremlin de iniciar una revolución, es decir, una guerra interna que tendría un alto costo humano y político, además de reformas colectivistas y confiscación de la propiedad privada. Ante su negativa, Breznev, sucesor de Kruschev, manifestó que sin compromisos mayores (revolucionarios) el espaldarazo soviético no podía efectuarse. Los líderes de la extinta superpotencia habían abandonado a Allende mucho antes de su visita al Kremlin ya que creían que renunciaría a sus convicciones democráticas ni a su accionar pacifista. Allende decidió respetar las instituciones democráticas y la Constitución chilena en lugar de implementar correctivos dramáticos en el seno de la dictadura del proletariado, como deseaban los soviéticos.
Sin el apoyo de la URSS resulta imposible considerar la cubanización de la sociedad chilena puesto que Cuba sobrevivió largo tiempo gracias al subsidio energético, económico, militar y alimentario que ésta le proporcionó para sobrellevar el cruel embargo decretado por Washington durante la presidencia de Kennedy. Esta intervención fue crucial para que EE UU desista de invadir la Isla luego de la Crisis de los Misiles de 1962. Al concluir la zozobra nuclear sobre la costa este norteamericana, el presidente Kennedy acordó con los dirigentes comunistas que su país jamás trataría acabar con la revolución castrista, cosa que cumplió a medias porque no dejó de atentar contra la vida de Fidel Castro ni asfixiar a Cuba a través del bloqueo económico. Se estima que la superpotencia soviética desembolsó unos 45 000 mil millones de dólares para preservar el proceso socialista cubano. Entonces, a la luz de los hechos, resulta absolutamente falso que Chile marchara inexorablemente hacia el comunismo.

