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sábado, 29 de agosto de 2009

Cumbre de Unasur: Uribe salió ganando


Por Cèsar Reyna


La presencia de tropas, asesores y contratistas norteamericanos en Colombia puede entenderse de dos formas: 1) como un seguro para impedir un eventual ataque venezolano, y 2) para incursionar impunemente, en caso sea necesario, en territorios ajenos con el propósito de ejecutar operativos como el realizado en Ecuador en marzo de 2008, el cual causó la muerte de Raúl Reyes, uno de los principales cabecillas de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), y la ruptura de relaciones entre Colombia y Ecuador.


Colombia puede sentirse más protegida ahora que ha roto el equilibrio estratégico con sus vecinos, sobre todo con Venezuela, país que ha adquirido armamento sofisticado de Rusia por 7 mil millones de dólares en los últimos tres años.


El presidente venezolano Hugo Chávez ha afirmado, antes de la Cumbre de Unasur en Bariloche, que Estados Unidos buscaría apoderarse de la Faja del Orinoco, el área más rica en petróleo del continente, cuando ocupe siete bases colombianas. Sin embargo, la superpotencia no tendría la intención de convertir a Venezuela en otro Iraq. Imaginar una invasión, para empezar, es contraria a la diplomacia establecida por Obama que no busca la confrontación o el aislamiento perpetuo de sus rivales, sino el diálogo para aliviar tensiones geopolíticas.


Sería un despropósito capturar los yacimientos venezolanos pues ocasionaría la subida inmediata del petróleo a niveles inusitados en el corto plazo. Una guerra a estas alturas no sólo deterioraría la imagen internacional de Estados Unidos, sino que profundizaría la recesión de la que trata de salir.


Ahora bien, los más perjudicados con la decisión colombiana de permitir el ingreso de soldados norteamericanos son sin duda Ecuador y Venezuela. Estos dos países resultan afectados porque comparten frontera con Colombia y temen, con justa razón, el incremento del espionaje estadounidense en la región.


El tercer país afectado es Brasil. El gigante sudamericano ve con mucha preocupación que fuerzas norteamericanas tomen posiciones en el Amazonas, la mayor reserva natural del mundo. Brasil, a la vez que trata de preservar el área amazónica, desea mantenerla libre de potencias extranjeras.


La Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), ideada por Lula da Silva para forjar una comunidad al margen de la gran potencia del norte, ha podido resquebrarse durante la reunión de ayer por las insalvables diferencias de Hugo Chávez con Álvaro Uribe. Si Lula no hubiera dicho basta de manera simbólica agitando su puño es probable que las naciones que presiden hubieran roto relaciones. Eso hubiera marcado el fin para el esfuerzo integracionista sudamericano, en el que Brasil juega un rol preponderante como mediador en las disputas subcontinentales.


Brasil no ha salido reforzado de la cita de Bariloche en Argentina ya que tuvo que aceptar de manera resignada la presencia militar norteamericana; pero tampoco ha perdido mucho pues salvó a Unasur de la debacle.


Los argumentos esgrimidos por Uribe para justificar la colaboración con los estadounidenses no resultan convincentes en la medida que la guerrilla viene siendo acorralada. Los principales líderes de las FARC han muerto de causas naturales como Manuel Marulanda alias ‘Tirofijo’, o en operaciones militares como Raúl Reyes. Ahora mismo ocupan mucho menos territorios al punto que deben refugiarse en las fronteras abandonando campamentos, armas y documentación. Años atrás podía tener sustento la participación de los norteamericanos, sobre todo durante los 80, cuando los cárteles colombianos dominaban el comercio de la droga, pero no ahora que el control de las rutas hacia Estados Unidos se ha desplazado a México, donde la situación es verdaderamente insostenible.


Colombia es hoy en día un país mucho más seguro pues se promociona internacionalmente como un lugar para invertir y quedarse a vivir (recodar la publicidad: “Colombia, el riesgo es que te quiera quedar”). La violencia ha disminuido fruto de la desmovilización de guerrilleros y paramilitares y las constantes acciones contra las FARC. Por eso no se explica, desde el punto de vista de Uribe, el ingreso de soldados y especialistas de Estados Unidos para combatir a dos flagelos íntimamente vinculados como el terrorismo y el narcotráfico. México, que atraviesa una situación bastante peor -y al que un reporte norteamericano calificó de país inviable-, no ha solicitado la presencia “salvadora” de su poderoso vecino del norte.


