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martes, 11 de agosto de 2009

Cipriani versus el padre Arana



La polémica desatada entre el cardenal de Lima Juan Luis Cipriani y el padre Marco Arana podría convenirle al segundo para despertar interés en el electorado que busca una nueva alternativa política

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Por César Reyna

Monseñor Juan Luis Cipriani, principal representante del conservadurismo peruano, podría hacerle ganar simpatías al líder del movimiento Tierra y Libertad entre de los ciudadanos que se definen de centro izquierda.

Ahora que el centro no está claramente definido y el aspirante de la izquierda, Ollanta Humala, genera demasiados anticuerpos, es momento para que Arana comience a ganar protagonismo con una propuesta inclusiva.

A diferencia de sus competidores, Arana no tiene muertos en su haber ni se enriquecido ilícitamente. Poco podrían encontrarle ya que la poderosa minera Yanacocha, contra la que lucha tenazmente en Cajamarca, no ha podido descreditarlo.

Volviendo a Cipriani, el arzobispo es el menos indicado para criticar las opiniones políticas de otros religiosos porque se despacha sobre política interna e internacional desde el púlpito. Sus opiniones no se limitan cuestionar la labor del Ministerio de Salud sobre el control de la natalidad o evitar el contagio del Sida, ni tampoco a satanizar el divorcio rápido aprobado por el Congreso, sino a condenar ideologías que considera “retrógradas”. Además tiene un programa dominical en RPP donde suele hablar de política más que de los Evangelios y los misterios del Señor.

La Iglesia no es un partido, pero actúa e interviene en el proceso político como si lo fuera (desde los templos se puede inclinar o dirigir la intención de voto como hacen varios movimientos evangélicos en Estados Unidos).

Cipriani aprovecha su alta investidura y su supuesta autoridad moral para decirnos qué es lo que nos conviene como país. A veces lo hace indirectamente como Alan García cuando vetó a un determinado candidato (Humala) por proponer cambios traumáticos.




domingo, 2 de agosto de 2009

Buscando un outsider



La disputa de la segunda vuelta electoral entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala podría evitarse si aparece un candidato que aglutine a la centroizquierda.
La polarización inmovilizaría al país si uno de los citados llega a la presidencia.
El padre Marco Arana sería nuestra única alternativa
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Por César Reyna


Si en los próximos meses no surge una figura capaz de posicionarse en el centro del espectro político la suerte estaría echada pues todo parece apuntar que ganará un aspirante con altos niveles de desaprobación. Fenómeno que ya viene sucediendo en el interior del país, donde los presidente regionales acceden al cargo con votaciones que no superan el 20%. Las consecuencias de una presidencia tambaleante serían desastrosas en medio de una crisis económica internacional y muchos problemas internos sin resolver. El escenario sería mucho peor que el que le tocó vivir al ex presidente Toledo pues los partidos políticos opositores y amplios sectores de la sociedad civil y de la prensa harían todo lo posible para que Fujimori Higuchi o Humala Tasso no tengan una presidencia agradable.

Según quien resulte vencedor se irán definiendo las posibles alianzas y rivalidades. Si triunfa Keiko Fujimori el Apra podría convertirse en su escudero en el Parlamento como lo fue el FIM de Fernando Olivera con Perú Posible. De producirse la inesperada victoria de Humala, tendría a casi toda la clase política en su contra, excepto a los minúsculos partidos de izquierda. En cualquier caso, las expectativas de que uno u otro termine su mandato dentro del plazo constitucional sería altamente improbable por las enormes presiones que tendrían que soportar.

El candidato buscado no sería necesariamente un improvisado como lo fue Alejandro Toledo cuando ganó la presidencia en 2001, sino alguien que haya hecho labor social en las comunidades como el padre Marco Arana. Es decir, alguien que conozca perfectamente los grandes problemas del país como la desigualdad y la pobreza; pero no sentado desde un cómodo sillón de oficina, sino en el campo de la acción y la práctica. Desde esa perspectiva, el padre Arana encaja perfectamente con el perfil del líder que necesitamos para el siguiente quinquenio.

Ahora bien, a pesar de que el aspirante nacionalista Ollanta Humala está tratando de acercase al centro del espectro político luego de su reunión con el escritor Mario Vargas Llosa, uno de los máximos exponentes del pensamiento liberal en Latinoamérica, su cambio no parece sincero pues la prensa descubrió que su mujer trabajaba para medios cercanos al régimen chavista (recibía miles de dólares por asesorías que no pudo justificar). Esto probaría las vinculaciones del ex comandante del Ejército Peruano con el presidente venezolano. En los últimos días Humala viene demarcándose de la figura de Chávez para presentarse como un candidato maduro y ajeno a cualquier influencia externa diciendo que el nacionalismo que representa no le permite sacrificar los intereses nacionales. El mayor temor de una buena cantidad de peruanos es que Chávez gobierne el Perú a través de Humala, convirtiendo al país incaico en un anexo de Venezuela.