La verdadera razón del golpe chileno radica en el revanchismo estadounidense ya que luego del triunfo de la Revolución Cubana (1959), a EE UU le quedó clavada una espina pues no anticipó la victoria de los barbudos, ni que Cuba, aliado norteamericano desde su independencia, se alineara detrás de la cortina de hierro. Para Washington significó un duro revés la ruptura de relaciones diplomáticas con La Habana. Su alejamiento puso en jaque durante buen tiempo a la política exterior estadounidense pues perdió su “tradicional patio trasero”.
El segundo punto a rebatir es la afirmación de que Pinochet condujo a Chile a la modernidad, esto es, que lideró el proceso de inserción de la economía chilena en el mundo. Esa aseveración se cae por si sola pues las reformas, traumáticas, por cierto, fueron parte del corolario de los monetaristas de la Universidad de Chicago y de los “Chicago Boys”, economistas sureños formados y adoctrinados en las teorías de Milton Friedman, asesor de Pinochet y Premio Nobel de Economía en 1976.
Pinochet era un hombre bastante mediocre -lo rechazaron dos veces de la Academia Militar- como para comprender complicados conceptos econométricos, es decir, no podía entender los impactos de las medidas que llevaron a una apertura de los mercados o la liberalización interna en Chile. Ni si quiera los “expertos” del Banco Mundial comprendieron oportunamente las consecuencias que acarreaba introducir ese tipo de reformas en una economía hasta cierto punto “cerrada” a los procesos de intercambio hasta la crisis asiática, rusa, mexicana, argentina, brasilera, etc.
Siguiendo con lo económico, Pinochet implantó un modelo represivo en lo político y abierto en lo económico algunos años antes de que China implementara sus reformas de “libre mercado” 1979 a través de Deng Xiaoping.
Para no desviarnos demasiado, es necesario señalar que los chilenos fueron más pobres durante la dictadura que rigió sus destinos por 17 años. El grado de indigencia rozó el 50%, cifra que se alcanzó en muchas oportunidades, sobre todo a mediados de los ochenta. Al término del mandato pinochetista, el presidente democristiano, Patricio Aylwin, aseguró que la economía carecía de un “rostro humano” pues más de 5 millones de chilenos vivían con menos de dos dólares por día (casi la mitad de la población de ese momento). La inflación galopaba niveles históricos y escaseaban algunos bienes básicos. No existía un sistema de asistencia social que ayudara a los más necesitados pues fue reformulado por los gobiernos de la Concertación Democrática.
Si hay que nombrar a los responsables directos del crecimiento chileno debemos señalar, en primer lugar, a los gobiernos democráticos que siguieron a la dictadura. Éstos fueron los que redujeron la pobreza a cerca del 16% actual (de un 43% heredado del nefasto régimen de Augusto Pinochet). A partir de Eduardo Frei ya se pudo percibir parte del bienestar que disfruta una gran parte de chilenos. Además, en materia de desempeño del PBI, la democracia chilena produjo un crecimiento del ingreso per cápita sensiblemente mayor al promedio de los 17 años de dictadura, y redujo en forma significativa las trabas para hacer empresa en Chile.
Decir que Pinochet fue un “héroe”, “salvador” o “libertador”, mancha, y con creces, el nombre de verdaderos libertarios como San Martin, y, en menor grado, el de Bolívar, dadas sus pretensiones dictatoriales que estableció en su Constitución Vitalicia de 1826. ¿Cómo puede ser héroe alguien que reprimió brutalmente a sus propios conciudadanos? ¿Cómo puede ser héroe un militar senil que restringió las libertades civiles y que desapareció a 3000 de sus compatriotas? ¿Cómo puede ser héroe un criminal que masacró a extranjeros, entre ellos muchos religiosos y periodistas internacionales? ¿Cómo puede ser héroe alguien que atentó contra la vida de distinguidos chilenos asilados en el extranjero, violando la soberanía de otros países? ¿Cómo puede ser héroe alguien que se negó a entregar el poder en 1988 luego de perder el plebiscito, según revelaciones del Comandante General de la Aviación, Rodolfo Matthei?