En cuanto a la lucha contra el narcotráfico, ese tema viene siendo utilizado desde hace tiempo por Estados Unidos para tener injerencia en la región. Si no lo ha combatido más eficazmente ni ha legalizado el consumo de drogas, es porque, muy a parte de las consideraciones morales de su sociedad, no tiene mayor interés en hacerlo por una finalidad geopolítica. El Pentágono podría argumentar que necesitan espacios en Sudamérica para vigilar vuelos sospechosos e interceptar comunicaciones de jefes guerrilleros y mafiosos, y también que necesitan reubicar a su personal y trasladar equipos tras el cierre de la base ecuatoriana de Manta en setiembre. En ese sentido también podrían argumentar que la poca colaboración que reciben de autoridades venezolanas, ecuatorianas y bolivianas dificulta la lucha antidrogas. Pero todo ello no serían más que excusas, aun cuando la producción de cocaína ha aumentado, para seguir interviniendo en su acostumbrado “patio trasero”.


Uribe es el que mejor ha capitalizado la ira de Chávez pues busca afanosamente la reelección. Enemistarse con el líder venezolano le garantiza la reforma de la Constitución de su país para postular nuevamente al cargo.


Por eso el presidente colombiano insistió en la televisación de la reunión de Bariloche para que el electorado colombiano visualice la confrontación con su homólogo venezolano, a quien acusa de amenazar a su soberanía y tener vínculos con las FARC. Uribe sin duda salió ganando de Bariloche pues no hubo condena a nivel regional (por la presencia norteamericana) y se fortalece a nivel interno ya que el peligro chavista le asegura un nuevo mandato.


El mandatario que más criticó, y con acierto, las intervenciones de Álvaro Uribe, fue Rafael Correa, pues le demostró que su Gobierno combate a las FARC, con las que Uribe pretende vincularlo, anunciando la detención de líderes de la guerrilla en territorio ecuatoriano.


En lo que respecta a nuestro presidente, éste limitó a criticar las adquisiciones militares en el subcontinente, en clara alusión a Chile, país que viene reequipándose aceleradamente. En los últimos cinco años Santiago ha incrementado su gasto en armas en 49%. Su participación más lúcida estuvo dirigida a Hugo Chávez, a quien le recordó que Estados Unidos no tenía por qué apoderarse del petróleo venezolano ya que es su principal cliente.




jueves, 6 de agosto de 2009

Bases norteamericanas: La presencia de militares norteamericanos en Colombia



Los supuestos vínculos de las FARC con Ecuador, la negociación entre Bogotá y Washington para ceder territorio colombiano a tropas estadounidenses y el descubrimiento de lanzacohetes del Ejército de Venezuela en manos de la guerrilla colombiana han ido abriendo brechas entre Ecuador, Colombia y Venezuela
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Por César Reyna (reservamoral@yahoo.com)



El presidente venezolano Hugo Chávez ha puesto el grito en el cielo con el ingreso tropas estadounidenses a siete bases colombianas. Tanto el Gobierno colombiano como el norteamericano descartaron que el convenio, cuyos alcances no se conocen en su integridad, represente una amenaza para la estabilidad de la región, como asegura Chávez.

Chávez Frías advirtió de que la instalación de esas bases puede suponer “el inicio de una guerra en Suramérica”. Sus declaraciones coinciden con la gira iniciada por el presidente colombiano por seis países de Sudamérica para explicar el contenido del acuerdo con EE UU. La mayoría de mandatarios han expresado su malestar porque no ayudaría a mejorar las relaciones con sus vecinos Venezuela y Ecuador. Sólo el presidente peruano Alan García se mostró entusiasta y respaldó a Uribe durante su corta visita a Lima. La coincidencia entre ambos mandatarios se debe a que profesan una misma ideología económica y consideran que ‘el socialismo del siglo XXI’ es la mayor amenaza para las democracias liberales de la región.