Además de romper con Chávez y su socialismo del siglo XXI, Humala deberá hacer lo mismo con su hermano Antauro, el radical que dirigió una asonada en la ciudad de Andahuaylas en enero de 2003. Es probable que el líder nacionalista y el mandatario venezolano protagonicen una “pelea”- con calificativos subidos de tono de un lado y del otro- para hacerle creer al electorado que han roto definitivamente. La enemistad será fingida para liberar a Humala del elemento que le genera muchos anticuerpos y le resta popularidad: su relación con Chávez.

En esa línea, Humala buscará mayor acercamiento con gremios empresariales para “blanquearse” como hizo Alan García antes de las elecciones de 2001. El encuentro con la clase dominante no lo ayudará porque lo considera una grave amenaza para sus intereses; además la derecha peruana cuenta con varias alternativas electorales, entre las que destaca la congresista Keiko Fujimori, para tener un presidente afín para el período 2011-2016. De modo que no necesitaría sumar a Humala aunque éste asegure que ha cambiado. El “viraje” del hombre identificado con el ‘antisistema’ no es creíble porque ha sido orquestado por Chávez. La estrategia de Caracas es evidente ya que desde hace varios meses el mandatario venezolano no se intromete en asuntos internos del Perú, a pesar de que el oficialismo ha denunciado su injerencia en el conflicto amazónico y otros hechos de violencia.

La presencia de outsider, es decir, de un personaje ajeno a las miserias de la política local, impediría que triunfe otro candidato del sistema como el alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio; la lideresa de Unidad Nacional, Lourdes Flores Nano o el propio Alejandro Toledo. Los tres defienden el modelo económico que instauró el reo Alberto Fujimori a principios de los noventa y no garantizan ningún cambio o corrección del mismo. Según la última encuesta socioeconómica de Apoyo, un 55% de peruanos desea ajustes en la política económica, esto es, mayor inclusión, fortalecimiento de leyes laborales y asistencia social para los más pobres.



domingo, 21 de junio de 2009

Padre Marco Arana presidente

Elecciones en Perú: Padre Marco Arana presidente

Todavía falta mucho para las elecciones de 2011 (en política dos años son una eternidad), pero la probable candidatura del sacerdote Marco Arana está cobrando fuerza en muchos sectores de la izquierda progresista. Su eventual participación revertiría la tendencia de los últimos procesos electorales ya que no tendríamos que viciar nuestro voto ni nos veríamos obligados a escoger al ‘mal menor’.
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Por César Reyna


El padre Marco Arana, a nuestro juicio, reúne todas las condiciones para representar a los descontentos con el modelo neoliberal y presentar una propuesta alternativa de desarrollo. Su incursión en política no es improvisada como muchos sinvergüenzas que llegaron al Congreso o a la presidencia como Alberto Fujimori, por poner un ejemplo. No, lo suyo es serio pues tiene formación académica (es sociólogo), social (trabaja con las comunidades) y pastoral. Ha realizado intenso activismo social en su natal Cajamarca y en otras regiones del país. Siempre abogó por los más pobres pues protestó contra los abusos de las compañías mineras en su trato con las comunidades campesinas. Proviene del Perú profundo, el cual conoce como la palma de su mano, pero no se ha desvinculado de sus raíces como Alejandro Toledo, un falso representante del movimiento indígena (de indio solo tiene el rostro), sino que ha trabajado intensamente por mejorar las perspectivas de vida de los pueblos afectados por la actividad minera.

Algunos medios lo han tildado de ‘comunista’ ‘revoltoso’ y ‘agitador’ por darles voz quienes no la tienen por desidia del Estado. El padre Arana muchas veces ha tenido que suplirlo organizando a los comuneros para que puedan ejercer sus derechos. Esa encomiable labor le generó el hostigamiento de la poderosa minera Yanacocha, de capitales peruanos y norteamericanos, por denunciar el deterioro de la salud de las poblaciones aledañas a su explotación. Esa empresa quizá representa todo lo malo que significó el Gobierno de Fujimori pues la familia Benavides, sus accionistas peruanos, adquirieron su participación en la mina en el despacho del inescrupuloso ex asesor del SIN, Vladimiro Montesinos, quien intervino en el Poder Judicial para desbancar del proyecto a una firma francesa.