Como estas, hay muchas anécdotas más totalmente verificables. Así, el presidente Patricio Aylwin contó una vez que Pinochet declaró ante él que no le consideraba su jefe inmediato, desconociendo la Constitución de 1980 que el propio tirano ideó para legitimar su dictadura y que claramente señala que el comandante supremo de las Fuerzas Armadas es el presidente de la república. También es sabido que cuando procesaron a su hijo, militar como él, organizó un operativo con el fin de intimidar a la justicia chilena, la que finalmente absolvió al primogénito del general por presión. En aquella oportunidad ordenó que los uniformados vistieran sus ropas de combate y movilizó tropas cerca de la capital con el propósito de sitiarla. En muchas ocasiones también hemos oído de la propia boca del general que “si alguien enjuicia a los suyos (oficiales) se acaba el Estado de derecho”. Ni qué decir cuando una grabación de la cadena alemana Deutsche Welle registró al general indicando a sus subordinados acantonados en las inmediaciones de la Moneda que Allende sale vivo, pero el avión en el que se marché (al exilio, se entiende), se cae.
Pensar que un criminal de su calaña tenía convicciones democráticas porque entregó el poder a los civiles como prometió -fue obligado en realidad- denota una gran ingenuidad. Como se dijo más adelante, Pinochet pensaba retener el poder a toda costa, pero al no con contar con el apoyo de los demás institutos armados tuvo que ceder. Si su desprendimiento fuera cierto, ¿por qué habría de presentar un candidato afín como Herman Buchi, uno de los “Chicago Boys” de su brutal gobierno en las elecciones de 1990? Por si queda alguna duda de sus verdaderas intenciones, Pinochet Ugarte permaneció desde 1990 hasta 1998 como Jefe de las Fuerzas Armadas y eligió directamente su sucesor, saltándose la autoridad del entonces presidente, Eduardo Frei. Todos estos cuestionamientos revelan la entraña gansteril de su régimen. A nadie debe quedarle duda de que fue un simple tirano y nada más.
Volviendo a la economía, existen muchas imprecisiones sobre las privatizaciones que se ejecutaron durante su período. Según estudios confiables, el erario chileno perdió unos 1000 millones de dórales en la privatización de unas 30 empresas estatales. ¿Si el dictador hubiera tenido un auténtico impulso privatizador, por qué no privatizó Codelco, la mayor empresa de cobre del mundo? Por la sencilla razón de que su considerable aporte económico sirvió para financiar las cuentas públicas y la modernización de su Ejército, es decir, gracias a una estatización iniciada por el socialista Allende.
Hay que hacer notar que Pinochet, al tener el control absoluto del poder, podía equivocarse groseramente en materia económica sin temor a un golpe de Estado o a alguna manifestación pública pues sería reprimida inmediatamente con dureza. Así cualquiera gobierna ya que puede errar ilimitadamente sin sufrir por ello alguna consecuencia política. Entonces tenía una suerte de cheque en blanco pues contó con el respaldo de los militares, de la derecha (Unión Demócrata Independiente), de la clase empresarial advenediza y de la Casa Blanca, que sólo manifestó su oposición al régimen cuando sicarios pinochetistas asesinaron a sangre fría en 1975 a Orlando Letelier, ex canciller de Allende, en la ciudad de Washington. Ese crimen rememoró el perpetrado varias décadas atrás por partidarios de Stalin en México cuando ultimaron a León Trostky, uno de los precursores e ideólogos de la Revolución Bolchevique (1917-1919).
El principal aliado y promotor del golpe fue, sin lugar a dudas, la Administración republicana de Richard Nixon y su secretario de Estado, el maquiavélico Henry Kissinger. El primero dijo alguna vez que justificó la intervención en Chile por un asunto de “seguridad nacional”.
Quienes complotaron el 11 de setiembre de 1973 deberían ser acusados de traición a la patria por llevar a cabo labores sediciosas junto a una potencia extranjera con el objetivo de derrocar a un gobierno democráticamente elegido. Por lo anterior, Pinochet ni siquiera debió recibir un funeral con altos honores militares puesto que rompió el orden constitucional y echó por la borda una larga tradición democrática que databa de 1925, fecha en la que se estableció la Constitución que restableció las facultades presidenciales y permitió la separación de la Iglesia y el Estado.
Un factor fundamental que contribuyó al despegue chileno fue la estructura institucionalizada, organizada y menos corrupta. Estas raíces le permitieron a Chile retornar a la democracia sin demasiados contratiempos puesto existían bases sólidas para el diálogo a nivel político y social.