Al líder venezolano le sirve hasta cierto punto la colaboración colombo-estadounidense para distender las tensiones internas, sobre todo después de cancelar licencias a varias emisoras opositoras y del atentado contra Globovisión, y justificar la compra de armas a Rusia y la conformación de milicias bolivarianas dedicadas a luchar por su ‘revolución’. Chávez acusa a Obama de querer invadirlo pero ese escenario no es plausible porque Estados Unidos no busca una confrontación directa en Venezuela, aunque el envío de 800 soldados y 600 contratistas estadounidenses, cuando menos, representa una provocación.

El argumento de Álvaro Uribe (de que los militares norteamericanos ayudarán a combatir a la guerrilla y al narcotráfico) no parece condecirse con la realidad pues las FARC se encuentran bastante debilitadas después de la muerte de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, y el cerco contra Jorge Briceño Suárez alias ‘Mono Jojoy’, sucesor del primero. Además, el control del negocio de la droga se ha trasladado a México fruto de las medidas tomadas en el marco del Plan Colombia. Hoy en día las amenazas del terrorismo y del narcotráfico son ostensiblemente menores para los colombianos.

De modo que la presencia Norteamérica estaría más bien orientada a prevenir una posible agresión venezolana o un probable rebrote de del narcotráfico pues los carteles de la droga colombianos volverían a operar a gran escala si el Gobierno de Felipe Calderón logra reducir la capacidad de las mafias que actúan en México. El negocio del tráfico ilícito no desaparecería si Calderón tiene éxito pues sólo cambiarían los nombres de los barones, intermediaros y regiones donde se comercializa la droga.

Ante la “amenaza” norteamericana Chávez anunció la firma de un convenio con Rusia para reforzar a sus fuerzas armadas. Hace unos días Venezuela congeló las relaciones diplomáticas con Colombia cuando se supo que Caracas había desviado a las FARC armas compradas a Suecia. En ese momento Chávez reveló su intención de sustituir las importaciones colombianas por otras procedentes de Brasil y Argentina. Las exportaciones colombianas ascienden a 6000 millones de dólares en la actualidad. A ninguno de los dos países les conviene suspender sus relaciones económicas pues las empresas colombianas necesitan ese mercado para generar divisas. Pero también los venezolanos ya que no producen suficientes alimentos ni otros productos industriales. Por el momento no hay peligro porque las medidas restrictivas de Chávez no podrían concretarse de la noche a la mañana.

La permanencia de los norteamericanos en Colombia obedece también al cierre de la base que éstos utilizaban en Manta, Ecuador, para identificar vuelos que realizan las aeronaves del narcotráfico. Resulta evidente que las operaciones de los norteamericanos no se circunscribirían únicamente al territorio colombiano pues el equipo electrónico y las modernas aeronaves que operarán pueden cubrir casi la mitad del subcontinente, según el ex ministro de Defensa colombiano, Rafael Pardo.

Uribe emprendió la gira por seis capitales sudamericanas para explicarle a sus homólogos las implicancias de la asistencia militar estadounidense ya que no puede asistir a la reunión de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) en Quito, pues Ecuador rompió relaciones con Colombia desde marzo del 2008 en respuesta a un ataque colombiano a un campamento de las FARC.

El periodista del diario El País de España, Miguel A. Bastenier, podría tener la respuesta a la predisposición de Uribe de permitir el ingreso de tropas estadounidenses, con la consiguiente provocación a Caracas, pues trataría “de ganar puntos” con Obama. El presidente demócrata no ha destacado la importancia de Colombia -como su antecesor republicano, George W. Bush- como freno al socialismo de Hugo Chávez. “Bogotá cree que hay que hacer casi lo que sea para mantener lo íntimo de la alianza, abandonando cualquier pretensión de neutralidad en el careo por la hegemonía latinoamericana”, afirma Bastenier. Su interpretación resulta acertada ya que Colombia no tiene muchos aliados en Sudamérica y recién está forjando una alianza con Perú.

Con el estrechamiento de la cooperación militar Bogota buscaría “ganar puntos” con Washington para poner en agenda la discusión de su TLC. La victoria de Obama, el dominio del Partido Demócrata en el Capitolio, partidario del proteccionismo, y la grave crisis económica en Estados Unidos han aplazado la aprobación de su acuerdo comercial. Colombia, como principal aliado de la superpotencia en la región, considera vital la ratificación del tratado para beneficiarse de sus preferencias arancelarias de manera permanente.