Uno de los principales atractivos del padre Arana es que no está estigmatizado como el líder nacionalista Ollanta Humala, a quien la derecha y varios medios advenedizos demolieron cuando lo identificaron con Hugo Chávez. Humala jamás podrá desprenderse de ese sambenito pues mantuvo reuniones con el mandatario venezolano y se presume que su agrupación recibe fondos de Caracas (su mujer recibió ingresos no explicados de un diario cercano al chavismo). Para los moderados la propuesta de Humala es muy riesgosa pues no desean estatizaciones ni medidas muy traumáticas. Arana, en cambio, podría sintonizar con ese sector pues su discurso no es violentista (Humala carga a cuestas con los crímenes de su hermano Antauro en Andahuaylas) ni está vinculado con terceros países, excepto con el Vaticano, claro está, hecho que nadie podría reprochar por su condición de sacerdote (cuando renuncie estará libre de la injerencia de la Santa Sede pues se convertirá en laico).

Otro elemento relevante es su religiosidad pues le añade honestidad a su propuesta. A diferencia del resto de aspirantes, el padre Arana no tiene las manos manchadas de sangre o de dinero. Para el diario La República es “una ventaja de la que sacaría partida porque en el imaginario de la gente los curas son buenas personas y se preocupan por el bien común”. Pero no basta ser “bueno” sino tener el acercamiento que el padre ha tenido con la población. Arana no ha vivido recluido en su parroquia de Porcón en Cajamarca pues ha intervenido en diversas mesas de diálogo y ha evitado conflictos.
[1] Su actitud conciliadora ha sido reconocida en 2005 cuando ganó el Premio Nacional de Derechos Humanos, otorgado por la Defensoría del Pueblo. Eso representa un plus para sus aspiraciones pues el ex obispo Fernando Lugo ganó las elecciones presidenciales en Paraguay de la misma forma. Arana podría repetir el fenómeno si logra aglutinar a una izquierda que carece de representatividad.

La irrupción de su figura no podría ser más auspiciosa pues el tema ambiental y el diálogo con las comunidades nativas está en boga, sobre todo después de los lamentables sucesos de Bagua donde perdieron la vida 24 policías y 10 civiles. Arana es un experto en esos temas y su trabajo habla por si mismo toda vez que fundó Grufides (Grupo de Formación e Intervención para el Desarrollo Sostenible), una ONG que se ha enfrentado las malas prácticas de la minera Yanacocha. Si se presenta llenaría el vacío relacionado con la defensa de las comunidades afectadas por la minería.

Arana todavía no se ha postulado, pero no lo descarta si Tierra y Libertad, la organización política que está impulsando y otras fuerzas políticas lo designan. “Si hay que asumir una responsabilidad de ese tipo (ser candidato presidencial) y es decisión de un colectivo, que exprese un sentir popular, es una responsabilidad que no voy a rehuir”, sostuvo a La República. Su movimiento social ha construido plataformas regionales en todo el país, principalmente en el ámbito andino. Todo apunta a que se presentará pues está consiguiendo apoyos en diversas regiones. En las encuestas todavía no aparece porque únicamente consideran a candidatos de Lima. Pero podría dar la sorpresa partiendo desde atrás ya que aprovecharía el desgaste y la sobreexposición de los que actualmente ocupan las primeras posiciones. Mientras los aspirantes más conocidos se atacan y despedazan entre sí; Arana emergería como una figura renovada y ajena al juego sucio. Él imprimiría seriedad a una campaña repleta de puyazos y difamaciones por doquier. Los peruanos del centro lo admirarían porque están cansados de dimes y diretes y de promesas incumplidas. Arana tiene todo a su favor para encabezar una candidatura unitaria y recomponer a la izquierda, que desde Barrantes Lingán
[2] no ha encontrado una figura aglutinante. Su pasado intachable lo avala pues la minera Yanacocha le hizo un seguimiento exhaustivo y no pudo encontrarle nada.

Su trayectoria es su mejor defensora pues ha hecho mucho por las comunidades campesinas. Según Raúl Mendoza del diario La República: “su prédica por la defensa de los derechos humanos y ambientales ha calado en un país donde la mayoría de conflictos actuales son de ese tipo”. En el reportaje que el citado periodista hiciera sobre el padre se menciona que el Partido Socialista “ve con expectativa la figura de Arana”. Muchos al interior de ese partido no creen que Ollanta Humala sea el “candidato natural” por los anticuerpos que genera.

Además de su desvinculación con grupos radicales, otro factor que potencia su candidatura es su carisma pues ha recibido apoyo de los sectores más jóvenes del interior. Arana podría sacar rédito de ello como hizo Barack Obama en las pasadas elecciones estadounidenses. En un país que carece de marcos institucionales (partidos políticos) y priman las simpatías personales no es nada raro que Keiko Fujimori, una figura sin programa de gobierno ni experiencia política lidere la intención de voto a nivel nacional.