La identidad chilena, forjada a la sombra de los grandes virreinatos y de los centros de poder coloniales, fue determinada por varios factores como la carencia de abundantes riquezas naturales. Esto que produjo que Chile tuviera que apostar por el comercio de ultramar, es decir, negociar con grandes potencias extranjeras como Inglaterra, Holanda y Francia, que le ayudó mirar hacia fuera en lugar de pensar en desarrollarse autárquicamente. Otro elemento esencial fue su particular geografía pues la aproximación de los países europeos a la costa pacífica de América del Sur debía producirse necesariamente a través de puertos como Valparaíso o Antofagasta. Así, este acercamiento con los comerciantes y financistas occidentales fue consolidando en el ideario colectivo chileno que el modelo de desarrollo radicaba en el libre intercambio y no en la exclusividad comercial.
Con la muerte del tirano, el juez Alejandro Solis, quien procesaba a Pinochet, declaró el sobreseimiento de la causa por las muertes en Villa Grimaldi, lugar donde fue torturada la presidenta Bachelet. Aquello no supone que se lo haya declarado inocente pues la causa se archivó a raíz de su fallecimiento.

A Pinochet se lo pudo procesar porque, a pesar de la Ley de Amnistía dictada por su régimen, la Corte Suprema calificó la mayoría de acusaciones judiciales dirigidas al ex dictador como violaciones sistemáticas a los derechos humanos, es decir, como delitos que son imprescriptibles según las convenciones internacionales. Haciendo un poco de memoria, en el 2004 la Corte Suprema de Justicia dictaminó que aquella “ley” no era aplicable a los casos de desaparición de personas. La razón es que los desaparecidos son considerados víctimas del delito de secuestro permanente, el cual no expira mientras no aparezcan. El desafuero que permitió el levantamiento de su inmunidad parlamentaria como senador vitalicio, cargo que el mismo se dio al finalizar su mando en las FF. AA., fue el paso inicial para juzgarlo por los crímenes indicados.
Otro momento estelar se produjo cuando se lo declaró hábil para ser procesado. De ahí la orden de arresto domiciliario bajo la que se encontraba el ex dictador al momento de su muerte por los cargos que le eran imputados. Y no se trataba sólo de aquellos cargos que versaban sobre torturas y ejecuciones extrajudiciales, sino de acusaciones sobre corrupción que salieron a la luz luego de las profundas investigaciones de una Comisión del Senado Norteamericano que encontró sus cuentas en el Banco Briggs de Washington. Los montos encontrados involucran un total de 28 millones de dólares. Ante esos hechos una buena parte de sus acólitos guardan pudoroso silencio.
Últimamente sus colaboradores y partidarios han venido descargándose de la pesada herencia del general pues la Centro Derecha de Sebastián Piñera, candidato presidencial y líder del Renovación Nacional, optó por voltear la página respecto a Pinochet y dejarlo a su suerte ante el cúmulo de procesos judiciales que arreciaban en su contra. Sería prácticamente un suicidio político para cualquier partido apoyar a raja tabla las políticas de Pinochet pues más del 55% del electorado guarda un encono muy profundo hacia la dictadura. La cifra tranquilamente puede ser mayor pues el buen gobierno de la Concertación Democrática opacó cualquier “logro” económico de la dictadura. Los éxitos de ésta, por cierto, solo fueron coyunturales pues la economía chilena dependía mucho de las cotizaciones internacionales de las materias primas que exportaba (harina de pescado, minerales, celulosa, etc). Se trataba pues de una economía escasamente diversificada y sofisticada como para sobrellevar los efectos negativos de una crisis internacional, cosa que Chile hace ahora con alguna holgura ya que ha lanzado un plan de reactivación ante la caída de su producto.

En lo político, la democracia chilena ha venido deshaciendo la mayoría de hipotecas que en esta materia heredó del antiguo régimen. Por citar sólo algunos ejemplos, desapareció la figura de los senadores designados; se modificó la composición y funciones del Consejo de Seguridad Nacional; y el Ejército Chileno reconoció, a través de una declaración de su comandante en jefe, la responsabilidad de su institución en las violaciones a los derechos humanos.
Chile avanzó de buena manera hacia la reconciliación pues instituyó una Comisión de la Verdad para ese fin. El Estado ha compensado a los deudos de las víctimas de la violencia militar y obligó a las Fuerzas Armadas a pedir perdón a la sociedad. Sólo le faltó procesar a sus máximos dirigentes para que la herida cerrara por completo. Al menos los procesos contra los uniformados continúan y ya se encarceló a varios miembros del totalitarismo castrense.
En este caso “la muerte le ganó a la justicia” como refiere el desaparecido escritor uruguayo Mario Benedetti. Esto se trata de un crimen sin castigo a secas. Pinochet supo dar la cara en vida pues se corrió de todo campo de batalla. Basta recordar nomás que se refugió en la autoridad papal (de Juan Pablo II) para evitar un conflicto con la Argentina de Videla, y abortó una guerra con Perú al perder el apoyo de los norteamericanos. Jamás pudo idear un plan en su vida que no sea para torturar inocentes. Si su tumba tuviera que lucir un epitafio sería: “Se corrió de los procesos amparándose en su senilidad, rehuyó a la justicia escondiéndose en la muerte”.




--------------------------------------------------------------------
[1] “En las acciones de todos los hombres, en especial de los Príncipes, donde no hay tribunal al que apelar, se juzga según el resultado. Procure, pues, el Príncipe vivir y conservar el Estado: los medios serán siempre juzgados honorables y celebrados por todos.” Nicolás Maquiavelo, “El Príncipe”.

jueves, 31 de enero de 2008

Tráfico de armas en periódos de guerra: Chile-Ecuador

La secreta misión de Oscar Aitken en Ecuador

Cómo se cerró el negocio, las inquietudes de los militares chilenos y la sigilosa operación para embarcar las armas de Famae en plena guerra del Cénepa, pese a que Chile era país garante de la paz. Mientras en Chile el gobierno insiste hasta hoy en que sólo se vendieron municiones, en Ecuador existen documentos y testimonios que desmienten esta versión. Cómo el ministro Sergio Muñoz abrió una veta que lo llevó directo a uno de los episodios diplomáticos más complejos del gobierno de Eduardo Frei. La declaración del ex subdirector de Famae que afirma que las autoridades sabían del embarque, en un expediente que tiene carácter de reservado por razones de Estado.

María Octavia Rivas, Malú Urzúa y Juan Pablo Sallaberry .- LA TERCERA de CHILE

http://www.tercera.cl/medio/articulo/0,0,3255_66602343_182923585,00.html




15/01/2006 01:00

oscar aitken fue contactado por Famae para encomendarle una secreta misión: viajar a Quito a resolver un "problema administrativo".

El ministro Carlos Cerda resolvió tramitar la investigación por el caso Ecuador bajo estricta reserva, por razones de Estado.

En el gobierno existe la versión de que la llegada de Muñoz al caso Ecuador no fue más que una estrategia del entorno de Pinochet.

Los representantes de la Fábrica de Maestranzas (Famae) estaban inquietos. Tenían poco tiempo y la actividad en las oficinas de la Junta Nacional de Defensa de Ecuador en Quito era frenética durante los días de febrero de 1995.

La guerra del Cénepa (26 de enero al 17 de febrero de ese año) entre ese país y Perú tenía todo trastornado, y la principal misión era la búsqueda de armamento en países extranjeros. Así, las reuniones con representantes de empresas de armamento se sucedían una a una y los negocios se cerraban a gran velocidad.

A uno de esos encuentros llegó el subdirector de Famae, coronel Claudio Rubio, acompañado del entonces asesor externo de la empresa militar, Oscar Aitken. Los recibió el director ejecutivo de la Junta, el general Germánico Paredes, único encargado del presupuesto castrense bajo el estado de excepción impuesto por la guerra.

De muy bajo perfil, los chilenos habían salido de Santiago el 10 de febrero en un avión de Ladeco vía Bogotá, según consta en los registros migratorios. Al llegar, eligieron el hotel Oro Verde como centro de operaciones del viaje que ambos ya relataron ante la justicia, según consta en las declaraciones del expediente del caso Riggs.

Rubio es un ingeniero militar, jefe del proyecto Cohete Rayo. Aitken fue un abogado de confianza del ex comandante en jefe del Ejército, general Augusto Pinochet; estuvo vinculado al proyecto Rayo y fue fiscal de Famae.

Según recuerda uno de los asistentes a la reunión en Quito, el ingeniero y el abogado vieron lo relativo al pago por la venta de pertrechos militares embarcados en secreto hacía pocos días desde Santiago, y manifestaron su inquietud por el hecho de que los fusiles vendidos tenían el sello de Famae y, en caso de llegar a manos peruanas, delatarían la secreta operación. Chile no podía vender armas a Ecuador pues era país garante en las relaciones Perú-Ecuador (junto a Estado Unidos, Argentina y Brasil) según el Protocolo de Río de 1942.

"No se inquieten, si estos fusiles son para los reservistas", fue la respuesta de Paredes. Tras entregar los datos de la cuenta de Famae que debía recibir el dinero, los chilenos se retiraron. Aún quedaban diligencias por hacer antes de regresar a Chile, el 12 de febrero.

Expediente

Aitken y Rubio eran los mandatarios de una sigilosa operación, destinada a corregir un "error administrativo" del pago de las armas realizado a través de una transferencia directa del Ejército ecuatoriano a Famae Chile durante la primera semana de febrero.

Así lo han declarado ambos a la justicia, en el marco de la investigación formalizada como una arista del caso Riggs. Las diligencias, iniciadas por Sergio Muñoz hace poco más de un año, lo llevaron a un tema político de alta complejidad, que hoy se tramita bajo reserva según la ley militar por razones de seguridad de Estado.