La República destaca que Arana “ha tenido –y tiene– notoria presencia mediando en los conflictos entre las comunidades y las empresas mineras", asunto que han descuidado los gobiernos de turno. El padre encaja perfectamente con la posición ambientalista y ecológicamente sustentable de líderes mundiales como el Premio Nobel de la Paz Al Gore. Su opción por los pobres –comulga con la Teología de la Liberación del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez- lo acerca al electorado más necesitado de asistencia gubernamental. De llegar al poder los programas sociales ganarían transparencia y eficiencia pues los rediseñaría para que beneficien más peruanos.

Como muchos progresistas, cuestiona el modelo neoliberal porque no redistribuye la riqueza. Desde su adopción a principios de los noventa, la brecha entre ricos y pobres ha crecido considerablemente. Ese modelo debe ser corregido porque no da respuesta a problemas fundamentales como la desigualdad, el calentamiento global, etc., que forman parte de la agenda de las Metas del Milenio.

Otra diferencia con Humala es que lo respaldan académicos de primera como Pedro Francke, profesor de economía de la Pontificia Universidad Católica y el sociólogo Carlos Reyna, además de varios ambientalistas y expertos en gestión pública. No saber escoger a sus colaboradores fue uno de los grandes errores del líder del Partido Nacionalista ya que se rodeó de muchos oportunistas como los congresistas Torres Caro y Aldo Estrada de UPP, quienes aprovecharon el arrastre de Humala para fines personales y promovieron, de paso, un cisma al interior de su agrupación.

Siguiendo a La República, Pedro Francke resume los tres lineamientos claves del movimiento Tierra y Libertad: “Una estrategia de desarrollo con equilibrio respecto al medioambiente, mejor aprovechamiento de los recursos naturales y diálogo permanente con las comunidades”. Esto implicaría institucionalizar la participación a las comunidades, es decir, crear mecanismos de diálogo para garantizar su participación en la discusión de temas relacionados con sus territorios. Para aprovechar mejor los recursos naturales, sobre todo los no renovables, las empresas extractivas deberían pagar más regalías y habría que modificar el impuesto a la renta para que se pague en función de la cotización de los commodities que comercializan (de manera gradual).

“La descentralización del país, la reforma del Estado y la lucha contra la corrupción” es otro de los pilares del programa de Arana reseñado por Francke. Para descentralizar no solo se debe transferir fondos y competencias, como se viene haciendo en el presente, sino fomentar liderazgos regionales y capacitar a la burocracia que se encargara de ejecutar el presupuesto y los programas de desarrollo. La reforma del Estado comprende la reestructuración de los sistemas educativos y sanitarios, asi como la defensa y la seguridad interna del país. Gobiernos de diversas tendencias políticas han postergado la reforma por falta de voluntad para llevarla a cabo. Los esfuerzos realizados han sido meramente superficiales pues no han encarado los problemas que aquejan un abanico de sectores. Para revertir la tendencia deberíamos enfocarnos en la educación y la salud porque mejorarían nuestra productividad a mediano y largo plazo. Invertir en capital humano es la clave para salir del subdesarrollo. Para ello es necesario usar eficientemente los recursos que generan actividades primarias como la minería y el petróleo.

Como tercer punto Francke propone “Una economía al servicio de las necesidades de la gente porque hoy unos pocos se llenan los bolsillos y la gente no ve mejoras en educación, salud y salarios, por ejemplo”. Lo que plantea es una ‘economía con verdadero rostro humano’ y no un simple slogan como hizo de ésta el ex presidente Alejandro Toledo. Dentro del nuevo modelo los ciudadanos, y no los intereses particulares, deben tener preeminencia. Los sueldos podrían subir en la medida que mejore la productividad y competitividad del país. Francke no habla de elevar el salario mínimo vital, pero sí sería conveniente ajustarlo a la inflación. Toda alza, desde luego, debería ser acordada en el Consejo Nacional del Trabajo, donde participan gremios empresariales y sindicales bajo la mediación del Ejecutivo. Las mejoras que no percibe la población se deben a que el crecimiento del PBI no implica necesariamente el desarrollo. Por eso se necesita mayor participación del Estado en ámbitos que no tiene mayor interés la empresa privada por ser esencialmente egoísta, eso lo sabemos desde Adam Smith hasta la disparatada Ayn Rand.

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[1] La revista Caretas ya lo señaló hace años en un benevolente artículo sobre su actuación en un conflicto: "Con un discurso mucho más claro y directo que el de algunos políticos, intentó convertirse en una suerte de mediador [en el conflicto del Quilish]. Aunque nadie puede negar alguna intencionalidad política de su parte, él llevó las exigencias del campesinado para ser discutidas con las autoridades". ("Hoguera Quilish", 16.9.04).

[2] Alfonso Barrantes Lingán fue alcalde de Lima durante los 80’ y creó el Comité del Vaso de Leche, precursor de los programas sociales vigentes.