Durante dos meses, La Tercera recopiló antecedentes y testimonios en Santiago y Quito sobre lo ocurrido hace 11 años.

Históricamente, el gobierno ha señalado que lo sucedido el 31 de enero de 1995 fue el tardío despacho de unas municiones vendidas a Ecuador en septiembre de 1994, cuando no había ningún conflicto bélico o impedimento diplomático de por medio.

Según una fuente que conoce el expediente, en su testimonio judicial Rubio declaró que se trató de una venta visada por las autoridades chilenas de la época.

Algo que confirman las fuentes militares ecuatorianas consultadas por La Tercera en Quito. Allá se afirma que la operación fue coordinada directamente por el general (R) Víctor Bayas, entonces jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y quien lideró al Ejército de Quito durante las hostilidades.

"Mandamos cartas a varios países y fueron pocos los que respondieron positivamente. Chile fue uno de ellos", afirma un alto general (R) del Ejército ecuatoriano que pidió reserva de su nombre. "Quizás no se debió haber hecho la gestión, pues se trataba de un país garante... pero eran nuestros aliados. Fue todo muy secreto".

Cercanos al general Paredes afirman que se pagó poco más de US$ 3,5 millones por fusiles y municiones principalmente. Y que se hizo un solo pago tras la recepción del armamento. Así consta en el borrador de una reunión del alto mando ecuatoriano que uno de los generales guarda hasta ahora.

Un domingo para olvidar

"Te llaman de Perú, es el Presidente Fujimori". Con la voz entrecortada por el sueño, la esposa del entonces ministro (S) de Interior, Belisario Velasco, despertó a su marido -quien estaba de cumpleaños- para que contestara el telefono a las 6 de la mañana de ese domingo 5 de febrero de 1995.

Del otro lado del teléfono, un seco Alberto Fujimori le pedía hablar urgente con el Presidente Eduardo Frei, argumentando que los ecuatorinos habían decidido invadirlos y recordando que Chile era país garante.

Velasco, que por ser fin de semana se encontraba en su casa en Cachagua, Quinta Región, tomó nota del mensaje e inició las gestiones para contactar al Mandatario.

Media hora después, el teléfono sonó de nuevo. Ahora era Sixto Durán, Presidente ecuatoriano. "Tengo que hablar con Frei", fue su recado y colgó.

Si los mensajes de dos presidentes bastaban para molestar en el acto al gobernante en sus vacaciones en el sur, fue la tercera llamada la que lo hizo suspender las celebraciones y pedir un helicóptero que lo trasladara de inmediato a La Moneda. Era el Presidente estadounidense, Bill Clinton, quien señaló que la situación por la guerra entre Perú y Ecuador era cada vez más complicada. Le pidió contactar a Frei con suma urgencia.

En la prensa, los titulares de esa mañana daban cuenta de la información difundida en Lima el día anterior por el Servicio de Inteligencia peruano, sobre la presencia en Chile de aviones ecuatorianos. En Río de Janeiro, las reuniones se sucedían para tratar de encontrar una salida al conflicto a cargo de los vicecancilleres de los países en conflicto y de las naciones garantes. Las cosas se veían mal.

Por la tarde, el vocero de gobierno, José Joaquín Brünner, leyó un comunicado y no aceptó preguntas. "Es falso que Chile haya vendido armas (a algunos de los países en conflicto). (...) Sólo se registra en los últimos 12 meses una autorización de exportación (...) del 12 de septiembre de 1994 a Ecuador".

La misión

El entonces canciller (S) Mariano Fernández debió reunirse con el embajador peruano en Santiago para ofrecer disculpas y garantizar que "operaciones de esta naturaleza" no se repetirían. La explicación dada: que se entregaron las municiones vendidas meses atrás y que Chile no había tenido alternativa, pues debía cumplir con el contrato. "La decisión de entregar las armas en ese complejo momento fue consultada al más alto nivel", señala un alto personero de la época.

Públicamente, el gobierno dijo que sólo existía la venta de 1994 y nunca reconoció el embarque de las municiones.

Un ex miembro del alto mando del Ejército chileno indica que tras el impasse diplomático, que Perú dio por superado rápidamente (ver recuadro), causó gran inquietud la llegada de la transferencia desde Ecuador a la cuenta de Famae en el Banco de Chile. Entonces se decidió anularla y desviar los dineros a una cuenta en el extranjero.

Según consta en el expediente, en la operación intervinieron las máximas autoridades del banco, siendo mencionado el entonces interventor, León Dobry, quien ya fue citado. Consultado por La Tercera, Dobry dijo a través de su secretaria no haber declarado ni conocer ningún aspecto del tema.

Ante la compleja situación gatillada por la filtración del embarque, el viaje a Quito se definió en horas por la cúpula de Famae. Según quienes conocieron los hechos de cerca, el nombre de Aitken surgió a último minuto como la persona indicada para viajar con Rubio.

La misión: eliminar cualquier rastro del pago a la cuenta de Famae, y desviar los dineros a una cuenta de Famae Limited (filial de la empresa para operar en el extranjero) en el Banco de Chile de Nueva York.

Recado a La Moneda

La llegada de Muñoz al caso se produjo en diciembre de 2004, cuando el propio Rubio le mencionó el tema durante un interrogatorio. Así, un caso que permanecía olvidado se reactivó judicialmente. El efecto político de la investigación ha sido tratado en el gobierno y el Ejército bajo el más estricto secreto, donde existe la versión de que el polémico negocio de 1995 no es más que un arma del entorno de Pinochet para tratar de negociar alguna salida al caso.

En el oficialismo señalan que tras el escándalo suscitado por las declaraciones del general Bayas en marzo del año pasado, quien aseguró que Chile sí había vendido armas a Ecuador durante la guerra, un mensaje llegó directo a La Moneda. Que el caso Ecuador era un tema "de Estado" y que el juez Muñoz estaba interrogando a Aitken.

En medio de la candidatura de José Miguel Insulza a la OEA, el momento era propicio para lo que algunos consideran una jugada maestra: llevar al ministro directo a un tema extremadamente sensible y que a nadie interesa desenterrar.

Bayas dio su polémica entrevista al Comercio de Ecuador el 21 de marzo pasado, y al día siguiente la polémica ardía entre Chile y Perú, tensionando al máximo las relaciones diplomáticas: se suspendió la reunión 2+2, un viaje a Lima del comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, y la recalada del Esmeralda en ese país.

Para el final de esa Semana Santa, el jueves 24, el recado ya estaba en Palacio. Hasta allá llegó un abogado que recordó a una alta autoridad los servicios prestados por el ex asesor de Pinochet a la patria en este tema, y le hizo ver lo mal que lo estaba pasando judicialmente. Recado que niegan cercanos a Aitken.

Las alarmas se encendieron de inmediato y sólo unos pocos supieron del peligro que significaba esa insinuación. Pero la respuesta fue rápida y se mandó decir que no había mucho que hacer.

Por esa misma fecha, Muñoz paró las diligencias.

"El ministro debía aclarar el origen de las cuentas de Pinochet y aquí no encontró platas del general (R). Por lo tanto, el tema no era de su incumbencia", explica un alto personero de gobierno que conoció las reservadas gestiones del caso.

Los supremos

En los meses posteriores, Muñoz no vio el caso y guardó los antecedentes (testimonios y documentos donde constaba el depósito de febrero) en una carpeta informal.

En septiembre sorprendió siendo designado a la Corte Suprema y se fue dejando el tema hasta allí. Fue reemplazado por Carlos Cerda, quien anexó los antecedentes al cuaderno principal de armas de Riggs y ordenó un allanamiento a Famae. Reinterrogó a los testigos y ordenó un informe a la Brilac de Investigaciones. En paralelo, decretó la reserva de los antecedentes por razones de seguridad del Estado.

A las pocas semanas, también fue nombrado a la Suprema y su aprobación está pendiente. Antes de irse, eso sí, se declaró incompetente y envió el expediente al ministro Alejandro Solís, que investiga el tráfico de armas a Croacia.

La causa hoy posee varios antecedentes contradictorios entre sí y con la información que se maneja en Ecuador. Existe una orden al Banco de Chile (fechada el 13 de febrero de 1995) de retirar los dineros de la cuenta de Famae diciendo que el depósito no les pertenece, y luego otra señalando que la plata debe irse a Famae Limited.

Además, mientras desde el gobierno se señala que la venta de las municiones fue por US$ 1,9 millón, lo cierto es que lo pagado desde Ecuador llega a US$ 3,5 millones, y han aparecido nuevas facturas con fechas y montos que los implicados dicen no conocer.

Lo que si está claro en el proceso es que a Ecuador se vendieron municiones, fusiles, misiles, visores nocturnos y raciones de combate.

El desorden detectado en las platas de Famae ha hecho que la policía haya centrado sus sospechas en esa empresa y esté buscando si, aparte de lo vendido a Ecuador, haya existido una venta incluso mayor a ese país u otros a través de Famae Limited. Se investiga el tráfico ilegal de armas y el posible pago de coimas.

La reacción de Fujimori

"En 1995, siendo Chile país garante del Protocolo de Río, concretó el suministro de armas a Ecuador en pleno conflicto del Cénepa".

Con estas palabras, el ex Presidente de Perú Alberto Fujimori, detenido en la Escuela de Gendarmería de Santiago, se refirió en mayo pasado al conflicto desatado el 2005 tras la afirmación del general ecuatoriano Víctor Bayas de que Chile sí había vendido armas. Las palabras las pronunció en el programa radial que hacía por internet desde su autoexilio en Japón.

Pese a haber sido tan claro en esa oportunidad, en 1995 Fujimori dejó pasar el tema y tras las explicaciones del gobierno chileno, dio por superado el impasse creado tras la detección de los aviones ecuatorianos en el aeropuerto de Santiago.

Según una alta autoridad de la época en Lima, en Palacio Pizarro siempre han sabido que se embarcaron armas, además de las municiones, pero que "por razones estratégicas" se decidió no reclamar oficialmente y enfrentar a Chile.

Para Perú, en ese momento era más importante garantizar la neutralidad de Chile, y asegurar su voto a favor de Perú como país garante. Tal como lo hizo el gobierno de Eduardo Frei después, cuando estuvo por apoyar la postura peruana de no revisar los límites ya establecidos. Lo que ha sido la postura histórica de Chile.

La noche del embarque en el aeropuerto

"Los aviones aterrizaron cerca de la medianoche. La operación no duró más de dos horas. Fue el segundo intento, pues antes había fallado un primer embarque y las aeronaves habían tenido que regresar a Ecuador".
El coronel (R) Ernesto Checa, quien era agregado aéreo de Ecuador en Santiago el verano de 1995, contó a La Tercera cómo fue el despacho de las armas. "Fueron dos aviones Hércules (con capacidad de 18 toneladas cada uno) los que llegaron hasta la losa del Grupo 10 de la Fach".
"Había un soporte del Ejército chileno y también de la Fach para coordinar el embarque y cargar los aviones". "La operación me la comunicó el agregado de Ejército de nuestro país y hubo contacto con gente de Chile para el apoyo logístico. Estábamos esperando el embarque por días. Sabíamos que era para embarcar material... justamente por el conflicto", afirma.
"No era mi función revisar la carga, pero a simple vista se veía y leía que eran fusiles y municiones. No recuerdo más. No recuerdo el detalle, pero sí le puedo decir que los aviones se fueron con su máxima capacidad".
"Era satisfactorio para nosotros, pues se trataba de una ayuda para enfrentar la guerra. Hubo una cena. Ahí un militar chileno dijo que se brindaba por la situación de conflicto del hermano país. Por el éxito en general de todo el conflicto en favor de nuestro país".
"Yo cuento lo importante para que quede cómo fue. Es mi determinación".

Artículos Relacionados